jueves, 29 de mayo de 2025

Un Nombre Maravilloso

Una chica, no la conozco yo pero no está a muchas personas de distancia mía, se llama Lariliris Arcoíris.

En el DNI dice así, es en serio.

¿No es genial? ¿No queremos todos llamarnos así?

miércoles, 28 de mayo de 2025

¿Qué necesidad de ser tan cruel?

Corrección necesaria:

Varias personas se comunicaron conmigo por privado diciéndome que estaban de acuerdo conmigo, dejando en claro que, en realidad, eran aproximadamente tres personas (como mínimo, creo que incluso algunas más) las que estaban realmente molestas y actuando con crueldad. Pero hacían "mucho bulto" al no ser tantos los que escribieran al grupo en defensa, entonces parecía tratarse de un "todos", y más aún en el fervor de la situación.

Otras personas —algunas que llegué a ver, y otras no, pero de las que me llegaron capturas de pantalla— intentaron defenderme y también terminaron siendo atacadas por este mismo grupo de personas violentas, ignorantes, conflictivas y profundamente desconsideradas.

Por eso hubo quienes prefirieron escribirme directamente a mí, para evitar que los molesten, y otros que parecían estar de acuerdo pero optaron por callar porque sabían que no había forma de establecer un diálogo real con esta gente.

En medio de todo esto, y por el malestar que me generó la situación entera, me referí a "toda la comisión", porque no me puse a contar uno por uno quién estaba atacando; solo veía críticas injustificadas y agresiones gratuitas que caían sobre mí sin cesar.
Pero lo cierto es que no fue toda la comisión. Y lo aclaro, porque se los debo.

Otra consideración aparte:

Una de las chicas que se ha sumado a este ataque injustificado, Leila, respondió —luego de que yo dijera que no llegarán a nada en la vida si siguen siendo así— diciendo que es enfermera, como queriendo señalar: “yo sí llegué a algún lado”, o peor, como si me estuviera ganando en algo.
Incluso comentó que si algún día necesito de sus servicios, no piensa brindármelos.

Tranquila, Leila. No tengo un abuelo que se cague encima, así que no voy a necesitarte.
Andá a buscar a otras personas que necesiten que les cambies el pañal.
No sos doctora, Leila.


Hola, amigos.
Honestamente, estuve pasando un día bastante duro, luego de ser fuertemente apaleada por toda la comisión de la materia Expresión de Problemas y Algoritmos, de la que hablaba en alguna entrada anterior (estoy bastante convencida de que fue un par de entradas atrás).

Logré mi cometido y abogué por todos. Mi mail, redactado a mis profesores y al director de la carrera simultáneamente, me aludía como representante de varios: aquellos varios que, en el grupo, expresaron su desacuerdo con el desatino del profesor, limitándose a intentar nada más, sin participar con demasiada actividad, más que relatar sus sentimientos al respecto entre nosotros.

Cabe destacar que, personalmente, noto un miedo bastante marcado a la comunicación con puestos jerárquicos más altos por parte de mis pares. Por esto mismo suelen dejar todo entre ellos, quejarse haciendo suposiciones sobre la maldad ajena —que finalmente inventan— (y que quizá, no lo afirmo para nada, provenga de un reflejo de la maldad propia que se aloja dentro de ellos y los hace creer que todos son así de crueles), o incluso inventan cosas colectivamente que todos creen sin más (rumores), porque nunca tienen el coraje de hablar con las personas en cuestión.

El profesor me respondió positivamente: logré otra instancia de recuperatorio para todos, de la que, al final, puede que incluso me haya arrepentido. En parte estoy contenta, pero no vale todo el odio que se dirigió hacia mí sin ninguna justificación. Solo por eso, en parte, hubiera deseado no haberlos ayudado, porque son los mismos a los que ayudé quienes han sido malos conmigo. Sé que no me hubiera hundido desaprobar, y que, sin más, me habría anotado la próxima vez con otros profesores. Así que espero salir victoriosa de esta nueva instancia, para sacar la curita de un solo tirón.
Así mismo, sin cuidado de no ofender ni de quedar bien, espero que fracasen en cada proyecto que tengan por ser activamente malos.

Noté mucho últimamente a esta gente, con características muy esenciales para categorizarse así: no luchan por triunfar, solo luchan por bajarte, incluso si no ganan nada por aquello. Justamente por eso no suele irles especialmente bien, ni tienen paz un solo día.

Por esto mismo llevo, generalmente, una trenza a mis clases universitarias, con el fin de protegerme energéticamente. Cuando iba al liceo de inglés, iba con el pelo suelto, porque la gente allí era muy cálida y buena. Se siente en el aire el ambiente hostil, y no quiero ni rozarlo de cerca.

