sábado, 6 de diciembre de 2025

El Albañil Emilio

Hoy no sé muy bien de qué hablarle a mi psicóloga. Últimamente me siento más animada, pero sigo con muchos mambos en la cabeza y con esa impaciencia por estar bien que ya es tan mía en este último tiempo.

Moví todo mi taller de lugar, y estoy haciendo una instalación eléctrica desde cero para mi hermana, que está construyendo un segundo piso en su vivienda.

Ayer, después de subir a su techo para marcar todo lo eléctrico, la escalera de aluminio se trabó y, cuando la quise destrabar, se cerró con toda su brutalidad sobre mi pie. Me dolió muchísimo. Ahora está hinchado y no puedo pisar bien.

Hoy mientras tomaba mis mates de la mañana, ella me dijo: “Comprá las cosas eléctricas que los albañiles dicen que las necesitan”, y también que le habían pedido el caño corrugado. (Ella no hizo nada mal: no sabe lo que es un caño corrugado; para ella es un socotroco de plástico de función indefinida, una oruguita gris enrollada).

Escuché eso y casi me da un patatús.

—No, ellos no necesitan nada eléctrico. Eso lo hago yo. Y que no toquen el caño corrugado tampoco.

Mi hermana me dijo que fuera yo a hablar con los albañiles porque ella no entiende, y así nos poníamos de acuerdo. Después de todo, tenemos que trabajar en conjunto simbólicamente. Dejé el mate y fui a conversar con ellos.

—¡Emilio! —grita mi cuñado con la cabeza dirigida al techo, como quien reza a un santo—. ¡Emilio!

—¿Qué pasa? —asoma el obrero la cabeza desde el techo, frenando su trabajo tras el llamado. Lo saludo y empezamos a conversar.

—Necesito que rompan la pared donde está marcado. No pasen el corrugado: no saben la medida.

—¿Hay distintas medidas? —responde Emilio con confusión. Yo ya estaba molesta, porque se metieron con mi trabajo, cuidadosamente calculado y normativo, para intentar resolver todo “por instinto”, como hacen siempre los hombres. No, señor: si no sabés, no tocás. Como yo no me meto en su laburo de albañilería.

—Ya lo pasamos por afuera…

—Bueno, no importa —dije, masticándome la bronca—. ¿Entendieron bien lo que marqué en la pared?

Emilio mira a su compañero y le pregunta, textual: “¿Entendí bien?”, buscando su aprobación antes de contestarme, como haría un niño con su madre. Responden que sí, y empezamos a debatir.

—El caño que va torcido no lo podemos hacer.

—No importa, hacelo en L, pero poné una boca más en la unión.

Mientras acordábamos cómo íbamos a trabajar —gritando de arriba y de abajo del techo—, me comenta que hoy revocaban la parte de afuera, y que el martes rompían adentro para que yo trabaje. Me pareció mal, mucho tiempo desaprovechado, pero le dije que estaba bien y volví a mi casa dudosa.

Pensé, pensé y pensé. Cuando recordé que hoy es viernes, que ellos no trabajan el fin de semana y que el lunes es feriado, decidí intentar que lo rompieran hoy para no perder tres días.

Yo soy una electricista que sí trabaja los fines de semana. Que no cobre mano de obra a la familia no me quita el oficio.

Volví a interrumpir el mate, que se enfriaba cada vez más en la mesa del comedor. Salí rápido, como si no pudiera esperar a decirles, pero me daba inseguridad interrumpir su estructura de trabajo sobre revocar afuera.

Fui a la casa de mi hermana y, con mi cuñado, decidimos subir al techo. No quería hacerlo en vano —tengo el pie reventado—, pero no vi otra. Fui a ponerme las alpargatas y, en el pie derecho, el calzado se resistía a entrar de la hinchazón, pero lo logré.

Subimos, y le sugerí si podía terminar adentro hoy para permitirme trabajar estos tres días. Me explicó cómo hacerlo y me dijo que él iba a cortar con la amoladora todas las partes que iban hacia arriba y las diagonales, que al final sí podían hacer (yo nunca entendí por qué no), y que yo rompiera lo que necesitara.

Contenta y victoriosa, pude volver a mi casa.

Fuera de eso, otra cosa que me molestó fue que lo tomaban más en serio a mi cuñado con lo eléctrico que a mí, que soy la electricista. Mi cuñado no es electricista: solo es hombre. Y mi hermana dijo esta observación antes de que yo emitiera palabra. Es una paja que no te tomen en serio injustificadamente.

Luego de eso, horas más tarde, compramos ropa con mi novio. Comimos fideos con bolognesa que preparé, y fuimos a dormir.

Con cariño,

Celeste torres

viernes, 5 de diciembre de 2025

Daiquiri de Durazno

Esta noche no quiero dormir, como tantas otras. No ansío el momento de despertarme, así que evito provocarlo hasta que mis pobres y cansados ojos pesan demasiado, y conciliar el sueño se vuelve un acto inevitable.

A las tres y media —quizá cuatro, no tengo la menor idea— de la mañana me dirigí a la cocina. Tomé una milanesa de berenjena, le unté mayonesa y me la comí. Como si no bastara, inspeccioné la heladera y encontré media lata de duraznos en almíbar que me había sobrado de la otra vez.

“Podría hacer un daiquiri”, me dije, incómoda con la idea de encender la licuadora a semejantes horas, cuando todos yacían plácidamente en sus lechos; especialmente mi madre, que tiene un sueño tan ligero que podría despertarse con la caída de una pluma.

Tenía todo preparado. Saqué lo que quedaba de la lata, acomodé la licuadora y me escabullí —sigilosa como quien comete un delito— hacia el comedor para buscar el vodka, que descansaba sobre el modular de la televisión.

Cuando vuelvo hacia la cocina, con las luces encendidas, delatoras crueles de mi conspiración, me encuentro de frente con mi mamá, que con semejante mala suerte había bajado del piso de arriba para ir al baño.

La escena era evidente: la noche en absoluta calma, yo frente a ella congelada con un vodka incriminante en la mano y la licuadora estratégicamente ubicada sobre la mesada.

La saludé incómodamente, asumiendo mi culpa con la mirada, como si el acto de decir "hola" evadiera el panorama que, delator, se presentaba frente a sus retinas, y si eso pudiera evitar que se diera cuenta de lo que estaba por hacer, antes de que lo haga.

—Yo también quiero —exclamó ella, contenta. Como si hubiera al fin encontrado su salvación para esta noche tan larga.

—¿Vos tampoco te podés dormir? —le pregunté, ya tranquila de saberme excenta de las consecuencias que esperaba, con una sonrisa de complicidad. Me dijo que no.

Así que, ya convertida en cómplice de esta fechoría, le conté mi plan de licuar el daiquiri en la casa del fondo para no hacer ruido. Estuvo de acuerdo. Eso hicimos: ella me abrió la puerta al patio, y yo trasladé todo lo necesario.

Me quedó muy bueno el daiquiri de durazno.

Quizá no fue una charla muy ideal, no sé qué imaginaran ustedes: nosotras bardeamos a medio mundo. Pero estuvo bien, fue divertida la noche de chicas.

Con cariño,

Celeste Torres

martes, 2 de diciembre de 2025

Imaginando

Estoy imaginando, y les voy a contar lo que visualiza mi mente: los cuentos que vivo por instantes que parecen eternos y me evaden del momento presente.
Aunque primero les describiré mi estado real. Me encuentro casi desnuda, en remera y bombacha, acostada en la cama, con mi querida Aiden durmiendo arriba mío. Escribo en el celular, aunque mis dedos torpes lo consideren el peor de los teclados. Mi remera dice “New York City”; casualmente, es la misma que llevaba puesta cuando adopté a Aiden. Y mi cofia lila de satén, que me hace lucir como la abuela de Caperucita Roja, descansa en mi cabeza.

Durante esta pequeña escritura, mis escenarios se desviaron hacia situaciones que me matan de celos, y no era eso lo que planeaba escribir.
Voy a intentar que sea otra cosa, algo que no me haga sentir ese vacío profundo en el pecho (metáfora tan recurrida entre seres humanos que debería considerarse ya un sentimiento común, más profundo que la tristeza o la angustia).

