viernes, 27 de febrero de 2026

necesitaba descargarme, estaba enojada - Parte 2 - No tenés por qué hacerlo

NO SABEN LO FELIZ QUE ME SIENTO.

Finalmente fui a la casa de Jesús a refugiarme para mandarle el mensaje a Menganita, quien ahora se apodará Buscaminas, porque no sabés cuándo podés decir algo que detone una bomba en ella, cuándo pisás el palito diciendo algo que, en realidad, para cualquier persona decente, es solo algo racional y ya: porque obviamente le molesta no poder sacar ventaja de otros

Le agradezco muchísimo a mi buen amigo, porque pudimos tomar mate, pude no tener miedo de ir al baño, de moverme, como venía teniendo, y me dijo que siempre voy a tener un refugio ahí. También me dijo que voy a encontrar, además, el refugio definitivo. Yo sé que voy a poder irme de acá; voy a trabajar muy duro para lograrlo.

Él me ayudó un montonazo. Me ayudó a conservar la calma para no entrar en ningún juego tonto de Buscaminas, ni en un ping pong sin sentido, ni en ataques. Incluso cuando ella intentaba hacer comentarios molestos, simplemente ignorarlos; si amenazaba, ignorarlo. Que viera que no me importaba, porque mayormente así era.

Ella no entendía que yo le estaba haciendo un re favor que a mí no me servía. No sé por qué, pero pensaba que, por algún motivo, yo me creía el cuento de que ella me estaba haciendo un favor a mí. Le dejé en claro que no. También que no me interesaba nada de eso, que incluso yo le estaba ofreciendo cosas mucho más útiles que lo que ella me ofrecía.

Yo le estaba haciendo una instalación eléctrica nueva, bajo normativa, absolutamente funcional. Y ella… bueno, pretendía que yo le pagara mil dólares a ella por hacerle la instalación y, a cambio, me daría un auto que no sirve para nada ni funciona, y que nadie le compra porque no vale la pena.

Porque además, ella nunca habla las cosas enteras. En ningún momento terminó de aclarar si se tenía que tratar de una permuta a su favor, o si eran dos cosas separadas, o qué, porque sabía que no le convenía dar la información completa. Mientras ella me decía: "te voy a vender el auto a mil dólares", en realidad me quería decir: "no te voy a pagar la instalación", sin decir esa última parte, porque obviamente que no iba a aceptar bajo esa condición, y ella prefería que yo aceptara sin saber: obvio que no, por algo dije que no haría nada sin firmar un contrato, que precisamente nunca hablaba de la instalación sino de que era una venta aislada: por algo no lo quería firmar pero tampoco aclarar en qué discernía para que pactemos claramente. Tenía el culo sucio, y quería asegurarse un espacio de escape para después cambiar toda la historia.

Les voy a dejar todo el chat para que saquen sus propias conclusiones y también noten el detalle de cómo intenta victimizarse cada dos segundos.

Aclaro algo más: ella es compradora compulsiva. No es que no tiene plata; es que se gasta hasta lo que no tiene en un montón de cosas que no necesita. De ahí que quiera robarle a su hermanita veinte años menor por plata que no necesita realmente: es como tratar con un adicto a las apuestas.


[20:02, 26/2/2026] Celeste: Hablando de eso, me quedó dando vueltas algo. A vos cómo te parece cerrar el tema del pago de la instalación y el auto? Son dos cosas separadas, no?

[20:43, 26/2/2026] Buscaminas: No entiendo.

[20:51, 26/2/2026] Celeste: Estaba pensando que, como los valores del auto y de la instalación son parecidos, por ahí podríamos volver a la idea inicial que me habías propuesto, que el auto fuera forma de pago.

[20:52, 26/2/2026] Buscaminas: Y si. Estoy pagando 2 mil dolares yo.

[20:54, 26/2/2026] Celeste: Eso no es del voyage?

[20:54, 26/2/2026] Buscaminas: Tenía que vender el auto a 4 mil.

[20:55, 26/2/2026] Buscaminas: De ahí le pagaba eso a papa y mil más.

[20:55, 26/2/2026] Buscaminas: Ya le pague 2 mil. Le pago 2 mil más. Vos 1, porque a tanto no llego.

[HAGO UN INCISO DE LO QUE ME OFENDE SU O-SA-DÍ-A (aunque todo lo que dice es un montón): me da gracia que diga “yo le pago dos mil, vos uno”, pero ¿qué tiene que ver? O sea, habla como diciendo: “¿Ves que estoy pagando la mayor parte?”. ¿La mayor parte de qué? ¿De tu auto? Si yo te debo mil dólares, te los debo a vos, y cuando son tuyos los gastás en lo que tengas ganas. De ahí a insinuar que yo te debo pagar tu auto es una completa locura]

[20:56, 26/2/2026] Buscaminas: Creías que sale 1 mil dolares? Jajaj.

[Audio Transcrito 20:57, 26/2/2026] Buscaminas: Con papá habíamos quedado que cuando vendía el auto le pagaba lo que le faltaba, pero el auto estaba entre 4 y 4 mil. El valor del auto, por eso, como no había tanta diferencia, se lo iba a poder pagar. Pero ahora le estoy pagando 4 mil dólares, de los que ahora pensaba que yo le iba a pagar dos mil como mucho, o sea lo que ya pagué.

[21:11, 26/2/2026] Celeste: Ah, yo había entendido que habías dicho que no lo estabas pudiendo vender a ese valor y que me lo ibas a dejar a cambio del trabajo, como me habías dicho en un principio. Entonces, si es así, creo que prefiero no seguir con la permuta, porque estuve viendo cuánto sale mi trabajo y no me cierra. Me gustaría saber entonces cómo podría ser la forma de pago, porque me consume mucho tiempo, o que arregles con alguien más.

[21:12, 26/2/2026] Buscaminas: Claro, lo tengo publicado a 4500.

[21:12, 26/2/2026] Buscaminas: Y de ahí lo iba bajando, pero lo saque.

[21:13, 26/2/2026] Buscaminas: Nosotras no hablamos de dejarte el auto a cambio del trabajo. Solo te dije cuanto podía poner yo por el auto para que te lo quedes vos.

[21:14, 26/2/2026] Buscaminas: Y cuanto sale tu trabajo? Esto mismo me lo tendrías que haber dicho antes de hacerlo para saber si podía.

[21:16, 26/2/2026] Buscaminas: Hay que firmar hasta lo que decimos jajaj.

[21:20, 26/2/2026] Buscaminas: Decime el valor.

[21:20, 26/2/2026] Celeste: Tranqui. Estoy de acuerdo con vos, no te voy a cobrar lo que hice. Solamente, en este punto, al darme cuenta de todo el trabajo que conlleva y haber hecho cálculos de cuánto sería el presupuesto, si bien quería hacerlo lo más económico que se pudiera porque sos mi hermana, terminé sintiendo que perdía más que lo que ganaba y que al final te pagaba yo por el trabajo. Por eso quisiera terminar de aclararlo y, de ahí, decidir no seguir o seguir con términos más claros que no me perjudiquen y que sea justo para ambas.

[21:25, 26/2/2026] Buscaminas: Bueno. Pero tenemos que hablarno. Yo pensé que entendías que deje de ponerlo en venta porque iba a pagar esos 2 mil dolares yo.

[21:47, 26/2/2026] Celeste: Está bien. La verdad creo que a las dos nos conviene lo del Logan. La instalación ronda un valor bastante alto, después te paso bien los números, pero está alrededor de los dos millones. Si lo vemos solo en plata, probablemente te termine saliendo más caro, y entiendo que estás medio ajustada con la plata. Por eso me parece más lógico volver a la idea de permutarlo como parte de pago. A mí también me cierra más así. Si preferís ver cuánto te cobra otra persona para terminar lo que falta, no hay problema. Fijate qué te conviene más. Yo lo único que quiero es que quede claro y que sea algo equilibrado para las dos.

[Audio Transcrito 21:50], 26/2/2026] Buscaminas: Sí, Nico, yo te entiendo lo que me decís. Lo que sí tenemos que definirlo ya, porque mil dólares son 1 millón 500 mil. O sea, los 2k que estoy poniendo son tres millones, bah, que estoy poniendo, que espero llegar a poner. [... Acá se victimizaba diciendo que no gana plata y bla bla que a nadie le importa]

Pero si no lo querés lo vendo mañana mismo a una concesionaria, mañana mismo así como está, para sacármelo de encima. Y el de papá se lo voy a devolver, si hacemos así, se lo devuelvo, así ya no tengo más deuda por ese lado, porque es mucho. No tengo más de dónde sacar esa plata. No es que puedo sacar de mis ahorros, no la tengo.

Entonces no quiero más situaciones. Estoy toda mezclada, ya no sé qué ni qué querés, ni qué no querés, ni qué tengo que hacer, ni qué no tengo que hacer. Estoy muy cansada, trabajando casi el doble de horas para ganar casi lo mismo. No tengo ganancia, se me suman muchas cosas.

Por eso, si querés lo hablamos todo bien. Yo pensé que sabías el valor, que era 4500 dólares [nunca acepté pagarte 4500 dólares, encima había hablado con ella anteriormente, quien admitió que ese ni a palos era el valor real del auto y lo debaja alto porque sabía que siempre lo regateaban, perdón seguidores del blog estoy indignadísima, me cuesta no acotar las verdaderas respuestas que quería decir a cada oración de ella]. Y bueno, ya no sé qué te dije y qué no, me perdí.

[21:57, 26/2/2026] Celeste: Okey. Me parece bien 🙌🩷 . Si no hay forma de pago entonces no puedo seguir el trabajo, pero si querés fijate lo de llamar a alguien más para que haga lo faltante. A partir de este punto es más barato.


No saben lo tranquila que me siento ahora mismo. No cambiaría esta tranquilidad por nada. No pienso volver a dejar que nadie cruce límites tan importantes. Me siento libre. Indignada... Pero libre.

Además, ¿se dan cuenta del poco sentido que tiene todo lo que dice, al igual que yo?

Está hablando de “la plata que ella puede poner para pagar su auto para no tener que vender el Logan”, pero después dice que a mí no me puede pagar con plata. ¿? Cómo cambia todas sus versiones como tiene ganas. Qué pereza la gente así, con la que hablar es rarísimo porque inventan a conveniencia.

O sea:

Le dije que venda el Logan y que mejor me pague con plata. Ella admite que, si vendiera el Logan, sí me podría pagar, porque admite que, sin venderlo, puede llegar a juntar 2k dólares por fuera de la venta del auto (mi trabajo sale menos que eso), y que, en sus números, podría terminar incluso de pagar el Voyage, porque el Logan estaría vendido, según ella.

Logan vendido + 2k dólares por fuera: 6500 dólares. Le alcanzaría perfecto, y son sus propios números (quitando que el logan ni de casualidad se puede vender por ese número, pero es el número que ella jura).

Peeero, cuando entro yo en juego, esa plata desaparece de la ecuación. Incluso, si me diera el Logan, ella misma, en una conversación verbal que tuvimos, admitió que sí llegaría a juntar los 3k dólares para terminar de pagar el Voyage. El tema acá no es que no pueda pagarlo, sino que quiere que yo le pague a ella su auto, y nada más. Que yo crea que de verdad me conviene hacerle la instalación mientras le pago yo a ella.