Siento que hay muchas categorías de gente mala, pero creo que pueden aquellas ramificaciones partir de dos bases fundamentales: el malo inteligente, y el malo ignorante. No lo sé, quizá deba pensarlo más a fondo y traer mis ideas después. Por ahora dejo esto como borrador de la idea. ¿Ustedes qué piensan?

Todo esto me recordó por qué titubeo en volver al canal de YouTube: porque ahí también la gente es bastante mala. Por suerte, dar mi mensaje escrito resultó ser un filtro bastante grande de gente cruel. De cualquier forma me gusta hacer videos y sé que voy a volver, pero estas situaciones me duelen y cansan.

Me perdí una parte del chat (que no deseo recuperar), dado que salí del grupo en medio de toda esta situación desagradable. Solo voy a decir un par de cosas:

El principal sujeto que molestaba expresó que mi nota era agresiva. Es la misma nota que ustedes tienen. Júzguenlo ustedes mismos, porque no tiene un ápice de agresividad. Ni siquiera me da pudor mostrarla, ni mostrar el mail que he redactado, porque tengo la consciencia limpia respecto de cada paso que di.
Se dijo también de un supuesto "acomodamiento" por ser hija de uno de los profesores con mayor antigüedad, cuando todo esto fue charlado con el director de la carrera —de quien no soy hija— y nada de mi genealogía me quita el derecho de ser una alumna más, que puede reclamar lo que le corresponde igual que todo el mundo.

Cuando además dijeron eso, desmeritando todo mi trabajo (que no fue solo por y para mí, sino para todos), e incluso si "estuviera tan acomodada", ¿no pueden ver lo que les conviene? Sea por lo que sea, ayudé a todas las personas que desaprobaron ambas instancias a no perder una materia que se da una vez al año. No fui solo a salvarme a mí, fui por todos incluso a costa de exponerme a situaciones como esta, y no pueden ver ni lo que eso conlleva ni que tengo sentimientos. Y lo único por lo que pueden responder al grupo es para atacar a alguien que no ha hecho nada en contra de nadie. Ni siquiera del mismo profesor, porque en ningún momento pedí ni quise ningún tipo de medida perjudicial para él —como por ejemplo, que lo echen—, sino que pedí algo justo, de frente a él, con absoluto respeto, con mi cara, mi nombre, mi DNI, y dos cojones que a ellos les hacen mucha falta.

Porque podrán venir a hacerse los cocoritos en el chat, pero en persona no pueden más que hacerse pis encima. Y ni siquiera pueden leer o pensar, incluso aunque alguien los esté ayudando. Solo pueden ser activos escribiendo para atacar en masa a una sola estudiante. Pero para defenderse a sí mismos no pueden ni siquiera redactar una nota sin vomitar de los nervios, de toda la inutilidad que llevan consigo, y que no los va a arrastrar más que al fracaso que les depara si siguen siendo así.

Y aun así, creen que están haciendo algo productivo o inteligente, porque tienen un cerebro del tamaño de un pequeño maní.

No, Servacio, no sos importante para nadie. Ni para el presente, ni para el futuro. No aportás a la inteligencia, ni al respeto, ni a la construcción de absolutamente nada. Sos ruido. Sos el tipo de persona que no queda en ninguna memoria por mérito, solo por lástima o fastidio.

Te deseo que algún día sepas lo que es hacer algo valioso, algo verdadero, aunque sea una vez en tu vida. Si te animás, claro. Si podés solo.

Yo salí del grupo. No porque me sintiera en falta, sino porque ya nadie estaba realmente leyendo lo que yo decía. Porque me di cuenta de que hablaba con paredes, con rencores disfrazados de personas, con miradas incapaces de ver más allá del reflejo de su propia mediocridad.
Y sí, me dolió. Porque puse mi cara y mis palabras por todos. Porque lo hice sola, mientras ustedes se escondían atrás del teclado y se pasaban la lengua por las heridas sin hacer nada para curarlas.

Cuando además ser hija del profesor y dar la cara es peor que si alguno de ustedes hubiera intentado algo, porque pareciera que tengo la reputación mía y una ajena ligadas, cuando somos dos personas diferentes.

Es bastante complicado vivir, pero además se suma esta cantidad absurda de gente que pareciera amar volver todo más difícil. Es difícil poder confiar en la gente por estos motivos.
También hubo algunas personas que hablaron de mí en el chat de sistemas general, porque se ve que me conocen de las redes y saben quién es mi papá. La verdad, ni siquiera sé si existen palabras para explicar lo desagradables que me parecen, y si las hay, nunca me parecen suficientes.