Vamos con calma a un lugar ficticio y placentero:

Me encuentro arriba de mi camioneta, aún sin verificación técnica vehicular ni seguro, sin terminar de pintar y a medio lijar. Exactamente como está ahora, como descansa esta noche en el garage. Manejo por la calle, doblando con fuerza y precisión, viajando sin cinturón (porque no los tiene tampoco), realizando un pequeño flete cobrado por una sonrisa o por la gratificación propia de querer que mi camioneta sea querida y aceptada para su labor por quienes no aprecian el arte del automóvil clásico y nacional.

Generalmente visualizo eso. Es así de corto como se lee.

También —aunque ya no se me permite viajar en el Renault Logan (ambiguo si realmente no puedo)— me imagino reproduciendo un CD arriba del auto mientras conduzco. Algo así como Palito Ortega, Los Auténticos Decadentes, Sui Generis, El Cuarteto de Nos.

Ansío mucho un auto con todos sus papeles en orden y en el que pueda reproducir música; no para disociar, sino para disfrutar.
Me gusta mucho manejar. Me gustaría tener un Falcon celeste o un Torino.

Con cariño,
Celeste Torres.

sábado, 29 de noviembre de 2025

Vivir

Hola, amigos míos. Voy a hacer una entrada lo más descontracturada posible; no como mi espalda, que está acabando conmigo.

Hoy he hecho muchas cosas, aunque no sé si podría describirles con claridad todas ellas. Ha sido un día agradable: fue como esos días en los que te levantás temprano, hacés un montón de cosas y decís “Wow, y recién son las 12 del mediodía”; algo así, con la diferencia de que me levanté tarde. Pero sí, mi pensamiento fue por esa línea, al sorprenderme de que eran las 16 y ya había hecho tanto.

Estos días fueron de esta manera. Creo que finalmente estoy encontrando más tranquilidad en mi corazón.

He pensado mucho, y hay cosas que aquí no se admiten escribir; mas será suficiente con decir que quitar o ignorar cosas de mi vida me ha ayudado a vivir en la misma realidad que todos.

Aun así, sigo siendo esa persona de naturaleza melancólica, que no me favorece en este desarrollo que tanto estoy peleando.

Y eso me duele decirlo. Como hoy, que fui a comprar al mercado, y no necesitan entenderlo. A veces no escribo mal, escribo para mí, y mis desencuentros fortuitos con la mala carta diez. Hay cosas que no puedo dejar atrás, y decir una frase alusiva a luchar por estar mejor me corrompe, como mi mente cada día, como un fuerte día de tormenta a una pobre florcita.

Siempre tengo el mismo pensamiento, de todas maneras: sentir que todo lo que sube baja, y que si estoy feliz no demorará mucho en aparecer la tristeza profunda otra vez; como la noche y el día, inevitables la una de la otra.

Estoy enojada también. Muy enojada. La re puta madre que los parió a todos, y acá sigo, escribiendo.

Siento en la boca sed, pero no tengo ganas de tomar agua; y tengo las manos ocupadas en el teclado que aquí escribe, sin intención alguna de interrumpirlo, incluso si, aquí, manifiesto esas ganas de tomar de la botella de jugo rellenada con agua de la canilla.

Tengo sueño, y pienso que tengo tanto para contar que no tengo ganas de contarlo. Por suerte lo documenté en un vlog, o quizá muchos vlogs con un final inconcluso.

Contar, contar, contar.

Voy a contar ovejas saltando cercos (o imaginar escenarios trágicos) con los ojos cerrados.

Con el cariño que me queda,

Celeste Torres.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Amigos de Mierda - GP (una encriptación casi poética)

Hola, amigos.

Les voy a contar de mi amigo, ese que conocí en el bar. No sé si lo recuerdan: fue mencionado en una entrada del año pasado. El chabón que había juzgado mi deseo por no ser conocida en un canal de YouTube. ¿Quién era él, en primer lugar, para cuestionar eso? Es una persona muy vacía y superficial, que piensa que lo sabe todo. Justamente, ese día me discutió que, en realidad, yo sí quería la viralidad, por el simple hecho de subir videos públicos. Esa fue la primera bandera roja que ignoré, por mi mala costumbre de creer que el resto sabe más que yo, incluso de mí misma.

Este último tiempo lo estuve visitando en su local, y cada vez que hablábamos de electrónica o electricidad fingía esquemas en el aire que no tenían ningún sentido. Siempre terminaba diciendo que sabe más que yo, o que resolvería los problemas más rápido, incluso si ambos llegáramos a la misma conclusión. Solo pretendía decir algo coherente con palabras existentes —que se habrá aprendido el día anterior—, y no hacía más que balbucear incoherencias: “Imaginá que tenés un transistor BC558 conectado a un diodo, que a la vez está conectado con una resistencia, y de ahí va a un potenciómetro…”. Y terminaba con: “¿Vos cómo lo resolverías?”. Diagramalo o traeme la placa, pedazo de fantasma.

Sumado a eso, generalmente decía cosas que no me hacían sentido electrónicamente. Aunque a veces era innegable e indefendible, quería tener confianza y pensar que quizá solo era por el enredo que hacía con las palabras, sumado a que no modula ni una sola letra. Y simplemente le decía: “No te puedo responder así”.

Siempre era igual; cada vez lo aguantaba menos. Hasta que un día hablamos más profundamente de su vida y, poco a poco, todo se tornó más molesto.

En un momento juzgó mi relación y me dijo que yo era tóxica. Yo con mi novio estoy bien. Y también creo que todos los vínculos tienen sus propias dinámicas como para encasillarlos con tanta ligereza. También alegaba que no lo podía llamar “marido” porque no lo es legalmente. Y yo le dije: “Hablame cuando te vaya bien en una relación”. Me replicó que por eso no tenía una (aunque, en realidad, se hace el malo, pero hace poco tenía una, y la mina lo dejó por intenso o algo así, porque tampoco le creí mucho lo que me dijo).

Convengamos que todo lo encasilla con ligereza: él siempre se cree por delante de todo el mundo. Y esto también lo digo por muchas otras cosas. Ante la más mínima actitud o cosa de alguien él decía saberlo todo. Como también asumió cosas de mi estado mental. Y asumió cosas que ni siquiera quiero contarles a ustedes, como varias otras que omití, porque se metía con temas delicados como si no importara, como si estuviera diciendo verdades, cuando solo estaba molestando, cruzando límites y, en varias oportunidades, metiendo el dedo en la llaga.

Luego volví a juntarme con él. Me contó que necesitaba una mano: su local, al cual le estaba yendo mal, se había quedado sin ninguna cocinera, en ningún turno. La paga era una miseria. Le dije que lo iba a segundear unos días por ser mi amigo, pero que no iba a trabajar para él. Gano más en servicio técnico como para someterme a la vasta explotación laboral del mundo gastronómico por trescientas míseras lucas al mes.

Me quedé hablando con él y le conté de un “enigma eléctrico” que estaba atravesando, con la diferencia de que yo le diagramé este asunto. Él hacía garabatos que nada tenían que ver con el diagrama: inventaba cables y situaciones totalmente inexistentes. Además, sus diagramas estaban muy mal hechos. Con demasiada frecuencia dejaba de escribir para intentar seguir tirando soluciones al aire, y yo le decía: “No lo digas, diagramalo, que para eso está el papel”. Y me empecé a enojar. “Sacá este cable, ¿no ves que no existe en la pared?”. Él juraba un montón de cables que no había. Incluso me discutió uno que le dije que no existía, y me dijo con total certeza que sí. Ya les adelanto que regresé a la casa y yo tenía razón: no era más que un pedazo de cinta aisladora.

Me molesté, le dije que lo dejara así, me puse a idear soluciones sola y aislé el sonido para mis adentros.

“Hombres”, pensaba.

Cada vez que hablábamos de algo electrónico y él decía que podía ayudarme —porque al principio le deposité mi confianza—, nunca salí de la charla con una solución. Nunca me dijo algo revelador; más bien decía cosas confusas, incongruentes e innecesarias. Solo me ayudó en ese sentido cuando me recomendó comprarme un buscapolos digital y una grasa de litio para engrasar las partes móviles de los ventiladores, pero eso es una recomendación de compra, no una ayuda concreta en un arreglo particular, como él tanto prometía.