Encima, si bien obviamente no me convenció como ella creía, me juraba que el logan era mucho mejor que el voyage. ¿Si era mejor por qué no cancela la compra del voyage y se queda el logan? Porque obviamente sabe que con el logan no hace dos cuadras, y el voyage anda perfecto y tiene vtv, nunca fue taxista, y si bien tiene defectos estéticos está mecánicamente bien cuidado.

Cuando yo acepté comprarlo por mil dólares no fue por ese motivo, sino para aprender de mecánica, por la mecánica simple que lo caracteriza. Tampoco había aceptado pagarlo por más de mil dólares como ella juraba; ese fue un trato que hizo ella con sus otras personalidades, porque ni en pedo compro ese cacharro por 4.500 dólares. También, cuando acepté hacer la instalación, era una mezcla de este trato sistematizado hacia mí combinado con el deseo de ayudar; no porque ella me haya convencido de que me convenía hacerle una instalación entera gratis... Ah, no, gratis no, paga, pagándole yo mil dólares. Eso es lo más molesto. Prefiero simple honestidad a una manipulación barata... O cara, mejor dicho, manipulación cara, de 4500 dólares.

Porque además se dijo y desdijo muchas veces: en un comienzo, cuando dejó de tolerar al Logan, se lo ofreció regalado a mi papá; él le dijo que “ese auto de mierda” no lo quería ni regalado. Después, que lo quería vender por un millón de pesos. Y, cuando trató de querer hacerme quedar mal, dijo: “¿Creías que sale mil dólares? Jajaj”.

A eso tendría para decirle: “¿Y vos creías que mi trabajo es gratuito? Aprovechada, chupasangre, MOSQUITA MUERTA, hija de un retoño de prostitutas baratas”.

Que ni me intente amenazar con que va a venderlo, porque no se lo van a aceptar en ningún lado. Además, es mentira que lo sacó de Marketplace; yo busqué la publicación y la tengo, sigue ahí: son tres publicaciones. Encima, no me interesa si ella se queda con el Voyage o no: no me modifica a mí, la modifica a ella. Todas esas fueron sus decisiones financieras. Que no me quiera meter en la misma bolsa como si algo de eso fuera culpa mía, o como si yo tuviera responsabilidad en que ella tenga un vehículo o no. No, Buscaminas, no voy a pagarte tu auto, y encima quedarme otro. Justamente la otra vez la mandé a la mierda porque intentó que yo le pague el auto, y fue como... no, obvio que no... Ahora vino con una propuesta distinta que de a poco fue deslizando más y más lo mismo que en un principio rechacé, porque siempre va jugando con los límites y las versiones.

No me conmueve. Si yo tengo un cliente que no me puede pagar, entonces le agendo una cita cuando tenga plata. Además, me intenta dejar “al descubierto” diciendo que le tuve que haber dicho antes el valor de la instalación. Reitero: no, no pasa nada, no soy un sicario: no voy a mandarle el dedo de uno de sus hijos por encomienda. Era obvio que una instalación desde cero sale cara. No va a pensar que iba a salir veinte mil pesos. Pero ella me dejó avanzar porque nunca tuvo intenciones de pagarme, porque, si no, me hubiera dicho de antemano que pactemos eso.

Reitero: no me interesa esa plata. Solamente me interesaba no hacer nada más sin una compensación justa, y me jodió un montón la actitud.

Además, pueden ver claramente cómo la intención de ella nunca fue pagarme por nada, ni siquiera con el auto. Les juro que ese auto no vale cuatro mil quinientos dólares. Incluso si "los vale", entonces no lo quiero comprar. Justamente por eso nadie se lo compra. Por eso ahora tampoco tengo intenciones de renegociar, porque sé que una promesa de pagarme no va a ser más que eso: una promesa. Y que no va a hacerlo, o después va a cambiar la versión de la nada, a gusto, como ya hizo con lo del auto.

Ella sí había dicho de dejármelo como forma entera de pago y, de la nada, se hizo la boluda. Y yo, para comprarlo, escribí un contrato porque sé que ella es muy fantasiosa. Justamente, no decía nada de que le tenía que terminar de pagar el Voyage ni que tuviera que ver con la instalación eléctrica. Ella no lo firmó y lo postergó muchísimo, porque no le convenía realmente aclarar todos los términos y condiciones de esa transacción. En un momento dijo algo de que no le gustaba tener que firmar un contrato o que se sentía rara haciéndolo. Solo te podés sentir rara firmándolo si me querés cagar con algo y no te gusta el lenguaje claro, que después no vas a poder cambiar a gusto y antojo.

También quiso desdecirse varias veces de cosas que dijo, incluso de que no estaba pudiendo vender el auto. Según ella, ahora puede, cuando antes lo intentó con muchas ganas y, de toda la gente que vino, nadie le volvió a escribir. Ahí fue cuando tomó la decisión de permutármelo. Había quedado en dármelo como forma de pago. Después se puso a analizar de qué manera sacar más ventaja y ahí me lo quiso vender.

Por eso le pregunté, para que viera lo ilógico de la situación, si no eran asuntos separados. Porque, si me estás vendiendo el Logan, entonces me pagás la instalación aparte y yo te compro el auto aparte. No existe que me pagues con algo con lo que, encima, te tengo que pagar yo a vos.

Hacés media cuadra con ese auto y ya se rompió todo. No tiene fuerza, está en marcha y se detiene, está todo roto, el acelerador está malísimo. Todo está terrible. No vale cuatro mil quinientos dólares y nadie se lo va a comprar por ese precio. Que no intente hacerlo ver como una permuta que me beneficia.

Ahora se quedó sin electricista: eso pasa cuando intentás aprovecharte de las personas que te tratan bien. Se me estaban colgando de los huevos, disculpen la vulgaridad.

Me quité todas las garrapatas, una a una, con una pinza. Estoy muy emocionada de contárselo a mi psicóloga mañana.

Seguro Buscaminas ya me está criticando con todos, pero no me importa. Haga o no haga, ella es siempre la misma víbora venenosa de siempre.

Hoy no dormí en todo el día. Solo dormí una siesta de dos horas. Así que sé que hoy, al fin, voy a poder dormir.

Qué felicidad algo tan sencillo. Me muero de ganas.


Actualización:

Buscaminas obviamente no hizo nada de sus amenazas jajjjaja. Le dejé las llaves del Logan en el comedor de mi casa y después vi que ni siquiera estaba el auto en su garaje porque lo estaba usando. No devolvió el Voyage ni vendió “hoy mismo” el Logan. Porque, claro, ya lo había intentado antes y no le salió.

Además, ¿qué clase de amenaza es que ella se quede sin auto? ¿En qué universo eso tendría que importarme a mí?

Quiero ver cuánto tarda en venir a llorar cuando se dé cuenta de que intentar perjudicarme le salió mal y que ahora, por hacerse la viva, va a terminar gastando mucho más. No va a poder vender el auto como cree, un electricista cualquiera le va a cobrar muchísimo más y ahí espero que recuerde todo esto que hizo de querer estafarme a conveniencia. Porque si me hubiera dado el auto, yo le hacía la instalación completa. Y reitero: incluso si el auto estuviera valuado en 1.000 dólares, igual me quedaba debiendo. No yo a ella.

Aún así, si vuelve corriendo como ya hizo antes (porque en un momento yo le rechacé la oferta del auto porque me lo quería vender aún más caro y la mandé a volar, entonces lo intentó vender otra vez, y otra vez nadie se lo compró, por eso volvió a probar conmigo otra vez pero reduciendo el precio y no hablando toda su propuesta creyendo que iba a aceptar a ciegas. Tres veces en total me lo ofreció), no voy a negociar nada con alguien que me quiso cagar varias veces.

No se puede hablar con una loca.

Por más de esa plata yo no lo compraba. Prefiero quedarme con mi camioneta y hacerla nuevita, invirtiéndole todo mi tiempo, y no al proyecto de alguien más. Mi camioneta nunca me haría eso.

Después la vi, la saludé amablemente y ni me respondió. Espero que haya sido vergüenza, porque si fue enojo, no está en posición de sostenerlo.

Hablé con la psicóloga y me sentí muy bien. No terminé de contarle todo, pero obviamente ya llama la atención que no quisiera firmar el contrato, que nunca diga todo completo y que siempre quiera presentar las cosas como si fueran en mi beneficio. Se parece a alguien que intenta convencerte de entrar en una estafa piramidal.

La pregunta de esta semana fue: ¿Cómo me siento yo cuando entro en ese momento de comparación? Algo así, parafraseando. Me gusta mucho la pregunta. Tiene que ver con lo anterior: en mi familia hay muchas comparaciones constantes. Que si este electricista, que si tu otra hermana, que si tal persona… y siempre generan situaciones que me dejan en desventaja. Mi psicóloga me mencionó varias más porque le conté cosas extra, pero sí, siempre hacen lo mismo. Son de manual.


Actualización de la actualización: en primer lugar, pasaron varios días y sigue sin devolver el Voyage ni “vender” el Logan. Fuera de eso, el Logan me rompe los huevos en el garaje porque me obliga a dejar mi camioneta en la parte sin techo por su autito de mierda.

En otras noticias, fui a buscar mi camioneta para seguir trabajando en ella y aproveché para sacarle al logan el velocímetro que le arreglé; con un alicate de pies lo corté y volví a recuperar el repuesto. Ni a palos le voy a dejar el auto mejor de onda después de que me quiso mentir y robar. Mariano me dijo que no lo haga, que salió solo tres mil pesos, pero obviamente no pasaba por el precio del repuesto, sino por osar robarme; porque ya bastante robo es que no me pague todo lo que ya hice gratis. También, como le he contado a Mariano y Jesús, ella ya me ha robado plata de verdad, no solo en cuestiones de presupuestos: de agarrar plata mía y apropiársela.

No sé por qué siempre vuelvo a confiar en mi familia, a perdonarlos y pensar que algo cambió, o podría cambiar.

También tendría que darle vergüenza que ni pueda decir su nombre real acá, como si puedo decir el de Marian y Jesús, que no hacen cosas malintencionadas ni mword animales.

Lo que sí: no le pienso pasar los planos de la instalación eléctrica y, si los llega a querer para continuar con otra persona, va a tener que pagarme lo que salen. Si no, van a tener que imaginar qué quise hacer o incluso le van a poner todo en el mismo circuito, con una termomagnética altísima, y se le va a incendiar la casa por contratar al primer pobre negrito desesperado que “cobra más barato” (no es por estereotipar, pero siempre es así).

Estoy muy orgullosa. También estoy muy tranquila, en paz, ¿creo? Mi definición, no lo sé, porque aún siento rabia: y tiene sentido porque es algo que arrastro de toda una vida.

Con ella ni siquiera me hace falta ser vengativa ni hacer nada, porque es tonta; solo necesito verla sin más. Ella es su propia desgracia.

Aunque siendo honestos: ojalá mudarme y no verla nunca más ni de casualidad, es la hermana que menos me interesa en el mundo, que más mala fue conmigo, y hasta me parece psicopática. Solo quiero mucho a mis sobrinos, pero por mí ella puede mword.

¡¡Qué ganas de no verte nunca más, qué ganas de no verte nunca más!! 🎶🎵🎶


Los quiero muchísimo.