Los quiero mucho. Honestamente todo esto me puso triste. Estaré intentando sentirme mejor, y les contaré al respecto. Nos vemos, amigos míos. 

sábado, 24 de mayo de 2025

Voluntariado "los hijos de puta"

Hace ya un par de semanas tomé la decisión de integrarme a un voluntariado cuyo principal objetivo es visitar asilos y brindar compañía a ancianos que, por diversas razones, han sido dejados en el olvido por sus familias. No deseo generalizar ni condenar en bloque a estas instituciones; no comparto la visión de aquellos que las consideran meros depósitos de almas a la espera de la muerte. Personalmente, no me opongo a la existencia de los asilos, pues reconozco que, bien administrados, pueden ser un amparo digno para quienes ya no pueden valerse por sí mismos. No obstante, también creo firmemente en la necesidad de acompañar a quienes allí residen.

Sostengo, con toda honestidad, que nadie está obligado a asumir el cuidado pleno de un anciano desvalido, como si de un enfermero se tratase; para eso existe una profesión, y es justo que así sea. Mucho menos considero que sea menester de una persona corriente encargarse de higienizarlos, cambiar pañales o lidiar con delirios incomprensibles. Tales escenas, en mi opinión, rozan lo insoportable, y me conducen —sin ironía ni ligereza— a considerar la eutanasia como una salida digna que la sociedad aún se resiste a mirar de frente. El dolor del que se apaga no debería imponerse sobre el del joven y pleno.

Esta iniciativa nació de dos fuentes bien definidas: por un lado, el deseo latente de colaborar con un comedor barrial que descubrí próximo a mi casa, aunque sin lograr hallarle medio de contacto claro; por el otro, una charla con mi hermana Giuli, a quien le manifesté cuánto placer me brinda conversar con mujeres mayores. Fue ella quien, con esa simpleza que a veces revela los grandes caminos, me sugirió lo del voluntariado.

Y así, combinadas ambas inquietudes, inicié sin más la búsqueda.

Pronto hallé un lugar, me inscribí y asistí.

Allí conocí a varias señoras de noble espíritu, entre las que se destacaron Ángela y Carmela, con quienes establecí un lazo inmediato. Ángela, en particular, despertó en mí una ternura especial: me mostró, con orgullo intacto, las pinturas que había realizado en el asilo y, con gesto afectuoso, fue a buscar a su habitación un cuaderno de mandalas para compartirlo conmigo. Después de una tarde de bingo, canciones folklóricas y pulseritas, me despidió con un agradecimiento tan hondo que me dejó una especie de vacío por dentro. Hubiera querido quedarme un rato más, hablarle un poco más, expresarle que, en realidad, era yo quien debía agradecerle por ese instante compartido.

No obstante, la organización que coordina dicho voluntariado impone reglas estrictas, cuyo fundamento me es ajeno.

Les escribí con el afán de hacer dos humildes consultas: si sería posible regresar al asilo para entregarle a Ángela un pequeño libro de mandalas como obsequio, y si resultaría inconveniente obsequiar una pulserita de la amistad a un hombre sin hogar ni lecho más que el suelo sucio de un banco que mencioné en una entrada pasada de mi blog.

En cuanto a lo de Ángela, su respuesta fue tajante. Rechazaron la propuesta con la explicación de que no desean que los voluntarios entablen vínculo alguno con los residentes. Por ello, rotan constantemente los asilos y a quienes los visitan, de manera que difícilmente se repita un encuentro. Al parecer, el propósito no es propiciar el contacto humano, sino evitarlo. Me resultó extraño. Del mismo modo, te advierten que el lugar al que serás asignado puede encontrarse cerca o lejos de tu domicilio, y sólo lo informan una vez que ya no hay posibilidad de cancelar.

Acepté, sin embargo, sus condiciones. No volví a ver a Ángela, ni actué por fuera de las indicaciones recibidas.

Tiempo después, cuando intenté confirmar una nueva visita, aconteció la lluvia anunciada con granizo de la semana pasada. No sabría decir si llegó a granizar efectivamente, pero sí recuerdo los estragos causados en mi vivienda, con fragmentos del techo de mi habitación cediendo al paso del agua y el agua sobresaliendo por las tuberías tapadas del baño y la cocina. Ante semejante situación, me pareció imprudente asistir. Informé con antelación mi ausencia, sin imaginar que tal gesto sería recompensado con la suspensión de mi cuenta. Además, esta organización no sabe cuáles medios de transporte utilizo para llegar hasta dicho destino, me es complicado sentir que no consideren nada de esto.

Comprendo que no se deba cancelar por motivos vanos, pero no deja de tratarse de una labor voluntaria, no de un empleo. No me pareció justo que se procediera con tanta severidad. Alegan que cada voluntario transporta materiales de importancia, aunque en mi experiencia, ninguno de los que yo llevé fue utilizado durante mi visita. Y más aún: se supone que vamos a acompañar, no a distribuir cartón. Los ancianos, estoy segura, valoran mucho más una charla amable que cualquier recurso manual.

