viernes, 29 de noviembre de 2024

Reflexiones Sobre la Mediocridad

Hola, amigos del blog. ¿Cómo están? Yo, sinceramente, me encuentro algo aturdida por la música fuerte y espantosa de los vecinos. Realmente, da igual qué canción estén pasando: cuando el volumen excede ciertos decibeles, resulta imposible disfrutar de nada. Esto en Suiza no pasaría (?).

Soy bastante sensible en general, y cualquier estímulo sensorial constante termina afectándome profundamente, haciéndome doler la cabeza y dificultando mis tareas del día.

Últimamente estuve realizando los cursos que compré con la plata del trabajo al que renuncié. Además, sigo aprendiendo algunos conceptos de manera autodidacta y retomando un pequeño trabajo informal del que ya les había contado: cobrar algo de plata por limpiar mi propia casa.

En cuanto al liceo de inglés, continúo asistiendo, salvo que cambié de día y horario a uno que me resultaba menos cómodo. Sin embargo, gracias a ese cambio conocí a mi nueva profesora, cuyas clases me encantan. También noté que prefiero ir un solo día a la semana, para perpetuar un estado más calmo socialmente. Aunque, debo admitir, ya no parece haber demasiado interés en la pronunciación, algo que me desagrada un poco. Por otro lado, el enfoque más gramatical que tiene ahora también aporta, para mí, mucho valor al contenido. Es un método de enseñanza que me resulta más efectivo y agradable desde su teoría.

En lo que los pongo al día, tengo que decir que lamentablemente, me atrasé con mi proyecto secreto y con mi desafío de lectura.

Y, sobre los pensamientos aquí escritos sobre el bienestar digital, hace tiempo que vengo reflexionando sobre la “estafa” del mismo y los matices que rodean estas condiciones de supuesto bienestar.

Por ejemplo, mis padres suelen ver televisión, en particular ven el noticiero por las tardes. En una ocasión, estaban entrevistando a personas en la calle sobre cuánto usaban el celular, planteando la problemática del uso excesivo (sin cuestionarse en ningún momento si ese uso podía ser productivo). Me resultó irónico, porque mientras criticaban el uso del celular, estaban transmitiendo su mensaje en una pantalla digital más grande, dirigida a personas que tampoco cuestionan su "bienestar digital" frente al televisor.

Todo en esta sociedad parece un chiste. Parece no haber lógica básica, porque las personas carecen de capacidad para razonar profundamente. Solo observan lo más superficial, adoptan el primer pensamiento que encuentran como un argumento válido y, en ese proceso, se forma una cadena de personas que buscan encajar en el pensamiento popular. Esa comodidad perpetúa su ignorancia. Este es solo un ejemplo, pero diría que en general las personas de los medios televisivos no son brillantes, aunque últimamente no veo demasiada brillantez en ningún lado. Ni siquiera en las redes sociales, que tampoco utilizo desde hace unos meses precisamente por ese motivo.

Volviendo al tema, ese segmento del celular que permite monitorear ésto, aunque entiendo su intención, tiene muchos grises y tal vez debería llamarse de otra forma. Algo como "Registros digitales" o "Uso del dispositivo" podría ser más adecuado.

Finalmente, quiero compartirles que muy pronto voy a lanzar un nuevo canal de ASMR. Me entusiasma mucho la idea, aunque ahora mismo me encantaría poder grabar, de no ser por los mogólicos de mis vecinos.

ASMR in the Conurbano City: coming soon. (*suena cumbia villera de fondo*)

Sigo amando mi reloj... Quizá los estoy poniendo al día de una manera tonta, como si hubiera despertado de un coma de 10 años. Sin embargo, no puedo evitarlo, voy a contarles de todas formas: me resulta imposible estar sin mi reloj por más de dos minutos. Ya incorporé, de manera casi involuntaria, el gesto de deslizar mi dedo índice hacia arriba sobre mi muñeca, incluso cuando no lo llevo puesto.