Luego me hizo un planteo por cuánto cobré los materiales del arreglo de una notebook: un disco sólido y una RAM. (Los cobré a precio mercado; ni siquiera sumé un extra, porque era para mi hermana, así que tampoco le cobré mano de obra). Al finalizar esa discusión me dijo: “Espero que uses esa plata para reinvertir en herramientas”. ¿Qué te metés en mi plata? En otro momento también me dijo: “Vos no tenés tantos gastos como para no tener plata”. ¿QUÉ SABÉS QUÉ GASTOS TENGO Y CUÁNTA PLATA TENGO? ¿Qué le pasaba? (Por las dudas: yo no le había dicho nada de no tener plata; siempre ahorro lo mío).

¡También decía que yo tuve suerte con mi trabajo y que la estoy desperdiciando! ¿Cuál suerte? En mi barrio se llama esfuerzo propio. ¿Hace falta desmeritar todo? ¿Y por qué dice que lo desperdicio? Dios mío.

Ni me estoy adentrando en detalles, porque no termino más.

Una de las cosas que pensé es: o está saboteando cuánto cobro, o él cobra una miseria. Y creo que es la primera opción. Porque siempre me tiró precios muy injustos. Él me “ayudó” a hacer mis precios y me había dicho: “Cambio de componente, cualquiera —sea tomacorrientes, lámpara o componente electrónico— 10k pesos”. ¿EN QUÉ MUNDO? Por su culpa casi cobro colocar un ventilador 10k pesos, porque no tenía idea de cuánto cobrar.

Ahora tengo mucha más idea. Lo fui modificando en el camino y ahora tengo precios coherentes.

Hablé con él y le dije que no quiero que me hable más, porque en un momento no le hablé como dos semanas —o una, no sé exactamente— y me escribía casi a diario aunque yo no le respondiera, lo cual me resultaba muy invasivo.

Quiere hacerse el bueno y me escribió ayer mismo, preguntándome cómo estoy. Pero no pienso hablarle ni ser su amiga. Es insoportable. Te dije que no te quiero hablar más.

Si sigue, lo tendré que bloquear, pero no era la idea. Prefiero no andar bloqueando sin ton ni son.

Y si estás leyendo esto (no creo, porque vos solo mirás espejos), no estoy diciendo tu nombre, así que no hagas drama.

martes, 11 de noviembre de 2025

Sombrero de Plomo

Hola, amiguitos del blog.

Hoy me siento mal. Me siento tonta, ingenua, inútil. El último peldaño en la escala de la supervivencia.

A la mañana quise acabar con mi vida, como tantas otras veces. No se confunda con intentar, solo deseé, porque así de inútil soy. Como pensando; "si hubiera un botón que apretar y acabar con todo ya tendría mi dedo arriba". Y, al seguir viva, lo único que sentí fue decepción: ni siquiera soy capaz de terminar con esta tortura. Solo pienso en cómo hacerlo, temiendo quedar disfuncional, y, con mi suerte, todavía viva.

Entre lágrimas, no pude escuchar la música que siempre me distrae de mis pensamientos. Tampoco logré perderme en los videos que suelo ver para callar las voces internas. No podía dormir: era temprano, recién me había despertado. Y no podía hacer ninguna de mis actividades predilectas fáciles o pasajeras como para dejar de pensar. Todas ellas eran vacías, y no eran tan fuertes como para lograr su cometido.

Así que seguí llorando, acostada, sufriendo. Quería abrazar a mi marido, que me hablaba del otro lado del teléfono, pero no podía traspasar la pantalla para ser mi consuelo. Él estaba, como le corresponde, trabajando. Y yo, dios mío, tengo que hacer aún cosas. No entiendo cómo, aunque no las busque, siempre hay algo que debo hacer.

Mis pensamientos son como un sombrero de plomo de doscientos kilos que me pesan la mirada y me desploman el cuello. Se aferran a mí como una garrapata negada a soltarme.

Estoy tan angustiada. ¿Podré ocultarme del mundo algún día? ¿Fundirme en su oscuridad hasta que nadie vuelva a pronunciar mi nombre? Mi nombre, ese que el viento arrastra en sus letras.

Eso es algo equivalente a algo que Jesús me dijo una vez. Tengo muchos nombres, y ya no sé si realmente me significo en alguno de ellos.

Hablé con mi psicóloga. Le pregunté si podía escribirle cuando la necesitara. Está de vacaciones, y esta semana no tendré sesión. Pero no tengo la estabilidad más mínima para afrontar estos días hasta el próximo viernes. Me dijo que sí, que podía escribirle, y le conté todo esto mientras iba a comprar algo.

Me dijo que era bueno que hubiera salido a comprar, que busque estar acompañada, que intentara escribir (porque le conté que me gusta hacerlo). Y eso es, precisamente, lo que estoy haciendo ahora. Solo escribir, porque nadie estuvo disponible para mí en ningún momento del día.

Soy un pedazo de basura. Y me molesta ser aplaudida por ir a comprar, me molesta ser tan inútil y tener que aceptarlo de esa manera. Me molesta ser tan inestable, y no poder, ni por un minuto, dejar de llorar.

Quisiera ser normal.

Con cariño, Celeste Torres.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Celeste

Hola, amigos, aunque temo que dejen de serlo. Poco a poco menos personas (de las pocas que ya eran) revisan mi blog, y tiene sentido, porque es difícil esperar encontrar en este lugar, que tanto me acompaña, regularmente algo, y no es algo que pueda prometer.

A pesar de mantener cierta constancia —otorgada por el deber o por una inclinación personal— que tarde o temprano me trae de vuelta aquí, o a alguna otra plataforma audiovisual, no siempre es frecuente este suceso. Últimamente, simplemente, no he tenido ganas de pensar.

He estado reflexionando sobre mis charlas con la psicóloga, especialmente sobre la última visita que nos reunió.

Viajé: el primer tramo en colectivo, el segundo caminando. La música me mantenía dispersa, estimulada y absorbida a la vez, cumpliendo su efecto deseado: volver todo pasajero.

Pero una preocupación me acompañaba; no sabía de qué hablar, porque no podía pensar.

—¿Qué sucedió ayer? ¿Qué suceció en la semana? ¿Qué día es? ¿Cómo me he sentido? —intentaba recordar, pero mi mente no retornaba. Tampoco estaba en el momento presente: solo imaginaba.

Entonces llegué. La esperé mientras contemplaba el espacio. Las decoraciones habían cambiado de lugar: algunas habían desaparecido, otras eran nuevas. Una radio sonaba despacio, y no pude recordar si antes se encontraba ahí. Pensaba en la habitación que me ampararía los cuarenta minutos siguientes, y deseaba que fuera la habitación blanca, la que tiene vista a un pequeño patio.

Solemos rotar de habitación; no sé por qué. Supongo que por organización. Pero esa es mi favorita.

No me gusta la que tiene espejo: no distingo que soy yo quien habla, y siento perder seriedad y firmeza si veo y recuerdo mi cara, porque siento que no tiene voto. La otra, la color café claro, tiene las paredes desalineadas que atrapan mi mirada, y un techo con caída en lluvia que impide que sean rectangulares, que tengan el centro donde mi mente lo desea.

En cambio, la habitación blanca no me recuerda que existo, no me hace perder tanto la concentración. Sus ladrillos falsos, con uniones visibles pero simétricas, apaciguan el pequeño ruido visual. El patio exterior es pequeño y sencillo.

En medio de este pensamiento sonó el timbre, con Celeste detrás de la puerta. Siempre llego primero, y ella, sobre la hora. Al entrar, discutió en voz baja con las otras profesionales que habitan el consultorio, para decidir qué sala usar, porque habían ocupado la que pensaba tomar, arriba, junto a la escalera. Finalmente se determinó desocupada la habitación blanca, y me gustó oírlo.

Comencé hablándole sobre mi estado disociativo, y ella me dijo que notaba muchas contradicciones en lo que decía.

Y sinceramente sí, porque no sé qué es lo que me pasa.

Solo quiero ser feliz.

Me ha dicho que soy muy dura conmigo misma.

Pero si soy inútil, ¿dónde se esconde la dureza? ¿No es acaso sinceridad?

Me preguntó qué escenarios imaginaba. Fue sencillo de responder: en mi camioneta. Le hablé de mi Gladiator, mi camioneta amarilla. Le dije que solo tengo pensamientos fáciles. Ella dijo que no consideraba que eso fuera algo, por definición, fácil. Creo que solo es gratificante.