Incluso advierten que, si uno llegase a olvidarse las pulseritas de la amistad, no se le permitirá el ingreso al asilo y se cancelará su cuenta de forma definitiva. Una regla excesiva, por decir lo menos.

Me ofrecieron solicitar una “última oportunidad”. Pero he decidido, con plena convicción, no hacerlo. No deseo someterme a esa forma de humillación por el simple hecho de querer ayudar. Buscaré otro espacio donde colaborar, y si la suerte me acompaña, que sea cercano a mi hogar.

Tal vez me acerque a llevarle aquel librito a Ángela, sin necesidad de pedir permiso, ni esperar aprobación de quienes han olvidado, quizá, qué es realmente tener corazón.

Nos vemos, amigos míos.

jueves, 22 de mayo de 2025

Una Pequeña Actualización de Muchas Cosas

Desde intentar ser cabecilla de una revolución universitaria hasta aprobar —con satisfacción inesperada— el primer parcial de la materia que creí perdida. Tampoco quiero olvidar mencionar a una pequeña acompañante —porque decido, arbitrariamente, que es femenina— que espero me siga en muchas aventuras que ahora comienzan (spoiler: tiene cara felina).

Ya rendí el primer parcial de todas las materias, y la verdad es que las injusticias burocráticas intensifican emociones que ya de por sí trae el proceso evaluativo.

Tengo un profesor que ha sido entrevistado varias veces y ha escrito algunos textos que pueden encontrarse en MercadoLibre, junto con una biografía seria sobre su vida. Me alegra haberme anotado con él. Ha dicho frases que no pude dejar pasar sin anotar con tinta en mi cuaderno universitario, como "no podés ir por la vida creyendo que sos una mierda".

Acabo de darme cuenta de que ese pensamiento nació mientras escribía, y quizá no sea del todo relevante. Lo dejaré ahí, flotando. Les regalo esa frase.

No voy a entrar en los detalles del problema que tuve. En su lugar, les comparto la nota que quizá sea enviada al director de carrera, si encuentro compañeros dispuestos a firmar por la causa. Por ahora, mi panorama es el de una materia perdida —con muchas correlativas encima— sin saber del todo por qué. Salí sintiéndome victoriosa (como mencioné en una entrada anterior). Respondí cada consigna. Y sin embargo, obtuve un dos. No niego que pude haberme equivocado, pero me resulta incomprensible que todo esté mal. Tampoco entiendo cómo se espera que tomemos el recuperatorio con un enfoque “distinto”, sin siquiera saber qué falló.

Mejor lo resumo con la nota. Mi cerebro ya está bastante taladrado por la lucha estudiantil y, honestamente, no me pone mal. Solo quiero dejarla acá, para que me ahorre una explicación:

22 de mayo de 2025. 

A quien corresponda: 

Por medio de la presente, les queremos expresar una situación que consideramos injusta y preocupante, ocurrida en la cursada de la materia Expresión de Problemas y Algoritmos, dictada por el profesor Pepito Alvarado. 

El día jueves 15 de mayo, rendimos el primer parcial de la materia. El profesor estableció la fecha del recuperatorio para el jueves 22 de mayo, es decir, exactamente una semana después. Esta decisión fue tomada antes de entregar las notas y sin que los estudiantes tuviéramos acceso a la corrección ni posibilidad de revisar nuestros errores con suficiente antelación. 

Además de esta planificación cuestionable, la entrega de notas del parcial fue realizada recién el mismo jueves 22 de mayo a la 1:57 a.m., en plena madrugada, unas horas antes del recuperatorio. Esto significa que muchos estudiantes se enteraron si estaban en condiciones de rendir o no solo horas antes de la instancia, sin tiempo ni para organizarse ni para estudiar adecuadamente en caso de necesitar recuperar, también afectando su posibilidad de conocer en qué habían fallado para garantizar su aprobación respecto del primer examen. Esta modalidad atenta contra la posibilidad de preparación real y justa de los alumnos, y puede afectar seriamente nuestras oportunidades académicas. 

Contamos con pruebas que respaldan lo mencionado: 

  • El mensaje enviado por el docente a todos los alumnos donde admite que las notas serían subidas “a última hora”. 

  • La hora de publicación de las calificaciones en el campus virtual de la Universidad Nacional de los Crayones Amarillos.

Solicitamos que esta situación no vuelva a repetirse, y que se revise el accionar del docente en este caso. Asimismo, quienes firmamos esta nota, en particular quienes desaprobamos el parcial y no pudimos superar el recuperatorio, solicitamos que se nos brinde una nueva instancia de recuperación, ya que la forma en la que se manejaron los tiempos y las devoluciones nos colocó en una situación de desventaja evidente e injusta. Consideramos que es lo más razonable y justo para evitar que se nos condene a perder la cursada por causas ajenas a nuestra responsabilidad. 