Con cariño, Celeste Torres.

No tenés por qué hacerlo - Crisis y aislamiento - PARTE 1

Hola, amigos.

Cuando estoy muy estresada tiendo a encerrarme en mí misma, simbólica y literalmente; a aislarme del entorno que me rodea.

Siempre vuelve a pasar lo mismo. Acá, en mi casa, se desatan peleas con facilidad y, sobre todo, con una frecuencia que ya no sorprende: aun si desgasta. He de confesar que hace días que no me baño con tal de no levantarme, de no salir, de no verlos.

Recién mandaba audios a Jesús, a las cinco de la mañana, perdón, amigo mío. Le contaba sobre mis pensamientos conflictivos respecto de cosas actuales. Les juro que no puedo dormir ninguna noche; de día no puedo levantarme, no quiero ver a nadie. Toda esta situación me inutiliza, me hace querer escapar, y ser disfuncional de la realidad que habito, y del resto de cosas al problema en sí que me genera ese estado.

Hay tantas cosas que me generan malestar y no me permiten actuar con normalidad. Yo le contaba de eso a la psicóloga, de cómo los conflictos y la ansiedad me vuelven un potus, una planta decorativa en mi propia vida, y de lo mal que me hace sentir eso. Aunque ella varias veces me remarcó que, cuando yo siento que no estoy haciendo nada, después le cuento con mucho entusiasmo que estoy haciendo bastantes cosas, y que esas cosas requieren suficiente energía como para, supuestamente, “no estar haciendo nada”.

Ahora estoy teniendo un problema con mi vínculo familiar, con toda mi familia cercana: son absolutamente aprovechados, y siento que me drenan muchísima energía. Piden, piden, piden, piden… y no dan nada a cambio más que gritos y discusiones. Si les hago un favor es porque lo tenía que hacer, porque era mi deber; si no lo hago es porque soy mala, una peste; si lo hago, pero no como querían, es porque soy una inútil, una buena para nada.

Pensaba que eso era solo algo de mis padres, pero no. Resultó ser que mis hermanas son iguales.

Eso me hizo replantearme muchísimas cosas: recordar todas las veces que intenté hablar con toda la serenidad del mundo sobre cosas que me incomodaban, y cómo, cada vez que intentás hablar de algo con mi familia, creen automáticamente que es un ataque y reaccionan como si los hubieras intentado apuñalar y ellos debieran defenderse, por vida o muerte.

Mi psicóloga me había dicho que, si no tenía intenciones de cortar lazos con mi hermana, intentara hablarle de las cosas que me molestaban cuando estuviera con la guardia baja, cuando no sintiera que tenía que responder agresivamente y a toda costa. Lo intenté, y el resultado fue lamentable. Volvió a ocurrir lo mismo. Activaba la guardia en el mismo instante en que yo intentaba hablar. Así es absolutamente toda mi familia.

Recuerdo muchísimos momentos que desembocaron en lo mismo.

Una vez, mi papá me estaba pidiendo, a los gritos y con amenazas, que limpiara algo. Le dije que lo haría con inmediatez, pero solo si me lo pedía bien. Adivinen si lo hizo. Claramente, no limpié. Esa situación se volvió a repetir varias veces, con distintas cosas. Nunca intentaba abordarlo de una forma distinta, siempre era gritando; entonces yo nunca lo hacía, y eso me convertía a mí en vaga, pero no a él en violento, según los conceptos que se manejan en mi casa.

También recuerdo otra escena: habían venido mis otras dos hermanas de visita, porque viven en otro país. No me acuerdo exactamente qué había pasado, pero mi mamá me dijo algo por chat y yo le respondí con tranquilidad. Ella empezó a decir que la maltraté, que la insulté, que le falté el respeto, que soy mala y loca. Mis hermanas le insistieron en que mostrara el chat. Yo estaba en la mesa absolutamente resignada, sin siquiera emitir palabra, sin intentar defenderme, ya desde el hartazgo. Ellas lo leyeron y dijeron: “No te habló mal en ningún momento. Ella es la más tranquila; no sé por qué ustedes dicen lo contrario”. Y eso me devolvió un poco de alivio, porque cuando siempre te dicen que estás respondiendo mal, que hacés todo mal, llega un punto en que no sabés qué creer. Pero a la vez es asfixiante, porque no hay poronga que les venga bien. ¿Cómo se supone que tenés que hablarles si hablar normal, para ellos, ya es hablar mal?

El otro día, una de mis hermanas colmó el vaso. Fue el momento en que terminé de notar el maltrato que siempre recibo y cómo lo termino admitiendo, quedando como la imbécil que hace todo por nada. Especialmente porque acá tengo fama de vaga y descomprometida, pero soy la misma que siempre limpió, ayudó, fue a comprar, lavó los autos, les arregló cosas, arregla la electricidad del hogar a cualquier hora y gratis; no solo en la casa en la que vivo, sino en la de cualquier familiar, porque es familiar y entonces no hay que cobrarle: hay que regalarle todo el tiempo. Jamás se les cae un agradecimiento, y generalmente incluso me hacen más escándalos que simplemente no responder nada.

Incluso me recuerda a una parte rara de mi familia, que vive cerca de mi casa pero nunca en la vida los vi. Sé dónde viven. He visto la puerta. Jamás a ellos. Esa gente rara, sin siquiera saber mi nombre, me pidieron que les arreglara un televisor. Dije que estaba bien, que me lo trajeran cuando pudieran y yo lo miraba. No me lo dieron, porque no sé si es que no salen de sus casas o qué.

Mi papá insistía en que fuera yo a la casa de ellos, prácticamente por obligación, y que, de última, le cobrara algo de plata a él (nunca invitarme a conocerlos al menos, porque ni los conozco, sino a ir en posición de técnica). Y ni siquiera me admitieron eso. Con la rareza con la que se portan y el misterio de no ver sus caras, ni siquiera los pude ayudar (y menos mal, porque me cayó terrible esa actitud).

Y las cosas que dejé de hacer, como limpiar con la constancia que limpiaba antes, que limpiaba todos los días, lo dejé de hacer por el maltrato que recibía. Mi papá me cerró el baño con candado y le dio una llave a todos de mi familia menos a mí porque, según él, lo limpié “mal” (porque había una baldosa desteñida; según él, eso era suciedad; a día de hoy sigue igual, porque nunca fue suciedad). Me dejó bañándome con tachitos de agua en un baño abandonado del fondo, en invierno, por su capricho. Obviamente, nunca más limpié como hacía antes, aunque sí sigo limpiando; pero, claro, supuestamente yo soy vaga. Solo a mí me queda el mote, no a él, que siempre tuvo las actitudes de este estilo. Es como que todos acá fingen demencia colectivamente y se ponen de acuerdo en agarrársela conmigo aún viendo las situaciones claras de injusticia. Cuando me echó de la casa, me tenía que robar alguna lata de arvejas a la madrugada, cuando ellos no estaban despiertos, para poder comer algo en el día, porque también cerró la cocina con candado, así que necesitaba robar algo de no cocción. ¿Soy yo la vaga o es que, haga lo que haga, siempre me trataban mal? Y eso que sigo haciendo un montonazo de cosas, y siguen diciendo que no hago nada. ¡Pero la re puta madre!

Mi hermana me había escrito de noche, pasada la medianoche. Yo estaba tranquila con mi novio: estaba editando un video para mi TikTok laboral y él estaba cebando unos mates y boludeando. Me empezó a llamar insistentemente y le atendí, a ver qué necesitaba. Me dijo que se le había cortado la luz, que escuchó como un golpe seco antes de que se cortara, que creía que algo había cortocircuitado. Me dijo que creía que era un tomacorriente del patio; le dije que haga videollamada y eso hizo. Cuando me lo mostró, le dije que no, porque, si no, se notaría a simple vista. Etcétera, etcétera, y vio el chispazo salir de un cable que iba a una lámpara del patio. Le dije que apague el interruptor y vuelva a dar luz: funcionó, le arreglé el problema a la distancia; porque si cortocircuitaba al abrir el contacto ya no se tocarían más fase y neutro. Les dije que no lo prendieran hasta que yo no lo arreglara.

Insistía en que fuera a su casa a esa hora. Vive a media cuadra de la villa; sus vecinos de la esquina incluso mataron a uno y siempre se están peleando con alguien en la calle. No tengo auto, no hay un colectivo cómodo que me deje, y era muy tarde. Le dije: “Voy a ver si tal persona me presta su auto, pero prefiero no ir, porque, si le llego a rayar el auto o algo, estoy en un re drama, porque no es mío, y prefiero no pedir autos prestados, y menos a alguien que es de naturaleza quilombera. Y voy con Mariano”. Ella me dice: “Ah, no. Si viene Mariano, vengan comidos, porque no los pienso invitar a comer”.

¿Entonces Mariano y yo teníamos que desperdiciar tiempo en ir a su casa para arreglarle algo gratis, a riesgo de pedir un auto ajeno prestado y ser despreciados por ella? Le dije que estaba en altavoz y que me pareció repudiable lo que dijo; ella respondió que a ella le parecía bien ser así de irrespetuosa y desconsiderada y se rió.

Obviamente, no fui.

Esta situación se vuelve más molesta cada vez. En primer lugar, porque tengo otra hermana; a este punto les voy a poner apodos, porque tengo demasiadas hermanas. Se va a llamar Raquel, y la hermana desconsiderada se va a llamar Andrea.

Mi hermana Raquel es muy… no sé cómo explicarlo: ausente. Nunca, cuando la necesites, va a estar ahí. Si quedás con ella para una hora, no va a aparecer. Para que se den una idea, el año pasado estábamos todos por festejar su cumpleaños y lo canceló también sobre la hora: su propio cumpleaños. Varias personas se tuvieron que meter la torta y sus regalos por el ano porque a ella se le ocurrió cancelar, y la torta terminó pudriéndose lentamente en una heladera, mientras la familia intentaba comer lo más posible para que no hubiera sido tan en vano. Yo, por suerte, ya no esperaba nada de ella, así que ni siquiera me arreglé, solo hice mi día normal. Era cantado que siempre cancela. Ya es feo que la gente termine así de predispuesta a que tu accionar sea siempre el mismo y, encima, haber tenido razón yo al no esperar nada nuevo. Ella decía: “Pero ¿a quién le importa? Es mi cumpleaños, a mí me tiene que importar”. Sí, pero invitaste gente que te reservó ese espacio de su día y te preparó cosas. Más que ausente es egoísta. Y digo esto por no nombrar todo el resto de defectos que tiene.

El tema es que Andrea siempre espera la llegada de Raquel. Y dos veces le ofreció pagarle ubers desde capital (pagarle ubers siendo que Andrea no tiene trabajo y Raquel sí) para que la vaya a visitar. Es una actitud muy migajera, a mi parecer.

Yo estuve en todos los momentos duros de Andrea en los que pidió, de alguna manera, compañía y que la vayamos a visitar: siempre estaba yo; Raquel no, como es de esperar.

También, un día cercano, Andrea había organizado una piyamada. Invitó a los hijos de Menganita, a Raquel y a mí. Le cancelaron todos; solo asistí yo a esa piyamada.

Encima, Raquel dijo que no iba porque estaba enferma. Yo también estaba enferma: apenas pude dormir del dolor de cabeza y terminé agarrando hielo del freezer para ponérmelo en la frente, a ver si calmaba el dolor y podía dormir, hasta que Andrea se despertó y le pude pedir un ibuprofeno.