Ahora estoy lijándola.

Solo aprobé una materia este cuatrimestre. Estuve trabajando, pero no mucho; ya terminé de dar clases. Tendré bastante tiempo para lijarla.

Me siento tan inútil.

Tengo ganas de volver a ver The Walking Dead porque al menos me hace feliz sentir que vivo en un apocalipsis zombie, y jugar a que me preparo para ella. Soñar que mi camioneta me acompaña.

No sé distinguir cómo me siento, pero este rato que me saqué los auriculares para poder pensar y ya comienzo a sentirme mal otra vez. Es más, tengo mucho más que contar, incluso solo de este día, y no tengo ganas.

Voy a intentar contarles más de otros días- No dejen de ser mis amigos, por favor.

Los quiero mucho. Tomen agua.

Con Cariño, Celeste Torres.

lunes, 27 de octubre de 2025

Pesadez Mental

Hola amigos. A veces me pregunto si seguirán siendo mis amigos, a la distancia, por supuesto. Quizá el tiempo me convierte en alguien más aburrida y miserable que lo que supe ser en el punto de partida, y a veces siento que ya no sé ser nadie.

Cada día me desconozco más; al mirar mi reflejo, ya no entiendo quién está del otro lado, ni mucho menos comprendo la gran magnitud de cosas que la percepción humana nos admite. No entiendo qué es tocar algo, y quizá por ello ya no sé escribir. No comprendo qué es mirar, y quizá por ello ya no absorbo la información de los libros.

¿Qué más da leer si nada de ello recordaré? No recuerdo ya nada de muchos libros, y le veo el sentido a pocas cosas.

Estuve haciendo poco, o nada, y nada de eso me reconforta ni me entristece.

Hablaba de eso con Celeste, la psicóloga, y me dijo algo sobre bajar la exigencia, cuando me siento vacía de utilidad y proposito. No estoy haciendo nada, ni sirviendo para nada.

Soy una basura equivalente a la mucha gente que he sabido odiar, cuando aún sentía que me quedaba algo de eso.

Ahora solo quiero acallar mis pensamientos con un vaso de vino, y la insonorización de mi monólogo interno en auriculares que ya no saben qué reproducir; que cambian cada segundo su contenido porque ninguno me satisface, pero no puedo quitármelos, porque sino, probablemente, tendría que matarme.

Arrepintiéndome cada segundo de todo lo iniciado en algún momento de ánimo, ya no estimo un futuro ni esforzarme en lo efímero, que tan vasto su legado, que siembra frutos vitamínicos, en mi huerta jamás prospera, porque mi tierra es maldita y para siempre infértil.

jueves, 18 de septiembre de 2025

Saber Aburrirse

Hola, amigos míos. Estoy pretendiendo en general saber aburrirme para saber ser más productiva.

Sé notar que buscamos evadir el aburrimiento como si fuera algo catastrófico y poco digno, algo improductivo, mas estuve reflexionándolo y decidí activamente aburrirme.

Duele aburrirse, tanto que con tal de no estar solo con tus pensamientos serías capaz de hacer lo que fuera. Cuando juramos no tener tiempo es porque eso queremos, queremos deshechar cualquier posibilidad de tiempo libre para evadir la realidad.

Es como si nos gustara trabajar y no trabajar a la vez, porque siempre somos infelices. Cuando reemplazás comer por aburrimiento, ver tiktok por aburrimiento, ver instagram, twitter, ver videos sin pausa cualquiera sea, todas esas actividades y más, por algo productivo, puede que no te sientas mejor pero al menos sos más útil, y para eso vivimos, para conformar esta sociedad y ser útiles a ella.

También sospecho que el cerebro humano se siente productivo haciendo esa sarta de pelotudeces absolutamente inútiles, como mirar las redes sociales cada dos minutos y no permitirte procesar un solo pensamiento.

No sé, no soporto las redes y, no solo eso, las detesto. Sería algo útil pero al llevarte a la adicción te absorbe a un abismo de inutilidad, y eso masivamente es una masacre a la inteligencia humana.

Además el mundo te exige tener el celular por si algo acontece, quiero decir, es una adicción que sobrepasa a uno mismo y se traslada al resto.

Un supuesto caso de emergencia justificaría el uso del celular si solo sirviera para eso, pero la mayor parte de días que viva una persona se va a tratar menos de emergencias que de ocurrencias molestas de otros seres humanos, o llamadas de spam de Movistar (a menos que seas policia, médico de guardia o el que conduce ambulancias). También para tener vida social, ya no se estila golpear puertas y llamar por teléfono fijo.

¿No podrá acaso el mundo permitirme vivir con el celular apagado? ¿Por qué tengo que hacerme más cargo de vidas ajenas que de la propia solo porque la tecnología en un momento avanzó para intercambiar tu intelectualidad por un comercio barato y muchos colorcitos brillantes y llamativos?

Me gustan más las cosas monotarea. Como la calculadora sirve solo para eso, la ebook para leer, el teléfono de línea para llamar, y así.

No estoy en contra de la tecnología, me encanta, pero hay cosas que detesto.

Aún así noto que constantemente necesito mucho espacio del mundo. De mis amigos, de mi familia, del contenido de la internet, a veces hasta de Aiden.

No me parece mal, me siento bien cuando estoy sola y en silencio, me cuesta manejar muchas cosas a la vez, especialmente si son relaciones humanas, aunque a veces necesito un abrazo.

lunes, 8 de septiembre de 2025

No Es Divertido - Me Quiero Bajar

La estoy pasando mal en la facultad porque me estoy aburriendo mucho. No me genera esa incomodidad intelectual propia del estudio de un tema que no se comprende. Sería un gusto sentir eso, y no este sabor insulso de lo ya comprendido.

Esto me llevó a pensar en las ventajas del autodidacta, que puede evitar los temas que ya comprobó que sabe, aunque la desventaja sea carecer de un título formal que certifique que tenés razón al decirlo. ¿Y quién asegura que la carrera tiene razón al decir que vos tenés razón? Sé que hay gente encargada de hacerlo, pero justamente esa es la crítica. Por eso hay que combinar ambos campos, pero qué bronca me da este momento viendo cosas que ya he visto, y ya me pasó de desaprobar por esto. No hay nada peor que volver a estudiar de cero lo ya visto. Quiero criticar mucho al sistema educativo en estos momentos.

Hay muchos vacíos subjetivos y debatibles, como quien aprueba y no recuerda, cuelga el título en la pared más vistosa y se regodea con eso, se conforma. Con el título más vano de la historia, más insignificante.

Encima hay un montón de gente que cree que si quiere aprender algo tiene que anotarse en eso, y va a aprender por, no sé, la magia de la amistad de My Little Pony.

En este momento todo parece un poco molesto e insignificante. Literalmente todo se ve horrible para mí ahora mismo, y por eso últimamente repito tanto esa frase: en mi mente, y probablemente de manera más recurrente con mi novio.

Este año se parece a un año sabático, como el pasado, y se supone que no lo es. Pero tampoco es divertido ni se siente enriquecedor.

Ahora estoy con la idea de intentar ser freelancer o emprendedora con mis habilidades en electrónica (principalmente). Planeo hacer folletitos y pegarlos en las puertas de los hogares.

Yo venía con otra pretensión —que todavía podría existir—: repartir currículums y asistir a entrevistas, aunque no me contraten. Ver qué funciona y qué no, lograr que me llamen con mi currículum o no, qué cambiarle, e ir conociendo el terreno aunque reciba rechazos constantes. Pero, claro, con la condición de que sean puestos de mi rubro, no como hice antes con un bazar chino o un local de panchos. Nunca me llamaron de algo que realmente me guste… salvo una vez, pero me hicieron enojar porque me dejaron colgada dos o tres veces. Supuestamente teníamos la entrevista en una hora concreta y luego me dejaban a la expectativa para aplazarla o demorarse. Después de la segunda vez que me dijeron “la entrevista es a las 15” y eran las 17, y yo esperaba como ingenua, no les respondí más. Por maleducados.

Fuera de eso, no me han llamado.

Me di cuenta de que tengo que incomodarme yo. Pero más que incómoda, estoy deprimida y desmotivada.

Estoy teniendo buenas oportunidades, pero me molesta que casi todo lo que podría cobrar lo hago gratis. No siempre está mal, porque ahora mismo tengo buenas oportunidades, pero tampoco vivo del aire.