A continuación, dejamos constancia de las firmas de quienes suscriben este pedido. 

¿Conocen a Macedonio Fernández?

Era un escritor argentino que, por convicción, dejaba su poesía sin terminar, varada en la calle, como forma de expresión artística. Así, resumido brutalmente.

Hace meses quería comprarme una impresorita térmica —sí, todo tiene que ver—, pero me daba culpa gastar plata en eso. ¿Y si me la compraba y no la usaba más? El consumismo más tonto, el que te lleva a comprarte una impresora solo porque tiene cara de gatito (aunque planeo pintarle otra, quizá un dragón, porque como me gusta Luis Miguel y me gusta mi novio, también me han de gustar los dragones).

Así que me limitaba a mirarla. Y volver a mirarla. Tenía el dinero, pero me paralizaba el miedo a equivocarme. Hasta que se lo conté a Mariano, mi novio, y él me la compró. Yo, como gesto compensatorio, compré papel adhesivo —llega mañana—, porque si no, todo lo que imprima se parecerá al ticket de un supermercado. Ya tengo en mente muchos usos. Ya imprimí cosas sin sentido más que el deseo de tenerlas en papel.

Me gustaría copiar la actitud de Macedonio y usar la impresora para hacer arte callejero y espontáneo. Según sus principios, no debería firmar nada, pero tal vez lo haga igual. Con convicciones nuevas, propias. Tomando solo la parte de la idea que me gusta.

En fin. Académicamente no me siento lo mejor del mundo, pero fuera de eso, la paso bien.

Sigo editando videos que aún no subo. No sé por qué.

Extraño a Anoncito Burgués, extraño a Terrco, a Luca y a Sebastián Delgadillo (?). No sé por qué me acuerdo de este último, solo sé que fue uno de los primeros en comentar mis videos de YouTube, y nunca más volvió a aparecer.

Espero no haber olvidado ni expuesto a nadie. Aunque este público, de cualquier modo, es bastante nulo.

Ah, quería decir algo más: no estoy corrigiendo tanto las entradas últimamente. Me resulta más divertido así. Solo fluyo.

Nos vemos, amigos míos.
Quizá me vean en un poema varado en un rincón de la ciudad.

lunes, 12 de mayo de 2025

Me Calmé, He Podido Solucionarlo

Finalmente me vi absuelta de todo este enredo grupal cual hirvióme la sangre.

En el instante de mi desistencia a ser tolerante con aquel grupo de gente, de quienes hablé furiosamente, me encontraba convencida a dejar la materia. Siempre igualmente desde aquel lugar en que uno se pone cuando se enoja y jura cosas drásticas, como si la vida respondiera a un karma que ejercés personalmente; "ya no voy a hacer más esto", pero cuántas veces lo habremos dicho en el fervor de la ira.

Fue así que, a la mañana siguiente, redacté un mail que expresaba mi frustración e indicaba que estaba dispuesta a dejar la materia, mas no sin antes intentarlo nuevamente, preguntando por un grupo nuevo.

La profesora me respondió positivamente y asignóseme un grupo.

El chico del grupo nuevo no es muy trabajador, pero tampoco tiene un grado de mala actitud enervante como la gente pasada.

Ante una confusión, o cambio de planes, no estoy segura, teníamos la idea que el parcial primero sería la clase del miércoles pasado, así que preparámonos para exponer y entregar el trabajo parcial. Él no trabajó significativamente y cuando llegó me dijo de forma contundente "Ni idea, no leí nada", a lo cual no hice más que asentir y explicarle lo que entendí e investigué yo. Mas internamente tampoco hice algo más que aquello, no me molestó en lo absoluto simplemente porque era honesto, porque se presentó, y porque tenía una buena actitud. Entiendo que no siempre a uno le vaya bien, o tenga la misma iniciativa de obligarse a hacer lo que no quiere, como en muchos casos estudiar, especialmente para materias que no te resultan agradables.

Finalmente, a pesar de que no resultó ser ese el día de entrega (el primero, porque pensé que lo expondríamos en dos clases dado que había fecha límite, no concreta), la profesora nos impartió preguntas referentes que hemos tenido que contestar. Había otro grupo con el mismo tema que nosotros también. Y, no siempre voy a decir que es así y a endulzar mi actuar, pero fui la única que habló de entre los dos grupos sobre el tema seleccionado, y, sin ningún ánimo de inferir superioridad, me hacen feliz esos momentos. Cuando puedo pensar en una yo desvergonzada y confiada que expone como si estuviera charlando, y muchas veces nace el sentimiento por una comparación con el otro, que deja saberme lo que me place ser y lo que no, pese que últimamente la calma (como para hacer esto último, de exponer como una charla), no fue mi mejor aliada.