Andrea sabía que podía contar conmigo, y lo sabía muy bien, porque eso es lo que hacía.

Incluso el 14 de febrero. Andrea rompió con su novio y yo, que estaba pasando un buen San Valentín con Mariano, me hice un pequeño espacio. Le dije que iba a tomar unos mates, pero que me volvía pronto por la fecha que era. Raquel estaba invitada: adivinen si llegó.

Así con todo. Y conmigo siempre tiene una manera despreciativa de tratar, pero no deja de esperar la llegada de Raquel, como si fuera algo espectacular y no que estás invitando a una amargada que siquiera tiene ganas de estar ahí y solo va si no se le ocurrió qué excusa ponerte o el novio no estaba disponible en ese momento.

Hace unos días me reprochó, de una manera asquerosa, que esa medianoche yo no fui a solucionarle su problema. Todo esto que les cuento es de hace muy poco. Yo le dije que no tuve manera de ir y que, además, su respuesta a siquiera insinuar invitarnos a comer fue desagradable; lo peor es que no pretendía que nos invitara. Pero, a pesar de eso, yo siempre estuve para ella, cada vez que dijo que fuéramos a charlar con ella, y que solo aparecí yo.

Además, en uno de esos días en que me dijo que fuera, le pedí si no podía pasarme a buscar caminando a unas cuadras, que nos quedaban intermedias entre una casa y la otra, así no me aburría en el camino; y me dijo que no, que no tenía ganas. Quizá eran unas cinco cuadras; ni siquiera caminaba cinco cuadras por mí. Pero yo tenía que pintarle la pieza (yo odio pintar paredes; incluso me han escrito personas queriéndome contratar para pintar y lo rechacé porque no me gusta hacerlo, a ella la ayudé igual con todo el amor del mundo; algo que ni pago haría por cualquier extraño, y a las pruebas me remito. Raquel estaba invitada... ¿Hace falta que lo diga?), arreglarle el ventilador, pedir autos prestados, ponerle luces en la terraza e ir corriendo a la una de la mañana a su casa. Saquen sus propias conclusiones.

Ella me comparó con Raquel y dijo que ella siempre fue a su casa. Le pregunté cuándo, y me respondió: en el cumpleaños de Andrea (que yo también estuve y ella llegó claramente tarde) y “el otro día” (como ella mencionó). He de mencionar que, cuando me comparó con ella diciendo que siempre estaba, ese mismísimo día Raquel estaba invitada y canceló tardísimo, provocando que hicieran mucha más comida contando con ella también, quien obviamente nunca llegó. Irónico. Le pregunté si me podía mencionar al menos una fecha más; obviamente que no pudo. Pero, además, Raquel no hace nada: literalmente va a tomar mate. A mí me pide un montón de cosas de mi oficio, ni lenta ni perezosa. Y, aun así, ni siquiera me ofreció un uber por interrumpir toda mi vida para ir a ayudarla a ella, a cambio de nada, en la madrugada.

No sé por qué yo dejaba pasar todas estas actitudes como si nada. Simplemente me parecía costumbre, me parecía normal.

Hasta que recibí esa comparación con Raquel, que dejó ver cuánto invalidaba mi esfuerzo. Raquel, la verdad, me demuestra que en la vida vale más ser tan inútil que ni siquiera puedan aprovecharse de vos. También me había dicho que “no podía esperar a que mis arreglos eléctricos lleguen cuando no estuviera deprimida o con mi novio”. Literalmente tengo chats en los que le digo que estoy re deprimida, pero que voy a ir a ver si me animo más; nunca un “estoy deprimida” que desemboca en “no voy a ir”. Es más, tengo el último chat con ellas donde, qué casualidad, Raquel cancela en la hora en la que tuvo que haber llegado, no en la que tuvo que haber salido. Y dice que cancelaba porque tenía “ansiedad”. Es más, adjunto el último chat:


[23/2 18:11] Celeste: Andrea yo me baño y si no te jode voy
[23/2 18:20] Andrea: siii de una
[23/2 18:20] Andrea: conseguila a Raquel
[23/2 18:26] Celeste: Como
[23/2 18:26] Celeste: Bueno entonces ya en un ratito salgo para alla
[23/2 18:26] Andrea: es que no está viniendo y no contesta, la podes llamar y eso?
[23/2 18:29] Celeste: Oki
[23/2 18:30] Celeste: No atendio
[23/2 18:38] Raquel: al final no voy a ir 🫠
[23/2 18:38] Andrea: amiga veniiiii estoy haciendo 6 docenas
[23/2 18:38] Andrea: te pago un uber
[23/2 18:46] Celeste: Tengo mucha depresion
[23/2 18:46] Celeste: Bueno pero estoy muy decaida no sé si pueda vacer lecturas muy útiles [Andrea había dicho que lleve el tarot pero me olvidé de seleccionar ese mensaje]
[23/2 18:47] Celeste: Yo quiero mate y compañía nada mas
[23/2 18:51] Raquel: sinceramente no quiero ser mala pero me da un poco de amsiedad que vayan xadres tipo no tengo problema con ellos pero siento que puede serlo si es una comida donde uno va hablar quizas y no sé
[23/2 18:59] Celeste: Ay Raquel
[23/2 19:00] Andrea: amiga me podrías haber dicho antes de hacer una cantidad industrial de comida ☠️
[23/2 19:00] Andrea: si desde el primer momento plantee que venían xadres
[23/2 20:02] Celeste: Sinceramente estoy de acuerdo. No está mal cancelar pero por qué cancelás cuando ya tuviste que haber llegado
[23/2 20:02] Celeste: No entiendo
[23/2 20:02] Celeste: Al menos podías cancelar unas horas antes
[23/2 20:03] Celeste: Y no es ser mala, es ser respetuosa. O sea a nadie le jode que no vengas ni que vengas, pero para que decirlo a la misma hora de la cena del día que nos juntábamos 🤔
[23/2 20:05] Celeste: Y lo digo porque son las 8 y ya tenemos todo, estamos horneando y estamos todos acá, y vos cancelaste a las 7, tipo nada antes
[23/2 20:05] Celeste: No es ni reprochándote ni nada, de verdad
[23/2 20:05] Celeste: Es con amor y mucha paz
[23/2 20:05] Celeste: Posta que no entiendo, y te quería dar mi punto, pero bueno
[23/2 20:06] Celeste: Mi punto, mi opinión**
[23/2 20:07] Celeste: O sea porque a las 7 tendrias que ya haber salido hacia 3 horas jajjaja o sea ya sabias q no ibas a venir


Me dijo que iba a contratar a un electricista que “cobra más barato que yo” (todas las red flags; no la quiero ni como cliente si fuera una extraña), cuando yo le cobro gratis. ¿Cómo cobra más barato el otro? ¿Le da la plata directamente? Le tendría que arreglar y pagar él a ella para ser más económico que yo.

No solo decidí cortar el lazo y dejar de entregarme a ese trato tan despectivo, sino no dejarme tratar más así por nadie.

La semana pasada, aunque recuerdo que pasó varias veces, le dije a mi psicóloga que me sentía muy abombada con las responsabilidades, que, aunque no las quiera, terminan apareciendo y que me sentía asfixiada. Le conté también de mi vision board y le había dicho que creía que todo lo apocalíptico tenía que ver, para mí, con la independencia y el desligamiento de todos esos problemas. Y sí, siempre mi familia me hace aparecer responsabilidades que no me corresponden y lo tratan como si lo tuviera que hacer.

Mis padres se enteraron de esto y, obviamente, estaban de acuerdo con Andrea y con que yo tendría que haber estado ahí para besarle los pies.

Además, le conté a Celeste lo de mi papá: que no entendía por qué, ahora que yo estaba aprendiendo de autos y le hice unos retoques al auto que les mencionaba en la entrada anterior, aun mi padre, sabiendo tanto de autos, no le había hecho un pequeño ajuste a ese auto que era de otra de mis hermanas (sí, muchas hermanas). Me parecía una actitud fea, porque así fue como ella se quedó tirada varias veces. Ella no sabía, pero a él no le costaba nada; literalmente nada. Mi psicóloga me dijo: “No tiene por qué hacer eso, aunque sea una pavada”, y me encendió la lamparita, porque tenía razón. Pero yo lo había normalizado, porque a mí, da igual cuánto me cuesten las cosas: siempre me hacen sentir como que son un deber.

Hace poco también, él mismo había desconectado (por error, supongo, no sé), el regulador de aceleración de mi camioneta. Le pedí que si, por favor, no lo podía conectar, y tardó como dos meses en hacerlo. Solo era enganchar un socotroco con otro socotroco, estaba arriba del todo, ni siquiera había que esforzarse mucho: la diferencia entre él y yo, para hacer eso, es que él fue dueño de esa camioneta veinte años, y él sabía cuál socotroco enganchar con cuál, y yo no. Obviamente no lo hizo sin pedirme millones de cosas a cambio.

Si alguien de mi entorno puede elegir entre hacer o no hacer un favor, por más insignificante que sea, eligen no hacerlo. Eso desemboca en que yo nunca recibo favores de parte de ellos: directamente no les pido; o, si alguna vez aislada lo hago por real necesidad, igual no lo hacen o tardan meses enteros, con muchas extorsiones y pedidos de favores mucho más grandes a cambio de un solo favorcito.

Tengan en claro que, si no hago uno de esos 18 favores que me piden en el medio, entonces no me harán el aislado favorcito; y así, supuestamente, vuelve a ser por mi culpa.

Me acostumbré a nunca contar con ayuda y a arreglármelas sola.

Cuando mis padres se enteraron de esta situación con Andrea, dijeron que seguramente ella tenía motivos por los que hizo todo; como si fuera Dios con un plan divino y no una hija de puta que me estaba despreciando. Ahí mi papá metió que quizá ella estaba enojada porque yo habré tardado mucho, como con unos tomacorrientes que él me pidió. Yo ya arreglé de todo en mi casa y muchas cosas más, y cada vez que le pedía algo a mi papá, nunca podía hacerlo; como lo del regulador que mencionaba. Le dije que eso se trataba de un favor y que yo no tenía por qué hacerlo. Esa fue mi primera declaración de un límite. Obviamente, esto lo hizo enfurecer y me dijo que entonces él no me arreglaría nada en mi casa. La verdad, fue incluso un poco gracioso, porque yo nunca le pedí nada. Le remarqué eso y también que las cosas que arregló no tenían que ver conmigo, sino con que son su casa, no mía; no pudo responder.

Mientras me iba, lo escuché criticándome con mi mamá. Dijo: “Falta que diga que tengo que pagarle yo la nafta a mi auto porque se lo presté, solo porque es mío”. Y eso también fue gracioso, porque ni siquiera me presta su auto. Incluso cuando es para traerlo del garaje, porque me pidió que lo lave y ni siquiera tiene ganas de irlo a buscar, me amenaza y dice que si le hago un solo rayoncito, no sé qué. Después lo tengo que volver a guardar bajo la misma presión, no porque él quiera que lo conduzca sino porque no tiene ganas de hacerlo él. Yo le he dicho: “No me da miedo manejarlo, pero no digas que si ‘le hago un rayón’, porque siempre te puede chocar otro conductor y no tiene por qué ser tu culpa”. Pero bueno, andá a explicárselo con dibujitos.