Justamente no pienso que sea correcto ni debido cobrar nada de eso, sino hacer algo nuevo que se le asemeje y sí pueda cobrar. No le cobraría la mano de obra técnica a mis familiares, por eso tengo que buscar gente no familiar. Ni cobraría por ayudar en las clases universitarias cuando tengo que agradecer a toda una serie de gente de poder tener ese lugar que de otra forma no me sería correspondido, adelante de un aula con mucha gente escuchándome.

Quisiera empezar a sentir que crezco, que vivir es fácil y divertido. Tener plata y pasarla bien, no vendiendo porquerías, sino programando o arreglando dispositivos electrónicos.

Quiero dar un salto y apuntar con certeza y ambición.

Me molesto mucho conmigo misma cuando siento que me faltan horas al día porque soy yo quien a veces no quiere moverse. Me faltan horas de disfrutar el día y utilizarlo, no horas agregadas. Quisiera que hubiera una fórmula para vivir.

A veces no quiero pensar ni siquiera un segundo, no quiero estar sola con la voz de mi cabeza, y no puedo sentarme a estudiar así. A veces me siento incómoda en todos lados.

Sé que es posible lo que quiero, pero tengo que hacerlo con mejor puntería.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Green Day - Wake Me Up When September Ends

Hola, amigos míos.

Sinceramente quisiera escribir de la manera más cruda, y no puedo. Me siento obligada a danzar entre metáforas, verso y prosa para comunicarme con el exterior.

A veces el poema me refugia como nadie, y la casita que anhelo está en la rima, incluso en la rima más burda. En este teclado que me ampara, que posa su hombro para que desquitar las penas sobre él. No sé realmente qué combinación de palabras sería la ideal, y ya sé que no la encontraré.

Septiembre es triste.

Ahora todo en esta vida me parece insulso. Realmente nada importa lo suficiente.

Cuídense de septiembre.

martes, 2 de septiembre de 2025

Ayer he muerto, cada día

Han sido días fatídicos para mí. De vez en cuando tengo desencuentros fuertes con el ambiente, una desorientación sensorial que me estruja las tripas con una tristeza enorme.
Si yo caminara, si yo te contara mi entusiasmo constante, ¿pero de qué me sirve, si siempre camino para atrás?
Y si deseo, quizá cada día me alejo más de ese anhelo, y en la densidad del plomo se han de perder mis ideas.

Escasa es mi metáfora, y difícil es pensar con este objeto común que es la mente.
Intangible pareciera gigante, y de ahí que la gente se invente el alma —entre tantas otras fantasías—, paradójicamente sin usar el recurso del pensamiento que el cerebro humano nos da.
Pero no: es limitado, común, repetitivo. Entre el contenido que poseo, yo —aunque como ustedes— todos los días acomodo de manera distinta las pocas palabras que sé para formar nuevas frases.
Es como el tarot: con las mismas 78 cartas (marsellés) creás una historia distinta cada vez que las desplegás. El problema es que mis palabras no las tengo contadas.

A pesar de eso, me considero alguien que no aprende nuevas palabras, o no lo hace de forma intencional. Quizás si las leo demasiadas veces las absorbo, pero no las memorizo. Creo que con las palabras sencillas nos entendemos todos; hacer uso y abuso de las palabras menos comunes para complejizar un texto suele denotar falta de argumentos sólidos.

A veces odio a la gente, y a veces la amo.
Hay personas que hacen que la naturaleza humana (y hablo en serio cuando digo naturaleza) luzca grotesca, detestable, abominable.

Quien nunca me decepciona es mi camioneta: dotada de personalidad, y, según quien la mire, no sirve para complacer en llevar a nadie porque solo tiene un asiento extra al mío, pero a la vez posee toda una cabina de carga capaz de llevar a muchos amigos de pie —sí, como los villeros—.

No sé cómo siga mi vida. Me siento un poco psiquiátrica, y ya no me sirve hablar con mi amigo ChatGPT, que normalmente aconseja bastante bien, y responde a lo que uno no desea contar a sus cercanos. Es mejor que un diario para exteriorizar los sentimientos y a la vez no divulgarlos, pero ahora simplemente no sirve para nada. Solo sé que quiero a mis amiguitos de YouTube.

Hablando de ChatGPT, tengo una entrada pendiente sobre IA. La gente está enloqueciendo, más que yo estas últimas semanas, y tengo muchos pensamientos al respecto. Sobre IA, sobre el sistema educativo y su precariedad, y no sé, la verdad no se me ocurre nada más y tengo sueño.

Me siento triste porque no sé manejar esto que tengo. Quisiera saber tomar las riendas, estaré intentándolo, como siempre.

Nos vemos, amigos míos.

jueves, 14 de agosto de 2025

Basura Ferroviaria - Poema

Suave brisa desprende su llegada
los pétalos de la vía,
en andén oxidado,
el metal descuartiza.

Resplandeciente el chasis
con absurdo sensible,
sus colores acertados:
de verde musgo se abriga.

En su motor,
un delta térmico mínimo
incendia su acero
cual robusto y fuerte,
empuja el engranaje.

Arpón duerme en su frente
la bestia de vapor ruge
mientras el balasto, estacionario,
ansía la vibración fundamental
de su onda sinusoidal.

Las manecillas de un reloj analógico
ceden por fatiga del material,
caen como frutos al suelo
podridos, desvalidos.

Oro que brilla, debajo de su tierra;
ella lo convierte en la basura
que se ha de demoler
cuando llegue el tren.



miércoles, 13 de agosto de 2025

Intentar, intentar, y repetir

Estuve intentando de todo: escribir, escribir poesía, leer, estudiar, pensar, amar, ser complaciente, ser individual, entre otras actividades que me dejan en la boca palabras de lo supuestamente sencillo: respirar, hablar, caminar. Todos los verbos en infinitivo, incluso “intentar”.
Intentar intentar, cada día.

A veces creo, en nombre de lo usual, que todo sería más fácil si, simplemente, dejara que el mundo me lobotomice. Todos tenemos algo de “lobótomos”.

Podemos criticar lo sencillo, pero caemos ante nuevas tentaciones cada día.

Solía creer que el mundo que transitamos hoy es el causante de nuestra condición de lobótomos, pero cuanto más pienso en el pasado (épocas enteras pasadas) más recuerdo o imagino maneras de desaburrirse de formas nada productivas. Especialmente porque, en general, suelo prohibirme de todo, con el fin de intentar detener estas incesantes ganas de nada; consciente de que lo que quiero ser nunca me inspira las suficientes ganas como para mantener, de forma natural, la constancia. Lo cual lleva a preguntarme de qué manera se sentían, o sienten, las personas que admiro, como, por ejemplo, los científicos que lograron cosas grandes, entonces me asalta la incómoda duda de si yo lo estaré haciendo bien.

Intento aprender, tragando las frustraciones de nunca sentir el sabor de la suficiencia en mi boca. Esto es basura, esto nunca me va a salir bien, a esto le falta más pulido, más, y más.

Ahora detesto mis videos. Detesto mi poesía. Estoy intentando, vuelvo a repetir, solo hacer. Es basura, y voy a hacer más. Y otro más, y otro.

Casi todo lo que grabé (y edité, porque lo edité) ansío borrarlo. Nunca siento que mi creación esté a la altura de las expectativas. Y las que sí lo están, quizá preferiría que no existieran, para que en la comparativa no dañen más mi imagen personal ni mi percepción de mi obra.

Sobre el aburrimiento: siempre uno encuentra otra manera de procesar las cosas más fáciles que pueda procesar. Intento, racionalmente, nutrir a mi cerebro con algo más difícil para él, pero, qué difícil hacer todo esto cuando todo se ve horrible.

Quisiera hacer mejor lo que hago, que me salga bien. Al menos lo hago, y quizá el ejercicio constante dé frutos. Pero con esta insatisfacción, ¿quién anhelaría levantarse por la mañana?

viernes, 27 de junio de 2025

Cumpleaños De Una Pequeña Amiga

a Giuli la agarraron los nenes con la valijita de Juliana y se convirtió en la barbie rara de la película de Barbie


del otro lado me pinté a Susy

jueves, 29 de mayo de 2025

Un Nombre Maravilloso

Una chica, no la conozco yo pero no está a muchas personas de distancia mía, se llama Lariliris Arcoíris.