Intento acostarme a dormir pese no tener sueño, pero no por esa obligación personal puedo relajarme lo suficiente. No puedo si medito, y a veces me cuesta estar en silencio conmigo misma. Consecuentemente, a la noche, cuando los fantasmas salen a merodear, y ese silencio tortuoso abunda, angustiosos pensamientos consúmenme.

Últimamente quiero hacer de todo, e incluso quisiera, como ya tantas veces he expresado, que fuera considerable la opción de no dormir en lo absoluto y que eso no suponga nada. A veces siento que necesito más horas al día, siempre más y más, y no dormir. Intento hacerlo, sé que mi cerebro lo necesita, pero mi cuerpo no lo desea, ergo, no lo hace.

Si no se acuerdan, o no han leído la anterior entrada, he dicho que desaprobé un parcial por procedimientos nerviosos. No pienso consumirme en culpa por aquello, pienso dar un recuperatorio con más calma.

Ahora tuve otros parciales, de los que salí sintiéndome muy victoriosa. Ya veremos si eso se coindice con la realidad, porque no toleraría una mala racha universitaria. No anhelo maldecirme ni pecar de vanidosa. No diré más nada. Tampoco he contado a nadie de mi entorno que tenía parciales porque no quería tener ojos sobre mis hombros, y si desapruebo no necesito arrastrar un comentario lastimoso conmigo.

Nos veremos pronto, amigos míos.

viernes, 9 de mayo de 2025

Hijos de re mil puta los odio

Comienzo a sentirme una inútil, como un sentimiento que crece con cada día que pasa, que se convierte, lenta y progresivamente, en identidad.

Me siento en crisis, y sé reconocer que, si no es una crisis, es, sin embargo, otra —siendo siempre una pesadilla interminable (aunque al menos ya no trate de castillos malditos ni de gente metafóricamente gris y violenta).

Por lo menos, ahora que vuelvo a escribir —aunque no confundan escribir con publicar—, tal vez empiezo a sentir desvanecerse un poco el síndrome del impostor, en estas letras digitales erróneas que no siempre logran su cometido. Siento que me revuelven el cerebro, cuando el mismo mueve mis dedos con meticulosa precisión, como una araña camina con sus ocho patas, para exteriorizar desesperadamente una serie de ideas de dudoso valor. Ingrésenlas con sus retinas, si les place, cuidadosamente.

Estoy considerando abandonar una materia de la facultad. No deseo profundizar demasiado, pero sí contarles mis desventuras universitarias.

Tuve un parcial con el profesor, con quien dicté clases par a par cuando fui una ayudante informal, y lo desaprobé: tachones nerviosos, números confundidos, pero en su mayoría, procedimientos correctos (aunque algunos noté que no lo eran, y un compañero, muy amablemente, me los explicó). Honestamente, creo poder hacerlo mejor la próxima vez, pero a veces conflictuóme con el sistema educativo. Es verdad que sé —exceptuando los procedimientos incorrectos, que fueron minoría—, pero no es posible este fracaso tomado con tal severa calma: no comprendo aún mi conflicto con la evaluación. No entiendo por qué nunca siento que pueda irme realmente bien, aun deseándolo con fervor.

Como fuere. Hablaré de la materia que potencialmente abandonaré.

Es una materia que he defendido como importante, para luego desdecirme por el modo en que se dicta. Siento, personalmente, que es un desperdicio en muchos sentidos. Proponen bibliografía obligatoria de autores desconocidos, sin editores ni revisores, por lo que está mal redactada y no se entiende. Muy seguramente sean conocidos de alguien dentro de la universidad, pues son contemporáneos, pero ni siquiera aparecen al buscarlos por internet. Por endulzar la expresión, digamos que son acomodados, independientemente de si su lectura es intelectualmente rica o no. Quizá para alguien lo sea; para mí, personalmente, no. Me parece basura desde el momento en que se torna difícil sin motivo alguno. Conversé sobre ello con un compañero que cursa la misma materia, y opinó igual: el texto es rebuscado, en exceso, y no se comprende.

La profesora exige demasiados trabajitos tontos sin calificación, que son una pérdida de tiempo y, francamente, horribles. En especial porque le fascina formar grupos. Y no me malinterpreten: soy una fanática del trabajo grupal, de charlar, de compartir. Pero hay gente tan vaga en este seminario horrendo, que quisiera que me permitieran al menos no depender de alguien egoísta.

Para ponerlos en contexto, pidieron uno de esos trabajos como siempre (este con algo más de formalidad, y después venía el parcial). Aquello fue dos clases atrás, cuando me senté, como siempre, en cualquier lugar, y formamos grupo con las chicas que estaban detrás mío y que conocí en ese mismo momento. El grupo de WhatsApp se creó ahí mismo. Éramos cuatro.