En primer lugar, corté vínculo con mis dos hermanas. Con calma; no fue con rabia, fue con cansancio. Simplemente las bloqueé a las dos y nada más. Estoy muy contenta de que ya no vivan conmigo, porque eso me permite, al fin, separarme de uno de los vínculos que más me lastimaba.

Yo había intentado cortar relación varias veces antes y, si bien había resultados claros en mi estado de ánimo al no hablarles, era casi imposible porque vivíamos bajo el mismo techo. Por esa condición, había decidido que debía llevarme bien con ellas hasta que la situación fuera diferente. Cuando fue diferente, simplemente se convirtió en costumbre. Y cuando me di cuenta de que ya no necesitaba arrastrar más esto conmigo, no me quedó más que soltar esa mochila de escombros.

Pero ahora tengo otro drama: Menganita.

Bajo este mismo trato que ya se hizo costumbre, le estoy haciendo una instalación eléctrica completa. Voy por mitad del proceso y siempre me genera mucha ansiedad, porque es un trabajo grandísimo y sin un pago decretado. Ella es la misma del auto con el que charlábamos de comprar, el de la entrada anterior. Pero me lo puse a pensar a detalle y siento que me está re cagando: que le hago una instalación gratis y de paso le pago mil dólares. Eso siento yo. Para mí tendría que ser una permuta, porque son valores casi equivalentes, y lo peor es que incluso si fuera una permuta por el vehículo, se me quedaría debiendo plata ella a mí. Fue el favor más grande y más caro que pude haber aceptado en mi vida, y no sé cómo revertirlo con paz.

Ahora mismo estoy muy tranquila con ella; me encargo siempre de estarlo porque no tengo ganas de problemas con nadie. Entonces, las cosas que no me gustan las manejo con un nivel de “algodoncito y cristalito” que no pueden imaginar.

Por ejemplo, con un perrito que ella quería adoptar y yo sabía que, con ella, no sobreviviría ni un día. En lugar de decirle eso directamente, hice trabajo de hormiga hasta lograr que me lo diera y le encontré una dueña maravillosa que la ama. Eso me hace muy feliz, la verdad.

En vez de decirle: “No. Vos vas a matar a esa perra, dámela”, le fui trabajando la cabeza. Le dije que, como yo no sabía que ella la quería, ya había acordado darla a otro chico; que, si hubiera sabido, no se la habría ofrecido, que fue una desorganización y que el pobre se había ilusionado muchísimo. Incluso le mandé una foto falsa de una camita nueva y le dije: “Mirá, me mandó foto de las cosas que le compró”, como para que entendiera que dejarlo plantado sería muy cruel.

Al principio se enojó y me criticó con Andrea, pero después, cuando supe eso, le mandé otro mensaje muchísimo más leve, que dio resultado: se calmó y me entregó a la perrita. Y ahí empezó la parte real: tuve que conseguirle dueño, porque ese “amigo” en realidad no existía.

Encima me dijo que mi cuñado se iba a poner mal y que se iba a enojar. Siento que lo hizo para intentar generarme culpa, pero estuvo muy lejos de lograrlo. No sentí mayor satisfacción que cuando ya tenía a las perras en una zona segura. A partir de ese momento, aunque se enojara o dijera lo que fuera, ya estaban bajo mi protección. No me importaba que se enojara conmigo; solo me importaba que no les hiciera daño ni se les acercara.

A una me la quedé. Ella la quería eutanasiar solo porque no quería cuidarla y le parecía fea. En otra entrada puedo contar más sobre eso; acá ya no tiene sentido extenderme.

Para la otra perra encontré a la dueña perfecta: una señora vecina mía. Le gustó la perra mientras la paseaba, la elogió diciendo que era muy tierna, y yo prácticamente le dije: “¿Ah, te gusta? Qué bueno. Tomá, te la regalo. Se llama Colita”.

Hace poco la vi paseándola y me morí de ternura. Me costó, porque siempre me cuesta dar animales en adopción; me encariño muy rápido. Pero sé que ahora es muy feliz y que, cada tanto, la voy a volver a ver por la calle.

Para volver al tema, porque sé que me voy, pero bueno, a veces soy una vieja loca que cuenta historias sin un hilo conector. Que las veces de estar en desacuerdo con ella intento llevarla con la ligereza de una pluma en lugar de expresar directamente lo que siento, porque nunca sabés cómo puede reaccionar porque está pirada: hablarle directamente como si tuviera la capacidad de un ser humano decente sería erróneo, y desembocaría en más bardo.

Entonces, quisiera poder acordar con ella algún tipo de pago por la instalación, pero no quiero pelearme. No quiero ni pelearme ni quiero dejarme seguir tratando así.

Todo esto desembocó en que, hace días, salgo lo menos posible de mi habitación. Es un acto reflejo al sentirme tan apretada, tan sin saber qué hacer. Definitivamente no veo la hora de poder mudarme. Lo establecí como meta para este año, pero necesito que me vaya bien en el trabajo. Así que estoy intentando de todo. Quisiera poder ser electricista por acá, no por capital. No quiero ni que insinúen llamarme de allá. No es fácil mantener el trabajo si siempre es lejos, y menos cuando tengo que ir con escalera o incluso con todas mis herramientas, que me podrían robar.

Hablé con Jesús y le pregunté si no podía segundearme en escaparme hoy de mi casa porque, en primer lugar, es insostenible quedarme acá encerrada y mi familia es muy conflictiva para lo que puedo soportar; pero, además, quería mandarle a Menganita un mensaje con mi decisión o inquietud respecto del auto y la instalación eléctrica, y hacerlo fuera de mi casa. Porque lo que me espero es un problema clarísimo, independientemente de cómo se lo diga: seguramente va a buchonearme con mis padres como si fuera una niña, diciendo que soy muy mala, que le quiero cobrar a la familia (un trabajo que, cobrado, sería de remuneración altísima porque es muchísimo el tiempo y los conocimientos que se han de invertir) y no sé qué. La verdad es que no quiero estar en mi casa cuando todo eso pase.

Lo curioso además, es que ella podría ofenderse porque yo le insinúe que mi trabajo vale plata, pero yo no puedo ofenderme porque me venda el auto. ¿No se supone que no se cobra entre familiares o me huele que esa regla solo me hacen aplicarla a mí? Porque a Andrea le pagan por corregir tésis, mi hermana me quería vender el auto, mi papá su auto a ella; acá venden todos sus servicios, pero cuando aparece mi trabajo en medio mágicamente hay que regalarlo... ¡qué casualidad loca!

Todo esto es hartazgo total de mi entorno. Sobre eso, también estoy pensando en volver a inscribirme al taller de literatura en el que estaba o algo de ese estilo, para conocer gente nueva.

Necesito cambiar muchas cosas y, aunque lo intente, hace semanas no duermo bien. Todo esto me tiene muy inquieta, pero al menos ya hice algo y me di cuenta de muchas cosas que tenía normalizadas. Lo de la psicóloga me sirvió como detonante; fue increíble. De verdad no pensaba que “no tenía por qué hacerlo”. Hasta me tatuaría esa frase, muy seriamente.

“No tenés por qué hacerlo”.

No les voy a mentir, después de escribir todo esto siento ganas de vomitar. Me siento muy incómoda con mi vida. Además quisiera bañarme pero no quiero pasar por mi casa ni siquiera un instante.

PD: Esperé un poco a que no hubiera nadie en el comedor de mi casa, y me fui a bañar. Soy feliz.

Con cariño,
Celeste Torres.

jueves, 19 de febrero de 2026

¿Compré un auto?

Son casi las tres de la mañana y no puedo dormir. Por las dudas, si leyeron la entrada anterior, hice una pequeña modificación porque, como sea, lo subí revisándolo menos que lo que corrijo usualmente, y estoy haciendo bastante eso, pero de verdad.

Intento tener más confianza, aunque a la vez, a veces todo lo propio se ve pésimo y sostenido por hilos.

El otro día igual me puse a pensar en eso y noté algo un poco gracioso, incluso. Ya lo he llegado a pensar, pero el otro día estaba mirando un video de cómo poner un soporte de TV (porque me llamaron para instalar uno, y yo acepté porque me creo capaz, pero la verdad es que nunca lo hice). En los comentarios alguien puso: "No puedo dormir en paz sabiendo que lo sostiene una gomita; siento que en cualquier momento mi televisor se puede caer y romper". Lo divertido es que, si lo hace otro, simplemente no se cae, y vos no te enterás de que quizá a tu tele de 55' solo la sostiene una gomita.

Y bueno, todo en la vida funciona así. Algunas cosas son más pedorras que otras, pero a algunas solamente les maximizamos defectos inevitables.

Ahora estoy muy nerviosa, sinceramente. De esos nervios que, aunque estés cansado, no te dejan dormir, te desaniman y quizá hasta te dan ganas de vomitar.

Compré un auto por mil dólares.

¿Compré un auto por mil dólares? Bueno, todavía no firmé contrato, todavía no me fue transferido, pero el peso de mi afirmación a la propuesta me dice que sí.

Estoy intentando trabajar, de alguna manera, ahora mismo, a las tres de la mañana pasadas. Estaba pensando en el diseño de una página web, algo sencillo, y estaba evaluando la manera de hostearlo.

Quisiera hacer algo parecido a lo que hice en un Excel: una calculadora de precios (la de Excel es la que uso para mí), pero que, obviamente, la gente solo pueda calcular sus precios sin modificarme los datos ni tener necesidad de interactuar conmigo. Siento que eso, hoy en día, se valora porque no te mete en compromisos; quizá querías evaluar un precio de acá a cinco meses, cuando tengas plata, y no querés meterte en un compromiso. O querés averiguar para comparar precios y, a la vez, no querés preguntar y dejar colgado a alguien, no sé.

Mi Excel está muy bueno, completísimo. Yo soy una persona sumamente organizada. Tenés el precio ligado a la palabra.

Por ejemplo, yo pongo el cliente, Menganito, y él quiere una colocación de lámpara. Lámpara, en el ejemplo, vale 50 mil pesos. Pongo "Menganito - Lámpara" y ya tengo el precio total. Si le sumo cosas o cantidades, automáticamente se verá reflejado, incluido si tiene descuentos particulares (como si pidió una extensión, pero la extensión es de 10 cm, así que decido reducir el precio establecido). Eso incluye escribir de dónde es Menganito; según eso, se suma valor de viático y cantidad de cosas. También puede ser, por debajo, "Tomacorrientes extensión - 3". Y ni siquiera tengo que escribir, porque lo tengo en un menú desplegable.

Aumentar los precios es igual de fácil que solo modificar el valor ligado a la palabra, y el valor de todo cambiará automáticamente. Es muy eficaz.

Me he simplificado mucho la vida. No tengo que pensar ni dos segundos en mi precio, solo llenar una tabla desplegable. Me gustaría quizá hacérselo llegar a mis clientes para que tampoco tengan que pensar mucho, y creo que podría llegar a gustarles mi transparencia en los precios. Muchos electricistas te cobran por cara; yo tengo una tabla estricta. Se darían cuenta fácilmente si me voy del valor establecido.