En el DNI dice así, es en serio.

¿No es genial? ¿No queremos todos llamarnos así?

miércoles, 28 de mayo de 2025

¿Qué necesidad de ser tan cruel?

Corrección necesaria:

Varias personas se comunicaron conmigo por privado diciéndome que estaban de acuerdo conmigo, dejando en claro que, en realidad, eran aproximadamente tres personas (como mínimo, creo que incluso algunas más) las que estaban realmente molestas y actuando con crueldad. Pero hacían "mucho bulto" al no ser tantos los que escribieran al grupo en defensa, entonces parecía tratarse de un "todos", y más aún en el fervor de la situación.

Otras personas —algunas que llegué a ver, y otras no, pero de las que me llegaron capturas de pantalla— intentaron defenderme y también terminaron siendo atacadas por este mismo grupo de personas violentas, ignorantes, conflictivas y profundamente desconsideradas.

Por eso hubo quienes prefirieron escribirme directamente a mí, para evitar que los molesten, y otros que parecían estar de acuerdo pero optaron por callar porque sabían que no había forma de establecer un diálogo real con esta gente.

En medio de todo esto, y por el malestar que me generó la situación entera, me referí a "toda la comisión", porque no me puse a contar uno por uno quién estaba atacando; solo veía críticas injustificadas y agresiones gratuitas que caían sobre mí sin cesar.
Pero lo cierto es que no fue toda la comisión. Y lo aclaro, porque se los debo.

Otra consideración aparte:

Una de las chicas que se ha sumado a este ataque injustificado, Leila, respondió —luego de que yo dijera que no llegarán a nada en la vida si siguen siendo así— diciendo que es enfermera, como queriendo señalar: “yo sí llegué a algún lado”, o peor, como si me estuviera ganando en algo.
Incluso comentó que si algún día necesito de sus servicios, no piensa brindármelos.

Tranquila, Leila. No tengo un abuelo que se cague encima, así que no voy a necesitarte.
Andá a buscar a otras personas que necesiten que les cambies el pañal.
No sos doctora, Leila.


Hola, amigos.
Honestamente, estuve pasando un día bastante duro, luego de ser fuertemente apaleada por toda la comisión de la materia Expresión de Problemas y Algoritmos, de la que hablaba en alguna entrada anterior (estoy bastante convencida de que fue un par de entradas atrás).

Logré mi cometido y abogué por todos. Mi mail, redactado a mis profesores y al director de la carrera simultáneamente, me aludía como representante de varios: aquellos varios que, en el grupo, expresaron su desacuerdo con el desatino del profesor, limitándose a intentar nada más, sin participar con demasiada actividad, más que relatar sus sentimientos al respecto entre nosotros.

Cabe destacar que, personalmente, noto un miedo bastante marcado a la comunicación con puestos jerárquicos más altos por parte de mis pares. Por esto mismo suelen dejar todo entre ellos, quejarse haciendo suposiciones sobre la maldad ajena —que finalmente inventan— (y que quizá, no lo afirmo para nada, provenga de un reflejo de la maldad propia que se aloja dentro de ellos y los hace creer que todos son así de crueles), o incluso inventan cosas colectivamente que todos creen sin más (rumores), porque nunca tienen el coraje de hablar con las personas en cuestión.

El profesor me respondió positivamente: logré otra instancia de recuperatorio para todos, de la que, al final, puede que incluso me haya arrepentido. En parte estoy contenta, pero no vale todo el odio que se dirigió hacia mí sin ninguna justificación. Solo por eso, en parte, hubiera deseado no haberlos ayudado, porque son los mismos a los que ayudé quienes han sido malos conmigo. Sé que no me hubiera hundido desaprobar, y que, sin más, me habría anotado la próxima vez con otros profesores. Así que espero salir victoriosa de esta nueva instancia, para sacar la curita de un solo tirón.
Así mismo, sin cuidado de no ofender ni de quedar bien, espero que fracasen en cada proyecto que tengan por ser activamente malos.

Noté mucho últimamente a esta gente, con características muy esenciales para categorizarse así: no luchan por triunfar, solo luchan por bajarte, incluso si no ganan nada por aquello. Justamente por eso no suele irles especialmente bien, ni tienen paz un solo día.

Por esto mismo llevo, generalmente, una trenza a mis clases universitarias, con el fin de protegerme energéticamente. Cuando iba al liceo de inglés, iba con el pelo suelto, porque la gente allí era muy cálida y buena. Se siente en el aire el ambiente hostil, y no quiero ni rozarlo de cerca.

Siento que hay muchas categorías de gente mala, pero creo que pueden aquellas ramificaciones partir de dos bases fundamentales: el malo inteligente, y el malo ignorante. No lo sé, quizá deba pensarlo más a fondo y traer mis ideas después. Por ahora dejo esto como borrador de la idea. ¿Ustedes qué piensan?

Todo esto me recordó por qué titubeo en volver al canal de YouTube: porque ahí también la gente es bastante mala. Por suerte, dar mi mensaje escrito resultó ser un filtro bastante grande de gente cruel. De cualquier forma me gusta hacer videos y sé que voy a volver, pero estas situaciones me duelen y cansan.

Me perdí una parte del chat (que no deseo recuperar), dado que salí del grupo en medio de toda esta situación desagradable. Solo voy a decir un par de cosas:

El principal sujeto que molestaba expresó que mi nota era agresiva. Es la misma nota que ustedes tienen. Júzguenlo ustedes mismos, porque no tiene un ápice de agresividad. Ni siquiera me da pudor mostrarla, ni mostrar el mail que he redactado, porque tengo la consciencia limpia respecto de cada paso que di.
Se dijo también de un supuesto "acomodamiento" por ser hija de uno de los profesores con mayor antigüedad, cuando todo esto fue charlado con el director de la carrera —de quien no soy hija— y nada de mi genealogía me quita el derecho de ser una alumna más, que puede reclamar lo que le corresponde igual que todo el mundo.

Cuando además dijeron eso, desmeritando todo mi trabajo (que no fue solo por y para mí, sino para todos), e incluso si "estuviera tan acomodada", ¿no pueden ver lo que les conviene? Sea por lo que sea, ayudé a todas las personas que desaprobaron ambas instancias a no perder una materia que se da una vez al año. No fui solo a salvarme a mí, fui por todos incluso a costa de exponerme a situaciones como esta, y no pueden ver ni lo que eso conlleva ni que tengo sentimientos. Y lo único por lo que pueden responder al grupo es para atacar a alguien que no ha hecho nada en contra de nadie. Ni siquiera del mismo profesor, porque en ningún momento pedí ni quise ningún tipo de medida perjudicial para él —como por ejemplo, que lo echen—, sino que pedí algo justo, de frente a él, con absoluto respeto, con mi cara, mi nombre, mi DNI, y dos cojones que a ellos les hacen mucha falta.

Porque podrán venir a hacerse los cocoritos en el chat, pero en persona no pueden más que hacerse pis encima. Y ni siquiera pueden leer o pensar, incluso aunque alguien los esté ayudando. Solo pueden ser activos escribiendo para atacar en masa a una sola estudiante. Pero para defenderse a sí mismos no pueden ni siquiera redactar una nota sin vomitar de los nervios, de toda la inutilidad que llevan consigo, y que no los va a arrastrar más que al fracaso que les depara si siguen siendo así.

Y aun así, creen que están haciendo algo productivo o inteligente, porque tienen un cerebro del tamaño de un pequeño maní.

No, Servacio, no sos importante para nadie. Ni para el presente, ni para el futuro. No aportás a la inteligencia, ni al respeto, ni a la construcción de absolutamente nada. Sos ruido. Sos el tipo de persona que no queda en ninguna memoria por mérito, solo por lástima o fastidio.

Te deseo que algún día sepas lo que es hacer algo valioso, algo verdadero, aunque sea una vez en tu vida. Si te animás, claro. Si podés solo.

Yo salí del grupo. No porque me sintiera en falta, sino porque ya nadie estaba realmente leyendo lo que yo decía. Porque me di cuenta de que hablaba con paredes, con rencores disfrazados de personas, con miradas incapaces de ver más allá del reflejo de su propia mediocridad.
Y sí, me dolió. Porque puse mi cara y mis palabras por todos. Porque lo hice sola, mientras ustedes se escondían atrás del teclado y se pasaban la lengua por las heridas sin hacer nada para curarlas.