En ese instante dijeron que la semana siguiente habría que hacer otro trabajo que nos asignarían, y a la siguiente, el trabajo práctico que funcionaría como el primer parcial (todo grupal).

He de admitir varios errores míos, pero no por ello me arrepiento de ellos:

La clase siguiente falté. Fue una decisión intencionada. Mi primera y única falta en todo este tiempo. No fue por olvido, ni por descuido, ni por desdicha. Mas se ve que ese día agregaron a tres varones al grupo —o quizá los sumaron antes, quién sabe—; no los conozco, ni los he visto jamás. Resultaron unos completos inútiles: uno, sin ningún pudor, dijo que alguien hablara por todos (claramente él no), para así llevarse la nota gratis, ya que le daba vergüenza —lo cual no me conmueve en lo más mínimo. Discutí con él, y las otras chicas —quienes poco después también me caerían mal— parecían estar de acuerdo. Una intentó mediar y dijo que daba igual, que si le daba vergüenza, pues que no hablara. No puedo quejarme lo suficiente de tal resolución, porque afortunadamente a ella no le hierve la sangre como a mí en aquel momento, o lo soluciona sin enredos extra, cuando a mí me cuesta simplemente regalarle mi esfuerzo a alguien así.

Hubo más comentarios desagradables, y no volví a responder. Segundo error mío, y tampoco esperen arrepentimiento. Aun así, dije que expondría sin problema alguno: si son tan pudorosos, hablo yo por ellos, y ya está. No pretendía desentenderme, pero tampoco cargarme al hombro un grupo horripilante. Muchos de estos sujetos ni siquiera habían hecho nada, ni planeaban exponer tampoco. Téngase en cuenta que el máximo de integrantes para el parcial era seis. Y esta boluda metió a más, a quién sabe quiénes. Dios. Estoy saliéndome del personaje escritor porque me da una bronca esa chica estúpida. No pueden verme, pero haré una pausa para beber agua.

Continuemos. En resumen: metieron más del máximo permitido. Otra chica hizo el PowerPoint y puso el nombre de absolutamente todos, menos el mío. Ella tenía mi nombre. Justo el mío olvidó. Cuando, además, el resto no hizo nada. ¿Por qué se la agarró conmigo, esa pelotuda?

De haberlo sabido, me hubiera sentado en otro lugar, lejos de esta manga de mogólicos.

Sea como sea, pienso abandonar la materia y recursarla el cuatrimestre que viene. Ya no voy a conseguir otro grupo. Y creo que, además, me ayudaría a seguir el ritmo de las otras materias y de mi vida: del blog, de mi marido, del canal de YouTube, y de mis pasatiempos, que contribuyen a intentar mantener encendida la llama de esa vela que me significa el deseo —aquel del que hablaba— de despertar mañana. Quizá incluso me sirva para mejorar la calidad de las notas en el resto de las materias.

Dejo esto acá, porque ya estoy muy enojada y tensa.

martes, 6 de mayo de 2025

Silencio Absorto

Me está costando escribir y publicar mis creaciones, del mismo modo en que me cuesta hacer videos y exponerlos a la luz del día. Siempre siento que les falta pulido, incluso aunque suelo ser más partidaria del método de prueba y error, que fomenta el ejercicio de hacer lo que a uno le gusta.

Intenté también escribir algo más que reflexiones; aunque con "intentar" solo me refiero al mero esfuerzo de haberlo pensado. No sé qué me pasa.

Honestamente, después de tantos intentos fallidos y de la autoestima tan baja que me generaba mi obra creativa, decidí que era momento de consumir más de lo que creaba. Enriquecerme, para dejar que las ideas fluyan con más libertad. Estuve leyendo mucho, y nada me gustó.

Estoy en la facultad, y no me emociona para nada. Hay muchas cosas que me disgustan. A veces hay situaciones que me dan ganas de encerrarme en mi cuarto con una bolsa en la cabeza, y quizás sea la peor de mis analogías para describir este momento de mi vida.

Me duele un poco existir cada día, y quizás sea mi costumbre de siempre buscarle un lado positivo a las cosas, pero siento que estoy incluso un poco mejor que antes. Por lo menos, sé que deseo despertar mañana, aunque a veces me cueste hacerlo; no despertar, sino desear. Desear algo, lo que sea. ¿Qué deseo?

Mi esposo me hace feliz y me ayuda muchísimo, en muchos sentidos. No creo volver a mencionarlo en cada ocasión, pero pueden tenerlo en cuenta. Es muy importante. Hasta confesaría que mi único deseo es hundirme en mi lecho entre sus brazos, sin que corra el tiempo. Por suerte, tuvimos un fin de semana largo algo así, y pude invitarlo a mi casa como si fuese un inquilino más. Como todo siempre tiene su contracara, por desgracia, eso ya terminó, y lo lamento profundamente.

