Hola de nuevo.
Cada vez me desvanezco un poco más de la vida virtual pública. Me cuesta encontrar un equilibrio entre las cosas de mi vida.
Descubro, no sin cierta amargura, que aun haciendo, aun cumpliendo con esa productividad que tanto defiendo, algo en mí se resiste a amar la vida tal como es. ¿Cómo abrazar unas circunstancias tan toscas, tan limitadas por leyes físicas, sociales, por sistemas que apenas alcanzo a comprender? Y, sin embargo, sé que no es solo eso lo que me aleja. No lo entiendo del todo.
Me cuesta hacer videos. Me cuesta enfocar la mirada en un punto fijo, saber en qué lugar estoy, en qué hora.
No es un período depresivo —nada de eso— ni malo, en absoluto. Al contrario: es un tiempo feliz. Soy yo quien no sabe habitarlo. Tampoco sé cómo aprenderlo. Intento ordenarme, poner algo de estructura en este caos interno, pero todo se me deshace entre los dedos. Tengo tantas cosas empezadas que ya ni sé por dónde continuar.
Antes, en momentos así, solía deshacerlo todo y volver a empezar. Esta vez, en cambio, quiero terminar esas cosas.
También me entristece ponerme metas y cumplirlas a medias. No sé concederme "medio mérito" por el intento; solo me llena de ansiedad.
Si logro terminar un video, siempre siento que podría pulirlo un poco más, y más, y más, hasta nunca terminarlo. Tampoco me satisface lo que hago. No me siento bonita. No me siento inteligente. No sé muy bien por qué. El síndrome del impostor, últimamente, está matándome.
Por ahora, me limito a cumplir con mis actividades académicas.