Hola, amiguitos del blog.
Hoy me siento mal. Me siento tonta, ingenua, inútil. El último peldaño en la escala de la supervivencia.
A la mañana quise acabar con mi vida, como tantas otras veces. No se confunda con intentar, solo deseé, porque así de inútil soy. Como pensando; "si hubiera un botón que apretar y acabar con todo ya tendría mi dedo arriba". Y, al seguir viva, lo único que sentí fue decepción: ni siquiera soy capaz de terminar con esta tortura. Solo pienso en cómo hacerlo, temiendo quedar disfuncional, y, con mi suerte, todavía viva.
Entre lágrimas, no pude escuchar la música que siempre me distrae de mis pensamientos. Tampoco logré perderme en los videos que suelo ver para callar las voces internas. No podía dormir: era temprano, recién me había despertado. Y no podía hacer ninguna de mis actividades predilectas fáciles o pasajeras como para dejar de pensar. Todas ellas eran vacías, y no eran tan fuertes como para lograr su cometido.
Así que seguí llorando, acostada, sufriendo. Quería abrazar a mi marido, que me hablaba del otro lado del teléfono, pero no podía traspasar la pantalla para ser mi consuelo. Él estaba, como le corresponde, trabajando. Y yo, dios mío, tengo que hacer aún cosas. No entiendo cómo, aunque no las busque, siempre hay algo que debo hacer.
Mis pensamientos son como un sombrero de plomo de doscientos kilos que me pesan la mirada y me desploman el cuello. Se aferran a mí como una garrapata negada a soltarme.
Estoy tan angustiada. ¿Podré ocultarme del mundo algún día? ¿Fundirme en su oscuridad hasta que nadie vuelva a pronunciar mi nombre? Mi nombre, ese que el viento arrastra en sus letras.
Eso es algo equivalente a algo que Jesús me dijo una vez. Tengo muchos nombres, y ya no sé si realmente me significo en alguno de ellos.
Hablé con mi psicóloga. Le pregunté si podía escribirle cuando la necesitara. Está de vacaciones, y esta semana no tendré sesión. Pero no tengo la estabilidad más mínima para afrontar estos días hasta el próximo viernes. Me dijo que sí, que podía escribirle, y le conté todo esto mientras iba a comprar algo.
Me dijo que era bueno que hubiera salido a comprar, que busque estar acompañada, que intentara escribir (porque le conté que me gusta hacerlo). Y eso es, precisamente, lo que estoy haciendo ahora. Solo escribir, porque nadie estuvo disponible para mí en ningún momento del día.
Soy un pedazo de basura. Y me molesta ser aplaudida por ir a comprar, me molesta ser tan inútil y tener que aceptarlo de esa manera. Me molesta ser tan inestable, y no poder, ni por un minuto, dejar de llorar.
Quisiera ser normal.
Con cariño, Celeste Torres.
hola amiguita
ResponderEliminaryo vivo en una casita sin amor con mis viejos
teníamos, pero mi hermana nos rompió el corazón
me haces acordar a ella por leonina
vos tenes un monton de gente que te quiere
decis estas cosas y me dan ganas de boxearte , discúlpame
no mentira , tqm , segui escribiendo
qué pasó? está bien tu hermana?
Eliminarno sé si un montón de gente, alguna gente sí. pero la vida no se trata solo de eso. y tampoco responden mis químicos cerebrales a si la gente me quiere o no, incluso si es así tampoco significa que me ayuden como lo necesito.
gracias por comentar
se junto con un drogadicto pero bien drogadicto
Eliminarmerca faso pasta nafta etc etc lo que venga
en 3° año de ingenieria quimica estaba mi hna