Sé que no quiero hacer más que un pequeño grupo de cosas particulares, y no deseo nada más que eso. Sin embargo, sería engañoso decir que no quiero hacer otras cosas que sé —o supongo— que me harían bien. Y cómo explicar que puedo contradecir esa afirmación en un solo minuto, porque hay algo que falla en el medio.

¿Será solo una cuestión de vagancia o de barreras imaginarias?

Para estar costándome leer, pedí un libro de difícil lectura en la biblioteca: Don Quijote de la Mancha. No sé bien qué pensar.

Creo entender lo más importante: un señor está muy loco, se cree caballero, es medio papelonero, y vive aventuras. Siempre que aparece una nota al pie diciendo que cierta parte fue escrita "humorísticamente" por Cervantes, no logro encontrar el humor en la frase. No me genera nada.

Necesito agarrar un buen libro. Ya leí uno sobre energía, muy viejo, del que me arrepiento; estuvo a dos renglones de decir que la energía la creó Dios. Pensé que sería más científico, pero terminó siendo un cúmulo de opiniones de alguien que no conozco ni me interesa. Después leí La política de Aristóteles. Estuvo bastante bien, pero no me encendió ninguna chispa. No recuerdo qué más leí, honestamente. Sé que pedí más libros, leí más, y ninguno despertó nada en mí. Ya decidí mis próximas lecturas, que por lo menos lucen prometedoras.

Intenté ser muchas cosas, pero no sé cuál fue el rédito de lograr ser siquiera la mitad de todas ellas. Intento analizar por qué a cierta gente le sale bien lograr lo que a mí me gustaría lograr, y llego a conclusiones que pueden ser válidas, pero quisiera ir más allá y descubrir mi propia fórmula.

Sería una pena que justo ahora no quiera hacer nada, y ni siquiera me interese fingir que quiero hacerlo.

En general, me gusta estudiar. Pero ahora no me gusta estudiar lo que me dicen que estudie. Me gusta leer, pero no puedo disfrutarlo porque no encuentro la obra adecuada, aun probando con muchas distintas, saltando de libro en libro cada semana. Me gusta hacer amigos, pero a veces me estresa. Me da miedo también.



viernes, 2 de mayo de 2025

Partido y Tequeños con mi Futuro Marido

Les voy a dejar una secuencia de imágenes de lo que fue nuestro domingo veintisiete con mi novio.

Voy a dejar que las imágenes hablen más que yo; apenas voy a describirlas, mínimamente:

La ocasión que nos reunía —además de ser esa, por naturaleza, la razón de todos los domingos— había sido el partido de Boca y River. Entiendo muy poco de fútbol, pero mis análisis sociológicos superficiales, cultivados a lo largo de los años, me llevaron a notar que la gente de River tiende a caerme mal. No me pregunten por qué; era simplemente un patrón que se repetía: todos los de River me caían mal. De la misma manera en que los de Boca, mágicamente, me caían bien.
Fuera de eso, soy una persona que necesita oír a otra emocionada gritar "¡gol!" para poder fingir que me emociono yo también, como si realmente me importara que un grupo de personas haya logrado patear una pelota hacia un arco con una red detrás.

Sabiendo que a mi futuro marido le importan estas cuestiones, decidí pensar un rico menú para degustar mientras mirábamos el partido.

Me desperté a las ocho menos cuarto de la mañana y, antes siquiera de tomarme un café, empecé a cocinar: tequeños y sanguchitos hojaldrados.
Cuando dejé la masa de los tequeños reposando en la heladera, me hice, por fin, mi café. Que, dicho sea de paso, volvía a enfriarse una y otra vez, y yo lo volvía a calentar, una y otra vez.

Finalmente quedó todo listo, y me fui a bañar, vestir y maquillar.

Llegó mi novio, que además trajo ropa adecuada para el día.

Cuando empezó el partido, la verdad es que me aburrí demasiado rápido. Así que me consintió: sacó el partido de la pantalla grande y lo puso en su celular. Mientras tanto, nos pusimos a jugar al Resident Evil 4.
Técnicamente es mi partida, pero cuando me da mucho miedo se lo paso a él, y él completa las partes difíciles (que son casi todas). Intento atreverme a intentarlo pero no duro mucho.

Perdió Boca, pero bueno, nosotros la pasamos bien igual.

Cenamos fideos con salsa boloñesa, y nos quedamos jugando hasta tarde. Después nos despedimos para irnos a dormir.

Fin.

https://pdf.ac/1g071M ese es el link del pdf. Espero que funcione bien