Cuando además ser hija del profesor y dar la cara es peor que si alguno de ustedes hubiera intentado algo, porque pareciera que tengo la reputación mía y una ajena ligadas, cuando somos dos personas diferentes.

Es bastante complicado vivir, pero además se suma esta cantidad absurda de gente que pareciera amar volver todo más difícil. Es difícil poder confiar en la gente por estos motivos.
También hubo algunas personas que hablaron de mí en el chat de sistemas general, porque se ve que me conocen de las redes y saben quién es mi papá. La verdad, ni siquiera sé si existen palabras para explicar lo desagradables que me parecen, y si las hay, nunca me parecen suficientes.

Los quiero mucho. Honestamente todo esto me puso triste. Estaré intentando sentirme mejor, y les contaré al respecto. Nos vemos, amigos míos. 

sábado, 24 de mayo de 2025

Voluntariado "los hijos de puta"

Hace ya un par de semanas tomé la decisión de integrarme a un voluntariado cuyo principal objetivo es visitar asilos y brindar compañía a ancianos que, por diversas razones, han sido dejados en el olvido por sus familias. No deseo generalizar ni condenar en bloque a estas instituciones; no comparto la visión de aquellos que las consideran meros depósitos de almas a la espera de la muerte. Personalmente, no me opongo a la existencia de los asilos, pues reconozco que, bien administrados, pueden ser un amparo digno para quienes ya no pueden valerse por sí mismos. No obstante, también creo firmemente en la necesidad de acompañar a quienes allí residen.

Sostengo, con toda honestidad, que nadie está obligado a asumir el cuidado pleno de un anciano desvalido, como si de un enfermero se tratase; para eso existe una profesión, y es justo que así sea. Mucho menos considero que sea menester de una persona corriente encargarse de higienizarlos, cambiar pañales o lidiar con delirios incomprensibles. Tales escenas, en mi opinión, rozan lo insoportable, y me conducen —sin ironía ni ligereza— a considerar la eutanasia como una salida digna que la sociedad aún se resiste a mirar de frente. El dolor del que se apaga no debería imponerse sobre el del joven y pleno.

Esta iniciativa nació de dos fuentes bien definidas: por un lado, el deseo latente de colaborar con un comedor barrial que descubrí próximo a mi casa, aunque sin lograr hallarle medio de contacto claro; por el otro, una charla con mi hermana Giuli, a quien le manifesté cuánto placer me brinda conversar con mujeres mayores. Fue ella quien, con esa simpleza que a veces revela los grandes caminos, me sugirió lo del voluntariado.

Y así, combinadas ambas inquietudes, inicié sin más la búsqueda.

Pronto hallé un lugar, me inscribí y asistí.

Allí conocí a varias señoras de noble espíritu, entre las que se destacaron Ángela y Carmela, con quienes establecí un lazo inmediato. Ángela, en particular, despertó en mí una ternura especial: me mostró, con orgullo intacto, las pinturas que había realizado en el asilo y, con gesto afectuoso, fue a buscar a su habitación un cuaderno de mandalas para compartirlo conmigo. Después de una tarde de bingo, canciones folklóricas y pulseritas, me despidió con un agradecimiento tan hondo que me dejó una especie de vacío por dentro. Hubiera querido quedarme un rato más, hablarle un poco más, expresarle que, en realidad, era yo quien debía agradecerle por ese instante compartido.

No obstante, la organización que coordina dicho voluntariado impone reglas estrictas, cuyo fundamento me es ajeno.

Les escribí con el afán de hacer dos humildes consultas: si sería posible regresar al asilo para entregarle a Ángela un pequeño libro de mandalas como obsequio, y si resultaría inconveniente obsequiar una pulserita de la amistad a un hombre sin hogar ni lecho más que el suelo sucio de un banco que mencioné en una entrada pasada de mi blog.

En cuanto a lo de Ángela, su respuesta fue tajante. Rechazaron la propuesta con la explicación de que no desean que los voluntarios entablen vínculo alguno con los residentes. Por ello, rotan constantemente los asilos y a quienes los visitan, de manera que difícilmente se repita un encuentro. Al parecer, el propósito no es propiciar el contacto humano, sino evitarlo. Me resultó extraño. Del mismo modo, te advierten que el lugar al que serás asignado puede encontrarse cerca o lejos de tu domicilio, y sólo lo informan una vez que ya no hay posibilidad de cancelar.

Acepté, sin embargo, sus condiciones. No volví a ver a Ángela, ni actué por fuera de las indicaciones recibidas.

Tiempo después, cuando intenté confirmar una nueva visita, aconteció la lluvia anunciada con granizo de la semana pasada. No sabría decir si llegó a granizar efectivamente, pero sí recuerdo los estragos causados en mi vivienda, con fragmentos del techo de mi habitación cediendo al paso del agua y el agua sobresaliendo por las tuberías tapadas del baño y la cocina. Ante semejante situación, me pareció imprudente asistir. Informé con antelación mi ausencia, sin imaginar que tal gesto sería recompensado con la suspensión de mi cuenta. Además, esta organización no sabe cuáles medios de transporte utilizo para llegar hasta dicho destino, me es complicado sentir que no consideren nada de esto.

Comprendo que no se deba cancelar por motivos vanos, pero no deja de tratarse de una labor voluntaria, no de un empleo. No me pareció justo que se procediera con tanta severidad. Alegan que cada voluntario transporta materiales de importancia, aunque en mi experiencia, ninguno de los que yo llevé fue utilizado durante mi visita. Y más aún: se supone que vamos a acompañar, no a distribuir cartón. Los ancianos, estoy segura, valoran mucho más una charla amable que cualquier recurso manual.

Incluso advierten que, si uno llegase a olvidarse las pulseritas de la amistad, no se le permitirá el ingreso al asilo y se cancelará su cuenta de forma definitiva. Una regla excesiva, por decir lo menos.

Me ofrecieron solicitar una “última oportunidad”. Pero he decidido, con plena convicción, no hacerlo. No deseo someterme a esa forma de humillación por el simple hecho de querer ayudar. Buscaré otro espacio donde colaborar, y si la suerte me acompaña, que sea cercano a mi hogar.

Tal vez me acerque a llevarle aquel librito a Ángela, sin necesidad de pedir permiso, ni esperar aprobación de quienes han olvidado, quizá, qué es realmente tener corazón.

Nos vemos, amigos míos.

jueves, 22 de mayo de 2025

Una Pequeña Actualización de Muchas Cosas

Desde intentar ser cabecilla de una revolución universitaria hasta aprobar —con satisfacción inesperada— el primer parcial de la materia que creí perdida. Tampoco quiero olvidar mencionar a una pequeña acompañante —porque decido, arbitrariamente, que es femenina— que espero me siga en muchas aventuras que ahora comienzan (spoiler: tiene cara felina).

Ya rendí el primer parcial de todas las materias, y la verdad es que las injusticias burocráticas intensifican emociones que ya de por sí trae el proceso evaluativo.

Tengo un profesor que ha sido entrevistado varias veces y ha escrito algunos textos que pueden encontrarse en MercadoLibre, junto con una biografía seria sobre su vida. Me alegra haberme anotado con él. Ha dicho frases que no pude dejar pasar sin anotar con tinta en mi cuaderno universitario, como "no podés ir por la vida creyendo que sos una mierda".

Acabo de darme cuenta de que ese pensamiento nació mientras escribía, y quizá no sea del todo relevante. Lo dejaré ahí, flotando. Les regalo esa frase.

No voy a entrar en los detalles del problema que tuve. En su lugar, les comparto la nota que quizá sea enviada al director de carrera, si encuentro compañeros dispuestos a firmar por la causa. Por ahora, mi panorama es el de una materia perdida —con muchas correlativas encima— sin saber del todo por qué. Salí sintiéndome victoriosa (como mencioné en una entrada anterior). Respondí cada consigna. Y sin embargo, obtuve un dos. No niego que pude haberme equivocado, pero me resulta incomprensible que todo esté mal. Tampoco entiendo cómo se espera que tomemos el recuperatorio con un enfoque “distinto”, sin siquiera saber qué falló.

