Hoy no sé muy bien de qué hablarle a mi psicóloga. Últimamente me siento más animada, pero sigo con muchos mambos en la cabeza y con esa impaciencia por estar bien que ya es tan mía en este último tiempo.
Moví todo mi taller de lugar, y estoy haciendo una instalación eléctrica desde cero para mi hermana, que está construyendo un segundo piso en su vivienda.
Ayer, después de subir a su techo para marcar todo lo eléctrico, la escalera de aluminio se trabó y, cuando la quise destrabar, se cerró con toda su brutalidad sobre mi pie. Me dolió muchísimo. Ahora está hinchado y no puedo pisar bien.
Hoy mientras tomaba mis mates de la mañana, ella me dijo: “Comprá las cosas eléctricas que los albañiles dicen que las necesitan”, y también que le habían pedido el caño corrugado. (Ella no hizo nada mal: no sabe lo que es un caño corrugado; para ella es un socotroco de plástico de función indefinida, una oruguita gris enrollada).
Escuché eso y casi me da un patatús.
—No, ellos no necesitan nada eléctrico. Eso lo hago yo. Y que no toquen el caño corrugado tampoco.
Mi hermana me dijo que fuera yo a hablar con los albañiles porque ella no entiende, y así nos poníamos de acuerdo. Después de todo, tenemos que trabajar en conjunto simbólicamente. Dejé el mate y fui a conversar con ellos.
—¡Emilio! —grita mi cuñado con la cabeza dirigida al techo, como quien reza a un santo—. ¡Emilio!
—¿Qué pasa? —asoma el obrero la cabeza desde el techo, frenando su trabajo tras el llamado. Lo saludo y empezamos a conversar.
—Necesito que rompan la pared donde está marcado. No pasen el corrugado: no saben la medida.
—¿Hay distintas medidas? —responde Emilio con confusión. Yo ya estaba molesta, porque se metieron con mi trabajo, cuidadosamente calculado y normativo, para intentar resolver todo “por instinto”, como hacen siempre los hombres. No, señor: si no sabés, no tocás. Como yo no me meto en su laburo de albañilería.
—Ya lo pasamos por afuera…
—Bueno, no importa —dije, masticándome la bronca—. ¿Entendieron bien lo que marqué en la pared?
Emilio mira a su compañero y le pregunta, textual: “¿Entendí bien?”, buscando su aprobación antes de contestarme, como haría un niño con su madre. Responden que sí, y empezamos a debatir.
—El caño que va torcido no lo podemos hacer.
—No importa, hacelo en L, pero poné una boca más en la unión.
Mientras acordábamos cómo íbamos a trabajar —gritando de arriba y de abajo del techo—, me comenta que hoy revocaban la parte de afuera, y que el martes rompían adentro para que yo trabaje. Me pareció mal, mucho tiempo desaprovechado, pero le dije que estaba bien y volví a mi casa dudosa.
Pensé, pensé y pensé. Cuando recordé que hoy es viernes, que ellos no trabajan el fin de semana y que el lunes es feriado, decidí intentar que lo rompieran hoy para no perder tres días.
Yo soy una electricista que sí trabaja los fines de semana. Que no cobre mano de obra a la familia no me quita el oficio.
Volví a interrumpir el mate, que se enfriaba cada vez más en la mesa del comedor. Salí rápido, como si no pudiera esperar a decirles, pero me daba inseguridad interrumpir su estructura de trabajo sobre revocar afuera.
Fui a la casa de mi hermana y, con mi cuñado, decidimos subir al techo. No quería hacerlo en vano —tengo el pie reventado—, pero no vi otra. Fui a ponerme las alpargatas y, en el pie derecho, el calzado se resistía a entrar de la hinchazón, pero lo logré.
Subimos, y le sugerí si podía terminar adentro hoy para permitirme trabajar estos tres días. Me explicó cómo hacerlo y me dijo que él iba a cortar con la amoladora todas las partes que iban hacia arriba y las diagonales, que al final sí podían hacer (yo nunca entendí por qué no), y que yo rompiera lo que necesitara.
Contenta y victoriosa, pude volver a mi casa.
Fuera de eso, otra cosa que me molestó fue que lo tomaban más en serio a mi cuñado con lo eléctrico que a mí, que soy la electricista. Mi cuñado no es electricista: solo es hombre. Y mi hermana dijo esta observación antes de que yo emitiera palabra. Es una paja que no te tomen en serio injustificadamente.
Luego de eso, horas más tarde, compramos ropa con mi novio. Comimos fideos con bolognesa que preparé, y fuimos a dormir.
Con cariño,
Celeste torres