Otra cosa que me pasa mucho es que, no sé por qué, noté que el precio siempre les parece caro a todos. Cuando cobraba absurdamente barato, también lo consideraban caro. Cobraba, por ejemplo, diez mil pesos cada cambio de tomacorriente incluyendo material, un regalo; no sé por qué despreciaba tanto mi trabajo y a mí misma. Teniendo ese precio, o algo equivalente, la gente me pedía muchas cosas y después me rechazaban casi con desprecio. Veo para atrás y digo: si diez mil pesos te parece caro para un tomacorriente, no sé qué esperás. Solo se me ocurre que a un indigente le parezca tan caro, no a alguien de clase media o baja.

Queriendo ser electricista barata perdí un montón de plata, así que no me regalo más. Pero también me da bronca la gente que me hace presupuestarle treinta cosas y se borra. Mejor que, por menos de setenta mil pesos, ni me hagan hablar, ahre. Hago seña del 50% para mantener una conversación de 10 mensajes y, si no concretan la compra, no se devuelve (?).

Sobre el auto: tengo pánico. Creo que tiene que ver con tirarme de cabeza a mi emprendimiento, con tener que tener plata para pagar todo lo que tengo que pagar, para mis ahorros y metas de este año, que incluyen la necesidad de una economía estable y decente, teniendo un trabajo del cual, si bien se gana bien, es inestable. Ahora el auto está funcionando como el orto; ayer no me arrancaba, pero el problema no era el encendido sino la poca fuerza que tenía para mantenerse en marcha, que provocaba que se parara. Sobre esto, tuve la iniciativa de hacer una serie de videos en TikTok que muestre mi gran hobbie con los autos, así que estuve grabando.

El auto, como tal, lo pude usar varias veces y me llevaba y me traía; era un poco inestable como yo, pero en sí la parte de ser un socotroco con motor y cuatro ruedas que iban para atrás, para adelante y que doblaran la cumplía. Por eso, en el primer episodio de la serie, yo quise arreglarle el velocímetro, y eso hice —quizá, porque andá a saber si funciona, pero cuando lo quise usar ya no estaba cooperativo y no anhelaba moverse y cumplir sus funciones básicas de automóvil.

Me hizo quedar un poco mal, porque parece que prioricé algo muy inútil a que, en primer lugar, se moviera, pero en realidad me tomó por sorpresa.

Le limpié los sensores, le revisé y limpié los fusibles, los contactos eléctricos, limpié como pude la mariposa (porque no la saqué; después la saco para hacerlo bien) y ajusté y desajusté el cable pedal del acelerador (que igual está en mis planes cambiar, porque parece una serpiente mudando de piel; está rotísimo el cable). La verdad es que mejoró: quedó prendido como veinte minutos, tiempo récord, pero no por eso estuvo dispuesto a moverse como yo también; tenemos muchas cosas en común con ese auto. En cuanto ponía la marcha y trataba de avanzar, aunque apretara el acelerador al fondo, literalmente ya chocando mi pie con el piso de tan baja potencia, se apagaba.

Me re desanimé, así que volví a mi casa a estresarme en soledad. Pero en poquito tiempo llegaría Mariano; sinceramente estaba considerando dejarle las llaves en algún lugar alcanzable para ni siquiera tener que moverme a abrirle, pero desistí de la vaga idea.

Encima estaba editando el video, que estaba bien, pero, siendo sincera, me sentía muy gorda y fea y me daba un poco de vergüenza dejarlo: "¿Y si alguien nota que estoy gorda?". Había intentado regrabar, pero quedó mal: yo actuando durísima, no sé. Quizá podría volverlo a intentar.

Cuando llegó, supo que estaba triste y me dio una buena teoría: me dijo que me pagaba un bidón de nafta y que él creía que quizá no tenía potencia por tener la nafta sucia o vieja. Me levanté instantáneamente y le dije que quería probar su teoría de inmediato, aunque ya fuera de noche, así que me siguió, poniendo antes la comida en el horno al mínimo, y fuimos a ejecutar el plan.

Fuimos a la estación de servicio con un bidón que agarré de mi casa y él pidió 5 litros de V-Power. No pidió el más barato, que es el clásico que siempre probó ese auto; pidió el consecutivo y me dijo que vio en algún lado que sirve, cada tanto, variar de nafta.

De ahí nos dirigimos al garage. Con un embudo casero que hice con una botella de Aquarius de pera le introdujimos toda la nafta.

Fui a prender el auto, nerviosa, para ser sincera. Arrancaba y permanecía, igual que por la tarde; ese avance ya lo teníamos, y cuando lo intenté mover pasaba lo mismo: justo al momento de poner la primera y acelerar perdía toda la fuerza y se apagaba. Me frustré, pero decidí intentarlo otra vez, cambiando mi método de conducción.

Dejé de soltar el embrague como habría que hacer en una buena práctica de manejo; no lo volví a soltar. Apreté el acelerador casi a fondo y mi pie izquierdo solo se levantó apenas unos milímetros. Jamás dejó de pisar el embrague. Empecé a moverme en primera; el auto respondía. No podía soltar ningún pedal porque, si no, se apagaba otra vez. Reversa, para adelante, haciendo un ruido terrible y doloroso del motor muy forzado, y volvió a estar estacionado. Porque, a todo esto, olvidé comentar que el auto me quedó en un lugar comprometedor: estaba tapando todo el garage familiar. Si mi padre volvía y el auto mío estaba tapando toda la entrada, iba a morir.

Me da miedo estar creyéndole a la versión mía que cree que el vehículo tiene mucho potencial y se puede reparar, y que después quizá salga mal y haber perdido plata. Espero tener razón, espero poder confiar y darle para adelante con más seguridad. Que realmente me sirva como sujeto de pruebas de mecánica y electricidad automotriz.

Fuera de eso, hoy hice videollamada con mi mamá y me contó que tuvieron un problema con el mecánico. Nota: no les voy a mentir, justo esto fue un día después al inicio de la entrada, hoy son otras tres de la mañana, pero justo vuelve a ser la misma hora.

Llevaron el Jeep (CJ-5) a que le arreglen el burro y mi papá se enojó con el mecánico, Pablo, nunca confíen en los Pablo, no tienen buenas intenciones, no sé por qué. El chabón le pedía plata a mi papá y después le pidió más plata, después más, después más y así. Él igual no le pagó; le dijo que le pagaba cuando estuviera terminado y después el mecánico se encontró con la negativa de él a responderle el teléfono porque ya no lo toleraba.

Mis padres fueron a la casa del campo y fueron a ver el Jeep, porque el señor estaba ciertamente inoperante. Se lo encontraron todo desarmado, muy por demás a lo necesario, y se ve que se pelearon. Así que mi papá puso sobre la camioneta todas las partes desarmadas del motor y remolcó el Jeep con su otra camioneta hasta el terreno.

Le pedí que me traiga el burro para evaluar arreglarlo y quisiera volver a ponérselo yo.

De corazón les digo: nunca confíen en un mecánico, o usen a otra persona como conejillo de indias, que haya ido primero a experimentar, para que les diga si el mecánico es bueno o si lo cagó con algo. Ya supe de muchos que robaron piezas originales para poner genéricas, tardan demasiado en hacer el trabajo, te cobran y el auto vuelve igual o peor. Un desastre.

Yo estoy indignada porque llevé mi camioneta a un mecánico porque pierde líquido de frenos. Me cobró algo así como ciento veinte mil pesos y la camioneta sigue perdiendo líquido de frenos. ¿Para qué se supone que le pagué? ¿Era caridad? Porque lo peor es que pagar tres líquidos de frenos por semana, les juro, que es un problema muy caro.

Igual ya tuve muchos problemas con mecánicos para mi corta edad.

La única experiencia buena fue cuando me quedé tirada con mi camioneta porque se le había soltado un perno a la caja de cambios y un mecánico de ahí, de la esquina, vino y me lo arregló de onda; no me cobró.

Ahora quiero ser mi propia mecánica igual.

Jesús me había dicho algo de que seguro, en una vuelta manzana conmigo y mis vehículos, aprende mucho de mecánica porque son impredecibles jajjaja. Lo mejor es que el auto de los padres de Jesús, que le permiten manejar con libertad, muy probablemente tenga el mismo motor exacto que mi nuevo auto, así que le dije que seguro le puedo compartir mucho conocimiento absolutamente útil de aplicación instantánea.

Existir es complejo. Me estresa y me produce mucha ansiedad.

Amigos míos, los quiero tanto que no se dan una idea.

No me entra este blog en el corazón.

Con cariño, Celeste Torres.

Poseo la dentición de un mendigo

Se me partió un diente mientras comía doritos. Todos conocemos esa sensación horrible de masticar el propio diente y sentir que estamos lastimando el resto de la dentición.

Comienzo a considerar la importancia de repararlo y colocarme ortodoncia. Ahora tengo medio diente partido, podrido y sin sensibilidad porque ya me hicieron un tratamiento de conducto; por ende, mataron el nervio.

La plata del tratamiento de conducto sirvió para que al final igual me tengan que quitar la muela y poner un diente trucho: es el pensamiento de pobre que puedo llegar a tener al respecto.

Estoy a dos minutos del "¿te animás a sacarme un diente con una pinza?" que me ha dicho alguien —omitiré el nombre— y omitiré la parte en la que acepté. Igual nunca se llevó a cabo: esto formaba parte de las malas ideas a las que todos hemos llegado alguna vez.

Yo durante un tiempo estuve obsesionada con meter el pie abajo de un auto, porque creía que si me pisaba simplemente le pasaría por arriba: no que lo desharía completamente, dado que los autos pesan más de una tonelada. Por suerte, no llegué a hacerlo.

He visto varias historias de personas con discapacidades o problemas producto del ausente instinto de supervivencia. Como una chica que se tiró ácido en la cara de chiquita y quedó como una de esas personas de los lives de TikTok con la cara totalmente deshecha, los ojos prácticamente rondando la cuenca del cráneo y los labios siendo solo piel que apenas cubre los dientes: generando un aspecto que, con honestidad, de noche daría un poco de miedo.

Con cariño, Celeste Torres

viernes, 13 de febrero de 2026

El plano artístico - La sentencia y el juicio - Vivir colgada en la plaza pública

Siento que actualmente me resultan un bodrio todas las tareas que no tengan que ver con lo artístico.

Si bien tengo un superpoder para transformar lo cotidiano en una escena digna de todo mi entusiasmo, hay cosas que se oponen a eso, como una madera ejerciendo resistencia al paso de la corriente.

La electricidad me parece muy compañera de la magia; las computadoras, ni hablar.

Hace un rato estaba teniendo un pensamiento: ¿cómo habría sido el proceso de composición de una computadora si hubiera dependido de una sola persona? ¿En qué momento la electricidad se convirtió en una pantalla de imágenes cercanas y accesibles al usuario? ¿A quién se le ocurrió eso, si antes no existía en lo absoluto algo similar con lo que relacionarlo?

Hoy en día las personas pueden fantasear con hologramas futuristas que imiten lo que es una computadora, que se manejen con un chip cerebral, cualquier cosa volada que puedan imaginar; pero no es verdaderamente inventivo, porque toda esa idea tiene como base la computadora, es decir, lo conocido. ¿Quién tuvo la idea de la computadora sin tener una como referencia? ¿Puede existir una idea radicalmente nueva si no tenemos ninguna experiencia con la cual compararla?