Mejor lo resumo con la nota. Mi cerebro ya está bastante taladrado por la lucha estudiantil y, honestamente, no me pone mal. Solo quiero dejarla acá, para que me ahorre una explicación:

22 de mayo de 2025. 

A quien corresponda: 

Por medio de la presente, les queremos expresar una situación que consideramos injusta y preocupante, ocurrida en la cursada de la materia Expresión de Problemas y Algoritmos, dictada por el profesor Pepito Alvarado. 

El día jueves 15 de mayo, rendimos el primer parcial de la materia. El profesor estableció la fecha del recuperatorio para el jueves 22 de mayo, es decir, exactamente una semana después. Esta decisión fue tomada antes de entregar las notas y sin que los estudiantes tuviéramos acceso a la corrección ni posibilidad de revisar nuestros errores con suficiente antelación. 

Además de esta planificación cuestionable, la entrega de notas del parcial fue realizada recién el mismo jueves 22 de mayo a la 1:57 a.m., en plena madrugada, unas horas antes del recuperatorio. Esto significa que muchos estudiantes se enteraron si estaban en condiciones de rendir o no solo horas antes de la instancia, sin tiempo ni para organizarse ni para estudiar adecuadamente en caso de necesitar recuperar, también afectando su posibilidad de conocer en qué habían fallado para garantizar su aprobación respecto del primer examen. Esta modalidad atenta contra la posibilidad de preparación real y justa de los alumnos, y puede afectar seriamente nuestras oportunidades académicas. 

Contamos con pruebas que respaldan lo mencionado: 

  • El mensaje enviado por el docente a todos los alumnos donde admite que las notas serían subidas “a última hora”. 

  • La hora de publicación de las calificaciones en el campus virtual de la Universidad Nacional de los Crayones Amarillos.

Solicitamos que esta situación no vuelva a repetirse, y que se revise el accionar del docente en este caso. Asimismo, quienes firmamos esta nota, en particular quienes desaprobamos el parcial y no pudimos superar el recuperatorio, solicitamos que se nos brinde una nueva instancia de recuperación, ya que la forma en la que se manejaron los tiempos y las devoluciones nos colocó en una situación de desventaja evidente e injusta. Consideramos que es lo más razonable y justo para evitar que se nos condene a perder la cursada por causas ajenas a nuestra responsabilidad. 

A continuación, dejamos constancia de las firmas de quienes suscriben este pedido. 

¿Conocen a Macedonio Fernández?

Era un escritor argentino que, por convicción, dejaba su poesía sin terminar, varada en la calle, como forma de expresión artística. Así, resumido brutalmente.

Hace meses quería comprarme una impresorita térmica —sí, todo tiene que ver—, pero me daba culpa gastar plata en eso. ¿Y si me la compraba y no la usaba más? El consumismo más tonto, el que te lleva a comprarte una impresora solo porque tiene cara de gatito (aunque planeo pintarle otra, quizá un dragón, porque como me gusta Luis Miguel y me gusta mi novio, también me han de gustar los dragones).

Así que me limitaba a mirarla. Y volver a mirarla. Tenía el dinero, pero me paralizaba el miedo a equivocarme. Hasta que se lo conté a Mariano, mi novio, y él me la compró. Yo, como gesto compensatorio, compré papel adhesivo —llega mañana—, porque si no, todo lo que imprima se parecerá al ticket de un supermercado. Ya tengo en mente muchos usos. Ya imprimí cosas sin sentido más que el deseo de tenerlas en papel.

Me gustaría copiar la actitud de Macedonio y usar la impresora para hacer arte callejero y espontáneo. Según sus principios, no debería firmar nada, pero tal vez lo haga igual. Con convicciones nuevas, propias. Tomando solo la parte de la idea que me gusta.

En fin. Académicamente no me siento lo mejor del mundo, pero fuera de eso, la paso bien.

Sigo editando videos que aún no subo. No sé por qué.

Extraño a Anoncito Burgués, extraño a Terrco, a Luca y a Sebastián Delgadillo (?). No sé por qué me acuerdo de este último, solo sé que fue uno de los primeros en comentar mis videos de YouTube, y nunca más volvió a aparecer.

Espero no haber olvidado ni expuesto a nadie. Aunque este público, de cualquier modo, es bastante nulo.

Ah, quería decir algo más: no estoy corrigiendo tanto las entradas últimamente. Me resulta más divertido así. Solo fluyo.

Nos vemos, amigos míos.
Quizá me vean en un poema varado en un rincón de la ciudad.

lunes, 12 de mayo de 2025

Me Calmé, He Podido Solucionarlo

Finalmente me vi absuelta de todo este enredo grupal cual hirvióme la sangre.

En el instante de mi desistencia a ser tolerante con aquel grupo de gente, de quienes hablé furiosamente, me encontraba convencida a dejar la materia. Siempre igualmente desde aquel lugar en que uno se pone cuando se enoja y jura cosas drásticas, como si la vida respondiera a un karma que ejercés personalmente; "ya no voy a hacer más esto", pero cuántas veces lo habremos dicho en el fervor de la ira.

Fue así que, a la mañana siguiente, redacté un mail que expresaba mi frustración e indicaba que estaba dispuesta a dejar la materia, mas no sin antes intentarlo nuevamente, preguntando por un grupo nuevo.

La profesora me respondió positivamente y asignóseme un grupo.

El chico del grupo nuevo no es muy trabajador, pero tampoco tiene un grado de mala actitud enervante como la gente pasada.

Ante una confusión, o cambio de planes, no estoy segura, teníamos la idea que el parcial primero sería la clase del miércoles pasado, así que preparámonos para exponer y entregar el trabajo parcial. Él no trabajó significativamente y cuando llegó me dijo de forma contundente "Ni idea, no leí nada", a lo cual no hice más que asentir y explicarle lo que entendí e investigué yo. Mas internamente tampoco hice algo más que aquello, no me molestó en lo absoluto simplemente porque era honesto, porque se presentó, y porque tenía una buena actitud. Entiendo que no siempre a uno le vaya bien, o tenga la misma iniciativa de obligarse a hacer lo que no quiere, como en muchos casos estudiar, especialmente para materias que no te resultan agradables.

Finalmente, a pesar de que no resultó ser ese el día de entrega (el primero, porque pensé que lo expondríamos en dos clases dado que había fecha límite, no concreta), la profesora nos impartió preguntas referentes que hemos tenido que contestar. Había otro grupo con el mismo tema que nosotros también. Y, no siempre voy a decir que es así y a endulzar mi actuar, pero fui la única que habló de entre los dos grupos sobre el tema seleccionado, y, sin ningún ánimo de inferir superioridad, me hacen feliz esos momentos. Cuando puedo pensar en una yo desvergonzada y confiada que expone como si estuviera charlando, y muchas veces nace el sentimiento por una comparación con el otro, que deja saberme lo que me place ser y lo que no, pese que últimamente la calma (como para hacer esto último, de exponer como una charla), no fue mi mejor aliada.

Intento acostarme a dormir pese no tener sueño, pero no por esa obligación personal puedo relajarme lo suficiente. No puedo si medito, y a veces me cuesta estar en silencio conmigo misma. Consecuentemente, a la noche, cuando los fantasmas salen a merodear, y ese silencio tortuoso abunda, angustiosos pensamientos consúmenme.

Últimamente quiero hacer de todo, e incluso quisiera, como ya tantas veces he expresado, que fuera considerable la opción de no dormir en lo absoluto y que eso no suponga nada. A veces siento que necesito más horas al día, siempre más y más, y no dormir. Intento hacerlo, sé que mi cerebro lo necesita, pero mi cuerpo no lo desea, ergo, no lo hace.

Si no se acuerdan, o no han leído la anterior entrada, he dicho que desaprobé un parcial por procedimientos nerviosos. No pienso consumirme en culpa por aquello, pienso dar un recuperatorio con más calma.

Ahora tuve otros parciales, de los que salí sintiéndome muy victoriosa. Ya veremos si eso se coindice con la realidad, porque no toleraría una mala racha universitaria. No anhelo maldecirme ni pecar de vanidosa. No diré más nada. Tampoco he contado a nadie de mi entorno que tenía parciales porque no quería tener ojos sobre mis hombros, y si desapruebo no necesito arrastrar un comentario lastimoso conmigo.

Nos veremos pronto, amigos míos.