jueves, 19 de febrero de 2026

Poseo la dentición de un mendigo

Se me partió un diente mientras comía doritos. Todos conocemos esa sensación horrible de masticar el propio diente y sentir que estamos lastimando el resto de la dentición.

Comienzo a considerar la importancia de repararlo y colocarme ortodoncia. Ahora tengo medio diente partido, podrido y sin sensibilidad porque ya me hicieron un tratamiento de conducto; por ende, mataron el nervio.

La plata del tratamiento de conducto sirvió para que al final igual me tengan que quitar la muela y poner un diente trucho: es el pensamiento de pobre que puedo llegar a tener al respecto.

Estoy a dos minutos del "¿te animás a sacarme un diente con una pinza?" que me ha dicho alguien —omitiré el nombre— y omitiré la parte en la que acepté. Igual nunca se llevó a cabo: esto formaba parte de las malas ideas a las que todos hemos llegado alguna vez.

Yo durante un tiempo estuve obsesionada con meter el pie abajo de un auto, porque creía que si me pisaba simplemente le pasaría por arriba: no que lo desharía completamente, dado que los autos pesan más de una tonelada. Por suerte, no llegué a hacerlo.

He visto varias historias de personas con discapacidades o problemas producto del ausente instinto de supervivencia. Como una chica que se tiró ácido en la cara de chiquita y quedó como una de esas personas de los lives de TikTok con la cara totalmente deshecha, los ojos prácticamente rondando la cuenca del cráneo y los labios siendo solo piel que apenas cubre los dientes: generando un aspecto que, con honestidad, de noche daría un poco de miedo.

Con cariño, Celeste Torres

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