Lo que puedo imaginar es desear, como ingeniero, algo individual en principio: por ejemplo, poder hablar con alguien que reside a kilómetros de distancia, crear un canal de difusión como este medio por el que les escribo, disponer de un mapa de cualquier parte del mundo. Pero de ahí a convertirlo en una imagen tan moldeable, a considerar posible diseñar una electrónica tan visual, y programar primero el microcontrolador que contenga otro programa que, a su vez, le permita al usuario hacer su propio programa, ya en ejercicio de libre albedrío, para luego venderlo, como puede ser una página web.

O como los parámetros que le modifiqué al CSS de este blog, pero con posibilidad de mayor escala. Como alguien que hizo el Chrome que estoy usando, o la voz narradora del Microsoft Edge que usa Anoncito Burgués para escuchar mis entradas sin leer.

A la vez, esas cosas individuales, ya existentes, escalaron demasiado como para terminar teniendo esta forma física y ser tantas a la vez. Dos latas con un hilo desembocaron, con los años, en lo que es hoy; y a la vez, eso nació de la acción más básica: hablar frente a frente con otra persona.

Siento que me fui de tema, no quería expresar lo raro de creer la utilidad de la computadora sino de en sí que fuera una pantalla y toda la parte electrónica. Un desastre de narrativa que no tengo ganas de corregir, nacido de tantas ideas juntas brotando de mi cabeza a la vez.

En realidad, lo mismo pasa con casi todo lo tecnológico. Siento que lo más cercano a la magia hoy en día es la electrónica y, si bien se estudia, se utiliza, se calcula y se dimensiona, es un fenómeno que demuestra mucho la capacidad de inventiva humana, y tiene muchas posibilidades preciosas, admirables y útiles.

Fuera de esto, y a la vez en sintonía: en las redes sociales, como siempre, me atacan sin ningún fundamento. A mí y al mundo virtual entero. Estoy en la lucha interna sobre si responder o no, porque evidentemente ellos no hubieran descubierto la computadora… si se entiende lo que quiero decir.

Me atacan por haber hecho una extensión de tomacorrientes cerca de un caño de gas, uno quizá a veinte centímetros y el otro más cerca, a unos cinco; pero yo sostengo que quienes instalaron el caño de gas lo pusieron atravesando no solo toda la casa externamente, sino también pasándole por al lado a todos los circuitos del hogar. Incluso, una de las extensiones que realicé tenía como consecuencia alejar más ese tomacorriente del caño de gas, porque esos trabajadores pusieron el codo del caño a unos dos centímetros del tomacorriente original, y el principal objetivo (por pedido de la cliente) era no entorpecer el empujar la heladera más para atrás, ya que quedaba muy sobresaliente. Me atacaron también por eso: dijeron que estuvo muy mal mi accionar, porque la heladera “nunca tiene que ir pegada contra la pared”. ¿Yo qué tengo que ver con cómo mueve la heladera mi cliente? Me pidió una extensión más alta; definitivamente no es una normativa tener un tomacorriente externo a cierta altura detrás de la heladera para impedir que la muevan hacia atrás. ¿Dónde leyeron que las normas IRAM para electricidad domiciliaria indicaban eso? O la propia marca de heladeras, que por algo tienen la rejilla trasera, y sino la harían del doble de extensión pienso yo (o quizá deberían).

Algunos decían: “Tiene que ir a 50 centímetros mínimo del caño de gas por normativa”; otros sostenían: “¡No! A un metro mínimo”; otros juraban que a 30 centímetros. Parecía que en realidad estaban apostando.

Otra gente hacía comentarios despectivos que ni siquiera fundamentaban, porque evidentemente no sabían; solo querían sumarse al ataque, como una manada: “Pasame tu número, así sé a dónde nunca llamar”, “Está todo mal”, “Te recomiendo hacer un cursito de electricidad antes de arrancar…”. En el medio me atacaban, y alguien intentó defenderme en los comentarios; le preguntaron a una señora que me ha faltado el respeto a qué se dedicaba, porque su perfil era de pastelería, y ella decía que vendiendo tortas sabía más de electricidad que yo. Pienso que ella debería tener cuidado de jugar a la electricista, que es peligroso andar tocando solo por orgullo.

Y todavía peores, en esta escala humana imaginaria, son las personas que leen eso y, como ven que alguien está atacando, asumen que en verdad estoy comprometiendo la seguridad de alguien de una manera gravísima, escribiendo comentarios del tipo: “No tengo idea de nada de electricidad, pero tenés que escuchar las críticas que te hacen porque es muy peligroso lo que estás haciendo”. En la vida no son malas las sugerencias, pero las críticas sin sustento, casi animales, que solo pretenden dañar, no tienen espacio para ser oídas porque no transmiten información valiosa.

Otra cosa para agregar es que la normativa, de la cual tengo constancia, no siempre es aplicable tal cual la citan. En hogares que ya fueron toqueteados miles de veces, y con años encima, no pueden ser aplicables todas las normas actuales que son más bien para el diseño de instalaciones nuevas. Y además exageran demasiado cuestiones como haber puesto, acomodada contra la pared, una zapatilla. Las zapatillas se venden, están aprobadas por IRAM, y yo solo la dispuse de una manera prolija con cablecanal a la pared, porque la cliente ya usaba esa zapatilla ahí, pero tirada en el piso; y si la sacaba, aún la hubiera usado pero en otro lado. Obviamente tengo más decoro con los trabajos hechos por dentro de la pared, pero las extensiones por fuera son exactamente eso: extensiones, alargues. No pondría un cable bipolar por dentro de la pared, pero eso no significa que no lo puedas usar para otras funcionalidades. No está prohibido; no es un cable que de existir se incendia, ni que represente automáticamente mala calidad. Hay que tener criterio. Esa gente nunca ha trabajado en su vida, de ser por haberlo hecho sabrían las condiciones reales a las que te enfrentás, donde solo tenés que hacer lo mejor posible.

De ahí mi dilema sobre si responder o no: tengo con qué hacerlo, ¿pero conviene o es tirarle perlas a los cerdos?

Otra decía algo como: “Ténganle más piedad, seguro no tiene clientes y estos videos son arreglos a familiares, porque recién está empezando”, muy pasivo-agresivo. Y encima, ¿por qué la gente cree que es lo mismo empezar una cuenta en una red social que empezar a saber o empezar a trabajar?

Como sea, volviendo al caso: hay muchos más comentarios que criticaría, pero así como intento no leerlos, a este punto prefiero omitirlos.

Me harté bastante de esta situación. A veces también los mismos clientes te tratan mal y es algo difícil de manejar. A mí me produce mucha ansiedad y me parece completamente innecesario. Yo soy muy justa y comprensiva con la gente sin necesidad de malos tratos, no soy ninguna estafadora.

Me puse a planificar qué podría hacer para que todo sea más ameno, porque obviamente da igual lo que haga: siempre va a haber una persona que critique, por un motivo o por el otro. Y dentro de las ideas que pensé, la primera fue propuesta por mi hermana Romi: hacer y vender lámparas, como complemento.

Sé que eso no me dejaría mucho capital, pero tiene mucho arte de por medio, y he pensado tantas ideas que sería muy difícil rechazar esa posibilidad. Tengo tantas ganas de hacer lámparas, y pensé cientos de modelos artesanales que, de llevarse a cabo, serían hermosos y originales.

También pensé en ampliarme y, a la vez, limitarme: sumar un servicio de puesta de luces LED profesional, con muchos componentes artísticos, colocando el transformador en una caja de PVC (donde naturalmente reposarían las termomagnéticas individuales) y pintándola con diseños, dibujos o colores lisos; agregando enredaderas, quizá maripositas falsas de tela, y otras cosas que fui imaginando y que me generan entusiasmo. Lo único que no me agrada es que las tiras LED son muy caras y las canaletas también. La gracia del servicio es que quede de una manera en que una persona común no podría instalarlo: prolijo y completamente cubritivo de la superficie; además, bien fijo y sin posibilidad alguna de caerse. Tiene muchísimas diferencias respecto a comprar la tira de cinco metros en el bazar. Que se maneje con el celular, que no ocupe un tomacorriente; hasta podría tener un vúmetro.

Fuera de eso, me dispuse a empezar a rechazar trabajos que no quiera hacer. No quiero dispersarme más; decidí que ahora “electricidad domiciliaria” comprende exactamente eso: extensiones, luces, ventiladores, tomacorrientes, llaves de luz, termomagnéticas, etcétera. No miro más cosas distintas a eso: ni el extractor, ni una heladera, ni un lavarropas, nada ajeno a la electricidad propia del hogar.

Olvidé contarles del señor llamado Martín. Va a ser un personaje recurrente, creo.

Empecé a hablar con un señor que tiene una constructora y necesita electricista. Él es el tipo de jefe que jura que tiene más gente para contratar, pero se delata en la misma frase diciendo que en realidad no la tiene, y afirma que no le gusta mencionarse como jefe; él es un jefe copaaadooo.

Cuando me habló para hacer una entrevista virtual, acordamos para el mismo día a las cinco de la tarde, un viernes. Muchas veces, después de la psicóloga, me junto con Jesús, porque vive a un par de cuadras del consultorio, y generalmente está también su novia, que me cayó excelente desde el principio, y ya le conservo mucho aprecio. Entonces él me preguntó si ese día nos juntábamos también o no, y primero le dije que sí, pero que me iría pronto; luego me di cuenta de que podía hacer la entrevista en su propia casa, sin ruidos incómodos que hicieran eco en la llamada y con un fondo más estético. Le propuse esa idea y aceptó sin problema, así que me dirigí hacia allí.

Di un par de vueltas hasta acomodarme y le dije a Martín que me esperara un minuto. Él me escribía cosas como: “¿Ya estás listo?” y después: “No te veo conectado”.

Al ver el morfema masculino en la primera palabra, creí que se trataba de un error de tipeo o del autocorrector, pero a la segunda ya temí no ser lo que él esperaba y enfrentarme a una situación desagradable. Aun así, me arriesgué.

Se rió levemente en la videollamada y dijo que efectivamente pensaba que yo era hombre; después me habló de un empleado que tenía que era transgénero, pero que no se esforzaba en parecer varón: parecía mujer y se vestía como mujer, con pollera, pelo largo y escote, y que le enfurecía que se confundieran. Me contó que eso generaba tensión en la oficina porque las personas normalmente se confundían. Sinceramente, no me pareció transfóbico; comparto parte del planteo: hay personas trans que quieren establecerse en un género determinado y, al mismo tiempo, desligarse de ciertos códigos asociados a ese género. Si el objetivo fuera no encasillarse, simplemente se vestirían como quisieran y ya; pero cuando se busca reconocimiento dentro de una categoría, también entran en juego sus convenciones. Es un tema complejo.

Para mi sorpresa, no me cortó la llamada ni nada; simplemente seguimos hablando. Me habló de su oficina, de su electricista: amigo suyo, que se atiene a las normas según le conviene, por informalidad del vínculo no comprende a su amigo como su jefe, y no resulta confiable para algunos trabajos porque cancela cuando quiere o se olvida cosas importantes, como cablear alguna parte del mismo trabajo. También me contó de sus proyecciones a futuro.