Recientemente, mientras navegaba por internet, descubrí un dispositivo similar que llamó mi atención. Al verlo, sentí esa rara y puntual fascinación por ciertas innovaciones tecnológicas que logran despertarme el impulso consumista de adquirirlas. Esto no me sucede con frecuencia, pero en contadas ocasiones encuentro objetos que realmente me generan esa necesidad inmediata de poseerlos.

Por otro lado, estuve reflexionando sobre el acto laboral y su relación con la sensación de necesidad de plata. Me pregunto por qué, cuando trabajo, siento inevitablemente que necesito objetos materiales que nunca creí necesitar cuando no estaban a mi alcance. Este vínculo con los objetos, en un periodo de mi vida en el cual no tengo la necesidad de mantenerme (ni puedo hacerlo) parece ser una construcción artificial, una falacia diseñada por el sistema capitalista para mantenernos subordinados.

Como seres humanos, somos animales que han sido atrapados en una estructura social que limita nuestra capacidad de experimentar una verdadera libertad. Estamos condicionados desde el nacimiento a aceptar un concepto de libertad que, en realidad, no es más que una ilusión dentro de un sistema cerrado y rígido que nunca elegimos habitar.

Sin embargo, en parte esto me agrada, porque incluso de no ser así no hay segundas opciones. Estuve pensando que la libertad se ejerce en la acción voluntaria, no en la ausencia de ella: incluso en vacaciones, no dejamos de hacer cosas. Lavamos platos, nos bañamos, paseamos, leemos, escribimos, entre tantas otras actividades. Aún en tiempos no laborales, no nos volvemos vegetativos. Por eso, supongo que trabajar no es únicamente vender horas de vida.

Esto me recuerda a una película que vi de chica, donde las personas negociaban con horas de vida. No recuerdo ni el título ni la resolución. Es algo así, y a la vez no. Después de todo, no entregamos esas horas de manera gratuita, porque a nadie le interesa poseerlas en sí mismas. Lo que importa no son las horas vendidas, sino lo que hacemos durante ellas para el comprador del tiempo. A nosotros mismos nos tienen que importar nuestras horas, y tendríamos que, en tanto sea posible, comercializarlas como un medio preciado.

Personalmente, resolvería ésta cuestión matemáticamente de la siguiente manera:

Remuneración=(hs.útiles⋅ (g+t+p⋅ 10
                máx.hs          3​

hs (horas trabajadas) dividido máxhs como estimativo máximo de trabajo continuo para tu tarea. Horas incluye consigo "impacto" en la tarea. Ésto nos dará un número entre 0 y 1 (bajo, medio o alto impacto) que afectará al puntaje de remuneración final. Obviamente siempre el máximo tiene que ser más alto o igual que las horas útiles. El máximo de horas son las que considerás más eficaces. Por ejemplo, puedo grabar un buen video en 15 minutos y que no me afecte al resultado haber demorado menos, pero puedo leer 15 minutos en un día entero y solo haber terminado tres páginas que, si lo mantengo como trabajo constante, no me van a alcanzar para haber terminado el libro antes del año 3000. Determínenlo ustedes. Ésto a fin de no penalizar trabajos parciales.

g (gusto personal)

t (tipo de trabajo, involucrando las diferencias de valorización en los distintos grupos laborales)

p (productividad, eficacia en el trabajo)

El gusto personal se cuantifica personalmente, en una escala numérica del 1 al 10. (1 siendo casi una tortura, 10 siendo lo que más te apasiona).

El tipo de trabajo, promediando cotizaciones según el sector laboral y estableciéndolas en una escala de 10.

La productividad (p) en resultados por unidades de tiempo (tareas realizadas / hs trabajadas (medir en las mismas horas útiles que establezcas previamente)=resultado).

Para medir p se realizará en la escala del 1 al 10 con una normalización lineal en base a resultados por hora, ésto para compararse con el mejor resultado posible en productividad:

 p=10 (resultado/resultadomax)

Imaginamos cuántas veces nuestro trabajo lo podría completar un chino en la misma cantidad de horas, y hacemos el cálculo con ese nivel máximo, de tener registros propios, en cambio, medimos nuestro desempeño máximo y utilizamos ese número de referencia. siempre el resultado ideal es igual o mayor al real. Por ende, en tanto se superen a ustedes mismos, aumentan el resultado ideal y lo igualan con el real para que les quede 10 en la escala. La primera vez de realizar o registrar la tarea también puede indicar el primer ideal, por ser el primer máximo, hasta superarse el mismo.

