Hace ya un par de semanas tomé la decisión de integrarme a un voluntariado cuyo principal objetivo es visitar asilos y brindar compañía a ancianos que, por diversas razones, han sido dejados en el olvido por sus familias. No deseo generalizar ni condenar en bloque a estas instituciones; no comparto la visión de aquellos que las consideran meros depósitos de almas a la espera de la muerte. Personalmente, no me opongo a la existencia de los asilos, pues reconozco que, bien administrados, pueden ser un amparo digno para quienes ya no pueden valerse por sí mismos. No obstante, también creo firmemente en la necesidad de acompañar a quienes allí residen.
Sostengo, con toda honestidad, que nadie está obligado a asumir el cuidado pleno de un anciano desvalido, como si de un enfermero se tratase; para eso existe una profesión, y es justo que así sea. Mucho menos considero que sea menester de una persona corriente encargarse de higienizarlos, cambiar pañales o lidiar con delirios incomprensibles. Tales escenas, en mi opinión, rozan lo insoportable, y me conducen —sin ironía ni ligereza— a considerar la eutanasia como una salida digna que la sociedad aún se resiste a mirar de frente. El dolor del que se apaga no debería imponerse sobre el del joven y pleno.
Esta iniciativa nació de dos fuentes bien definidas: por un lado, el deseo latente de colaborar con un comedor barrial que descubrí próximo a mi casa, aunque sin lograr hallarle medio de contacto claro; por el otro, una charla con mi hermana Giuli, a quien le manifesté cuánto placer me brinda conversar con mujeres mayores. Fue ella quien, con esa simpleza que a veces revela los grandes caminos, me sugirió lo del voluntariado.
Y así, combinadas ambas inquietudes, inicié sin más la búsqueda.
Pronto hallé un lugar, me inscribí y asistí.
Allí conocí a varias señoras de noble espíritu, entre las que se destacaron Ángela y Carmela, con quienes establecí un lazo inmediato. Ángela, en particular, despertó en mí una ternura especial: me mostró, con orgullo intacto, las pinturas que había realizado en el asilo y, con gesto afectuoso, fue a buscar a su habitación un cuaderno de mandalas para compartirlo conmigo. Después de una tarde de bingo, canciones folklóricas y pulseritas, me despidió con un agradecimiento tan hondo que me dejó una especie de vacío por dentro. Hubiera querido quedarme un rato más, hablarle un poco más, expresarle que, en realidad, era yo quien debía agradecerle por ese instante compartido.
No obstante, la organización que coordina dicho voluntariado impone reglas estrictas, cuyo fundamento me es ajeno.
Les escribí con el afán de hacer dos humildes consultas: si sería posible regresar al asilo para entregarle a Ángela un pequeño libro de mandalas como obsequio, y si resultaría inconveniente obsequiar una pulserita de la amistad a un hombre sin hogar ni lecho más que el suelo sucio de un banco que mencioné en una entrada pasada de mi blog.
En cuanto a lo de Ángela, su respuesta fue tajante. Rechazaron la propuesta con la explicación de que no desean que los voluntarios entablen vínculo alguno con los residentes. Por ello, rotan constantemente los asilos y a quienes los visitan, de manera que difícilmente se repita un encuentro. Al parecer, el propósito no es propiciar el contacto humano, sino evitarlo. Me resultó extraño. Del mismo modo, te advierten que el lugar al que serás asignado puede encontrarse cerca o lejos de tu domicilio, y sólo lo informan una vez que ya no hay posibilidad de cancelar.
Acepté, sin embargo, sus condiciones. No volví a ver a Ángela, ni actué por fuera de las indicaciones recibidas.
Tiempo después, cuando intenté confirmar una nueva visita, aconteció la lluvia anunciada con granizo de la semana pasada. No sabría decir si llegó a granizar efectivamente, pero sí recuerdo los estragos causados en mi vivienda, con fragmentos del techo de mi habitación cediendo al paso del agua y el agua sobresaliendo por las tuberías tapadas del baño y la cocina. Ante semejante situación, me pareció imprudente asistir. Informé con antelación mi ausencia, sin imaginar que tal gesto sería recompensado con la suspensión de mi cuenta. Además, esta organización no sabe cuáles medios de transporte utilizo para llegar hasta dicho destino, me es complicado sentir que no consideren nada de esto.
Comprendo que no se deba cancelar por motivos vanos, pero no deja de tratarse de una labor voluntaria, no de un empleo. No me pareció justo que se procediera con tanta severidad. Alegan que cada voluntario transporta materiales de importancia, aunque en mi experiencia, ninguno de los que yo llevé fue utilizado durante mi visita. Y más aún: se supone que vamos a acompañar, no a distribuir cartón. Los ancianos, estoy segura, valoran mucho más una charla amable que cualquier recurso manual.
Incluso advierten que, si uno llegase a olvidarse las pulseritas de la amistad, no se le permitirá el ingreso al asilo y se cancelará su cuenta de forma definitiva. Una regla excesiva, por decir lo menos.
Me ofrecieron solicitar una “última oportunidad”. Pero he decidido, con plena convicción, no hacerlo. No deseo someterme a esa forma de humillación por el simple hecho de querer ayudar. Buscaré otro espacio donde colaborar, y si la suerte me acompaña, que sea cercano a mi hogar.
Tal vez me acerque a llevarle aquel librito a Ángela, sin necesidad de pedir permiso, ni esperar aprobación de quienes han olvidado, quizá, qué es realmente tener corazón.
Nos vemos, amigos míos.
Tenes que entrar a ese maldito asilo y darle ese libro de mandalas!!! al mismo tiempo ,con tu ukelele, interpretas una versión acústica muy sentida de "angie" de los rolling stones!!
ResponderEliminardebió pasar algo turbio para que sean tan estrictos
a veces los viejitos por hablar sueltan mucha info de su familia , por ahí debe ir la mano supongo yo
también hay gente que se aprovecha cuando se hacen sus amigos , como pedirles plata o rescatar algo del testamento, que se yo, es como otra categoría de gente mala que no es ni inteligente ni ignorante como decís vos , no se que nombre ponerle
creo que deberías categorizar a la gente buena también !!