En un momento fue pensando en voz alta sobre cómo contratarme: si pagarme por trabajo realizado o un sueldo fijo por determinada cantidad de días, independientemente del trabajo que fuera. Me habló de que yo fuera a conocer la oficina y le ofrecí ir inmediatamente al día siguiente, porque luego me iba de vacaciones. Aceptó y quedamos en que estaría ahí a las diez de la mañana, pero después recordé que tenía un turno de control con mi perrita y lo postergué para la una de la tarde.

Ese mismo viernes por la noche, mientras yo cenaba en un restaurante con Mariano, me ofreció ir a hacer un trabajo a una señora que necesitaba arreglar su ventilador, y que de paso, él debía arreglarle una puerta. Él me pidió primero que yo pusiera mi precio: ochenta mil pesos, y sugerí cambiarlo entero, explicando las posibles complicaciones que podíamos tener. Me dijo que siempre le parece mejor cambiar las cosas integralmente para después no tener problemas.

Al día siguiente hice un viaje bastante extenso, con mi ropa de trabajo y mi caja de herramientas cerrada con un alambre para que no se abriera en la vía pública cayéndose todo el contenido en el piso. Llegué puntual a la oficina, y la señora, irrespetuosa como ya se acostumbra a ver en la gente hoy en día, al mediodía se enojó diciendo que la hicimos esperar todo el día, cuando ni siquiera tenía aún el ventilador de techo en su posesión, y habló en ese tono pasivo-agresivo tan característico de cierta edad mal gestionada. La situación, al menos, me sirvió para demostrar compromiso cuando él me recibió y vio que estaba completamente equipada para el trabajo.

Como sea, todo salió bien. Me escribió con el tiempo para otras cosas y me va haciendo consultas, seguimos en contacto seguido pasado ya más de un mes de nuestra reunión, pero se nota que la gente que tiene contratada no es muy responsable y le hace perder trabajos. Yo ahora debería ir a un domicilio con un plomero, pero esa persona nunca volvió a confirmar, y eso traba todo. Sinceramente, ni siquiera creo que la cliente haya esperado: me mandaron un video de su problema y el termotanque estaba tan roto que regaba agua por todos lados, y parte de esa agua caía en el tomacorriente que me correspondía reparar. Pienso que ese trabajo no puede esperar y que yo, en su lugar, ya estaría buscando a alguien que lo resolviera más rápido. Una pena.

Eso también demuestra que entonces mucha gente para contratar no tiene, porque sino Martín lo resolvería con otro plomero.

En estos días estuve repartiendo folletos por las casas; caminé bastante. Esperaba que alguien me llamara, y sucedió, pero el resultado no fue el esperado.

Atendí y se oía una voz anciana del otro lado del teléfono. Cuando respondí, al escuchar mi tono de voz, me preguntó:

—¿Sos la esposa de Nico?

—No, señora, yo soy Nico, de Nicole.

Ella, sin cerrar aún la idea de que una persona llamada “Nicole” pudiera ser electricista, insistió:

—¿Nico el padre de Claudio?

—No, señora.

Y procedió a disculparse, diciendo que se había equivocado de número, porque evidentemente no contemplaba la posibilidad de que yo fuera la del folleto. Fue desilusionante, aunque no devastador.

También, la chica de la controversia del caño de gas y la zapatilla me escribió nuevamente para contratarme otra vez. Me hizo estúpidamente feliz que una clienta me llamara por segunda vez.

Ahora tengo el objetivo de darles souvenirs a mis clientes para que estén más contentos y se sientan tenidos en cuenta; es un detalle que ningún electricista tendría, o yo no lo he visto. Pienso darles un imancito lindo y un peluchito o algo simbólico y tierno. Ya anoté muchas cosas baratas que cumplen ese objetivo y esta chica definitivamente merece ser la primera en recibir ese pequeño detalle.

Algo que me gustó fueron unos peluchitos en forma de banana con carita feliz, aunque vi muchas cosas de este estilo en muchos lugares, muy adorables.

También planificaba rendir materias libres, pero hablé con el profesor y tengo una teoría bastante contundente de que me odia, es el profesor mencionado en entradas anteriores, porque abandoné su materia después de todo el bardeo que me comí, y decidí que quizá no conviene arriesgar el promedio por ese pseudo-pelado resentido... porque si hay algo peor que un pelado es un hombre casi pelado. Pero, a la vez, algo en mí está deseoso de intentarlo.

En caso de que no lo haga, o que en su defecto desapruebe, ya estuve planificando anotarme a la materia con facuamigos para hacerlo más llevadero. Es una materia que ya cursé (y abandoné) dos veces y a la que me anoté para rendir libre una vez, antes de salir volando del aula previo a que pasaran lista o iniciaran el examen, aterrada de desaprobar. Esta sería la 4ta vez que le doy revancha, porque odio esa materia y a los profesores, y si bien al principio iba todo bien después me sucedió una pésima experiencia que me alejó del contacto sano con esa materia, ahora me provoca evadirla.

También me anoté a otra que veo más posible; les estaré comentando, pero no quiero arriesgarme demasiado con finales si no estoy muy segura de ellos.

Con cariño,

Celeste Torres.

jueves, 12 de febrero de 2026

¿Por qué querés tener el control?

Hola, amigos míos. Les escribo con la intención de contarles varias cosas que me fueron sucediendo y que fui teniendo ganas de escribir.

Lamentablemente, algunas ideas se han perdido en el camino, sin dejar rastro de su existencia.

Recuerdo que mi primer pensamiento de índole narrable fue respecto al regreso de las vacaciones a San Bernardo con Mariano. Dicho sea de paso, hay ahora toda una pseudonovela escrita de ese viaje, pero está en proceso de edición porque es muy extensa: escribí todos los días, y mucho. Al día siguiente fui a comprar a la estación, a hacer todas las cosas que en otro momento odiaba y que sabía que pronto odiaría de nuevo. Pero estaba tan feliz de estar en casa (dicho así, refiriéndome a toda la localidad) que fui casi gustosa.

También les conté de esa situación a mis padres, diciéndoles que aprovecharan ese momento para molestarme, porque no iban a lograrlo. Estaba incluso con absolutas ganas de ir al chino a pedirle 500 gramos de maní, pero no en una sola bolsa de 500 gramos, sino que me los separara en cinco bolsas de 100 gramos cada una, como mi papá me pide. Siempre me resulta muy vergonzoso pedir eso, porque siento que estoy molestando a la pobre vendedora. Por eso no lo hago, sino que intento rescatar las bolsitas que ya están separadas y que sean cinco.

Es entre cómico e indescriptible pensar en el momento de ingreso a la verdulería, la que tiene las cosas más baratas. No entré, como siempre, pensando en el momento de salir y apurando el proceso porque me daba asco estar ahí:

El suelo siempre se ve con tierra pegada, algunas verduras caídas, desvalidas, que han sido pisadas muchas veces, y, de vez en vez, aparece un gato blanco joven. Y yo, en ese momento, me preguntaba cuál era el olor que sentía, intentando ponerlo en palabras. Era el mismo olor de siempre, invasivo, sucio, que claramente tenía que ver con las verduras: ¿sería el compendio de todas juntas lo que producía ese olor amalgamado?

Estaba por preguntarle a mi mamá su opinión, pero me mandó a embolsar las manzanas, solo las que yo quería comer y nada más. Agarré tres, muy lindas; yo soy muy exigente respecto de las manzanas. A día de hoy he de decir que no comí ni una. Hace poco mi mamá me preguntó si las comí y le dije que sí, pero en realidad se la comió Mariano un día que yo fui a la casa de Dani a festejar su cumpleaños.

Fue divertidísimo ese día: hicimos vision boards y después cada uno expuso el suyo; yo pasé primera. En otro momento se los describiré, pero siento que me ha dado mucho que pensar.

Tiene mucho énfasis en la guerra, en el apocalipsis: muchos autos, una camioneta como la mía sumergida en el agua hasta el capó, andando; un soldado y cosas que aludían a la paz. Muchas cosas más: apenas me entró todo en la cartulina.

Tuvo mucha magia que Dani no anunciara que había que exponerlos hasta que los terminamos de armar. Siento que eso lo convirtió en algo mucho más personal, no condicionado por la mirada ajena ni por la necesidad de pensar explicaciones que no fueran momentáneas. Solo fluíamos con recortes de revista que nos resonaban.

Cuestionábamos todo de los vision boards y cada uno recibió una nota del uno al diez, junto a su respectiva devolución. Preguntábamos el porqué de la disposición de las cosas, el orden, si se pegaban a los bordes o al centro, si algo quedaba muy al costadito, algunas palabras tapadas por otras e incluso tirábamos preguntas que acudían a lo personal, sin herir ni molestar a nadie, solo riéndonos.

Todos empezábamos de la misma manera: nombre completo, apellido, edad y signo zodiacal. Quien sabía el signo lunar y el ascendente lo decía también.

Lo único malo fue que no todos terminaron de exponer.

Fui a la psicóloga otra vez, después de varias semanas, y conocí una nueva habitación: la sala de juegos. Me puso muy contenta descubrir ese cuarto, que se ocultaba detrás de esa puerta, como algo que viviría para siempre en el misterio. Estaba por comentárselo a ella, pero algo me detuvo, y me lo reservé para mis adentros. Lo único que me puso nerviosa, visualmente, fue que muchas de las cajas de los juegos estaban al revés. Estaban apiladas una encima de la otra, en filas y columnas, sobre un mueble blanco, bajo, de melamina; pero algunas letras apuntaban hacia arriba y otras hacia abajo. Con solo dar vuelta eso, sería otra de mis habitaciones favoritas.

También fue la primera vez que me animé a aceptarle el vaso de agua que siempre me ofrece.

Todavía no le hablé de mi defecto al pisar baldosas, pestañear, mirar imágenes o textos en un orden visual particular y todas esas cosas que me condicionan al existir desde que tengo memoria, porque hay algo en mí a lo que le da miedo verbalizarlo. Siento que debe ser mentira; pero cada vez que intento que sea una mentira y pretendo caminar normal o mirar, por ejemplo, una serie de corrido, me siento muy mal.

Pero la última sesión me fui con una pregunta: ¿por qué querés tener el control? Y creo que tiene que ver con cuando necesito modificar objetos de su disposición inicial, como un simple ejemplo. Quizá esa pregunta me ayude a llegar. Aunque la anterior iniciativa de ella había sido decirme que me estableciera metas de año, porque yo, a inicio de año, ya di todo por perdido. Le dije que no podía pensar en ninguna meta, que no lo había hecho y que no lo planeaba tampoco. Ella me dijo que recién había comenzado, que había tiempo. Y es verdad. Me planteé algunas que ya les comentaré, que a ella misma le quiero comentar en respuesta, y quisiera darle revancha a la del año pasado: hacer al menos una dominada.

Aún así, la pregunta de ella tuvo que ver con cosas más complejas, acompañada con mi narración de las vacaciones, donde me puse muchas cosas al hombro que no me correspondían, sintiéndome por algún motivo responsable de todo. Pero siento que quizá es algo que se traslada desde otros lugares internos, como un tumor que hace metástasis.

Fuera de eso, sucedieron cosas más recientes, pero creo que, al estar más frescas, merecen un lugar aparte.

Los quiero mucho.

Con cariño,
Celeste Torres.