Para medir tipo de trabajo (t) en situación laboral se realizará la misma escala del 1 al 10 en base al sueldo, de acuerdo al sueldo promedio del tipo de trabajo que tienen relacionado al sueldo propio:

 t=10 (salario-salariomin/salariomax-salariomin)

Para medir tipo de trabajo (t) en situación personal se elegirá en una escala del 1 al 10 en base a satisfacción:

1-3Trabajo rutinario, de bajo impacto o satisfacción.
4-6Trabajo moderadamente importante o satisfactorio.
7-9Trabajo significativo, con impacto personal.
10Trabajo excepcionalmente valioso o gratificante.

El índice máximo es de 100 (muy satisfactorio, alta recompensa de cualquier tipo), el índice mínimo es 0.

0-25: Insatisfactorio.
25-50: Regular.
50-75: Bueno.
75-100: Excelente.

Verbalizado sería un "¿Te gusta? ¿Es útil? ¿Sos bueno en eso? ¿Cuánto tiempo le invertís?" escalando del 0 al 100 la satisfacción de absolutamente cualquier tipo de trabajo, personal o no. Se podría considerar la eficiencia del uso del tiempo en el promedio. Se puede seguir mejorando, aunque es un debate más bien filosófico.

¿Qué otros aspectos tendrían ustedes en cuenta?

Espero que se entienda la comparativa entre la remuneración personal con la laboral, y el propósito de la ecuación de no hacerte sentir que estás vendiendo horas de vida, comparándolo a vivir normal. Después de todo hay que ser conscientes de que siempre hay una remuneración, "buena" o "mala", y estamos condenados también a no poder detener el tiempo. Esa ecuación siempre sirve, porque siempre hacemos algo en cuanto sigamos consumiendo horas de vida. Tenemos en cuenta la palabra "trabajo" como su definicion:

"Es la actividad física o intelectual que las personas realizan para alcanzar un objetivo o satisfacer una necesidad, produciendo bienes o servicios como resultado de su esfuerzo."

Personalmente espero poder contribuir al menos un poco a mejorar la intelectualidad de un mundo que parece tan mediocre, cruel e ignorante. No anhelo señalar la ignorancia para perpetuarla, sino más bien crear un espacio donde pueda combatirse. Como sea. No sean tontos. Bastante poco me gusta la gente.

Nos vemos, mis amigos.

Con cariño,

Celeste Torres.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Dra. Laurent

En la universidad donde me inscribí para estudiar Sistemas, me informaron que estoy inscripta en un doctorado. Al principio pensé que se habían confundido en la verbalidad, pero cuando recibí el comprobante de pago de la matrícula, confirmé que efectivamente figuraba como inscripta en un doctorado. Lo curioso es que eso es imposible, ya que para hacerlo necesitaría contar con un título de grado, cosa que claramente no tengo. Igual, me causó gracia. Con 20 años, resulta que estoy en un doctorado y, además, fui profesora de una materia universitaria. ¿Podrán? (???)

Por otro lado, en otra universidad donde me anoté por las dudas, me mandaron un mail confirmando mi aprobación para una excepción al curso de ingreso. Esta excepción solo se concede a quienes tienen un título de grado (o cumplen condiciones similares, como haber aprobado al menos cuatro materias en otra universidad, terminado un terciario, o contar con un título de grado). Spoiler: no cumplo con nada de eso.

¿¿¿Alguien me puede explicar por qué las universidades insisten en inventarme un título de grado???

jueves, 14 de noviembre de 2024

Agarré la pala, y también la solté

Hola, amiguitos del blog.

Quisiera haber podido combinar trabajo y blog, pero como no pude, renuncié; de la misma manera, tampoco logré combinarlo con el desafío de lectura, ni con mi proyecto ultra-secreto del que hablo cada dos minutos.

Supongo que debería desistir del deseo de adelantar el contenido lo más posible para compensar mi desactualización, dejarlos con un título que resuma sin mayores detalles y eventualmente ir desglosando mis aventuras laborales.

No puedo decir que no fue divertido, pero viendo la cercanía del fin de año y, siendo ya mediados de noviembre, sentí la presión constante mientras vendía horas de mi vida, y vi el momento de volver a mis planes iniciales.

Lejos de lo que podría ser la opinión popular sobre mi trabajo y mi renuncia tras poco más de un mes, utilicé mi sueldo, antes de volver a la precaria economía de cualquier joven promedio de 20 años, para hacer inversiones en el canal de YouTube. Sepan reconocer el esfuerzo cuando vean artículos caros, o medianamente buenos, en el canal. Yo soy la única fuente de sustento para esta apuesta de éxito (o solo un hobbie hecho con muchas ganas, según como vaya saliendo, mientras sigan acá mis amigos de siempre).

Conocí a un muchacho en un bar al que fui con una amiga después de mi jornada laboral, y ahora nos llevamos bien. Ese mismo día le hablé de mi canal y también le pasé este blog (un saludo especial, si estás leyendo esto). Me dio sus opiniones sobre el mismo, que me hicieron reflexionar. Primero, sobre la manera descomprometida en que presenté el canal, mencionándolo como algo pequeño entre mis amigos de YouTube (ustedes) y yo, y la indecisión sobre si realmente quiero que crezca o no. Para él, parecía una contradicción entre hacerlo público y, al mismo tiempo, no querer que lo sea. Como sea, lo que aprendí fue a ser más ambiciosa con el proyecto, tomándomelo de otra forma. Volví, ya hace un tiempo (y ahora aún más), a desear ser esa estrella punk que siempre está en algún lugar de mí. Él me está dando buenos consejos y ejemplos sobre cómo podría ser el contenido, que antes de ésto carecía completamente de definición y ahora comienza a tomar forma.

Extraño muchísimo hacer videos, pero me hice una promesa sobre cómo regresar, y ahora me veo encasillada en lo que debo hacer, con una propuesta que requiere bastante trabajo. Me gusta la idea, así que espero poder avanzar a pasos grandes no solo por la constancia, sino por episodios maníacos que me harían un favor de surgir ahora, como con los libros atrasados del desafío. Sin embargo, eso también representa un problema: no puedo hacer ese video, ni tantos otros. Puedo hacerlos pero no podría publicarlos, y me conviene invertir ese tiempo y esfuerzo en terminar lo otro para después sí poder dedicar todo al canal exclusivamente. Ya saben, el que mucho abarca poco aprieta, a lo cual me rehuso. He tenido muchas ideas divertidas, pero me veo limitada por un deber autoimpuesto y, en igual medida, por la necesidad de cumplir con mis propias expectativas. Todas esas ideas de cualquier manera están anotadas en papel y son potenciales videos del futuro.

Ayer fue un día muy desafortunado, como casi todos los anteriores. Intento ponerle buena cara y actitud, como siempre, aunque es difícil que eso se traduzca mágicamente en sentirme bien. Al final, termino con un dolor de cabeza persistente y una mente repleta de pensamientos negativos que regresan siempre a los mismos puntos.

Un sentimiento muy frecuente es la inseguridad respecto a todo, y me parece esa la forma más sencilla de explicarlo. Esa sensación de que, si alguien más hace cualquier cosa, automáticamente lo hace mejor que yo, incluso si objetivamente no es así, o tan solo da absolutamente igual. Sentir que todo mi trabajo es basura, que no valgo nada, que quizás nunca llegue a ningún lado, y que la vida sea un laberinto del que no logre encontrar la salida a la realización antes de mi defunción. Como siempre, seguiré intentando; seguiré tratando de sentirme una hablante de español, en lugar de alguien sin idioma, sentirme una persona completa, en lugar de alguien sin identidad, nombre, especie ni cultura. ¿Quién escribe estas palabras?

No cesan mis pesadillas; casi no puedo dormir.

Seguiremos en contacto.

Con cariño,

Celeste Torres.