Hola, amigos míos. Les escribo con la intención de contarles varias cosas que me fueron sucediendo y que fui teniendo ganas de escribir.
Lamentablemente, algunas ideas se han perdido en el camino, sin dejar rastro de su existencia.
Recuerdo que mi primer pensamiento de índole narrable fue respecto al regreso de las vacaciones a San Bernardo con Mariano. Dicho sea de paso, hay ahora toda una pseudonovela escrita de ese viaje, pero está en proceso de edición porque es muy extensa: escribí todos los días, y mucho. Al día siguiente fui a comprar a la estación, a hacer todas las cosas que en otro momento odiaba y que sabía que pronto odiaría de nuevo. Pero estaba tan feliz de estar en casa (dicho así, refiriéndome a toda la localidad) que fui casi gustosa.
También les conté de esa situación a mis padres, diciéndoles que aprovecharan ese momento para molestarme, porque no iban a lograrlo. Estaba incluso con absolutas ganas de ir al chino a pedirle 500 gramos de maní, pero no en una sola bolsa de 500 gramos, sino que me los separara en cinco bolsas de 100 gramos cada una, como mi papá me pide. Siempre me resulta muy vergonzoso pedir eso, porque siento que estoy molestando a la pobre vendedora. Por eso no lo hago, sino que intento rescatar las bolsitas que ya están separadas y que sean cinco.
Es entre cómico e indescriptible pensar en el momento de ingreso a la verdulería, la que tiene las cosas más baratas. No entré, como siempre, pensando en el momento de salir y apurando el proceso porque me daba asco estar ahí:
El suelo siempre se ve con tierra pegada, algunas verduras caídas, desvalidas, que han sido pisadas muchas veces, y, de vez en vez, aparece un gato blanco joven. Y yo, en ese momento, me preguntaba cuál era el olor que sentía, intentando ponerlo en palabras. Era el mismo olor de siempre, invasivo, sucio, que claramente tenía que ver con las verduras: ¿sería el compendio de todas juntas lo que producía ese olor amalgamado?
Estaba por preguntarle a mi mamá su opinión, pero me mandó a embolsar las manzanas, solo las que yo quería comer y nada más. Agarré tres, muy lindas; yo soy muy exigente respecto de las manzanas. A día de hoy he de decir que no comí ni una. Hace poco mi mamá me preguntó si las comí y le dije que sí, pero en realidad se la comió Mariano un día que yo fui a la casa de Dani a festejar su cumpleaños.
Fue divertidísimo ese día: hicimos vision boards y después cada uno expuso el suyo; yo pasé primera. En otro momento se los describiré, pero siento que me ha dado mucho que pensar.
Tiene mucho énfasis en la guerra, en el apocalipsis: muchos autos, una camioneta como la mía sumergida en el agua hasta el capó, andando; un soldado y cosas que aludían a la paz. Muchas cosas más: apenas me entró todo en la cartulina.
Tuvo mucha magia que Dani no anunciara que había que exponerlos hasta que los terminamos de armar. Siento que eso lo convirtió en algo mucho más personal, no condicionado por la mirada ajena ni por la necesidad de pensar explicaciones que no fueran momentáneas. Solo fluíamos con recortes de revista que nos resonaban.
Cuestionábamos todo de los vision boards y cada uno recibió una nota del uno al diez, junto a su respectiva devolución. Preguntábamos el porqué de la disposición de las cosas, el orden, si se pegaban a los bordes o al centro, si algo quedaba muy al costadito, algunas palabras tapadas por otras e incluso tirábamos preguntas que acudían a lo personal, sin herir ni molestar a nadie, solo riéndonos.
Todos empezábamos de la misma manera: nombre completo, apellido, edad y signo zodiacal. Quien sabía el signo lunar y el ascendente lo decía también.
Lo único malo fue que no todos terminaron de exponer.
Fui a la psicóloga otra vez, después de varias semanas, y conocí una nueva habitación: la sala de juegos. Me puso muy contenta descubrir ese cuarto, que se ocultaba detrás de esa puerta, como algo que viviría para siempre en el misterio. Estaba por comentárselo a ella, pero algo me detuvo, y me lo reservé para mis adentros. Lo único que me puso nerviosa, visualmente, fue que muchas de las cajas de los juegos estaban al revés. Estaban apiladas una encima de la otra, en filas y columnas, sobre un mueble blanco, bajo, de melamina; pero algunas letras apuntaban hacia arriba y otras hacia abajo. Con solo dar vuelta eso, sería otra de mis habitaciones favoritas.
También fue la primera vez que me animé a aceptarle el vaso de agua que siempre me ofrece.
Todavía no le hablé de mi defecto al pisar baldosas, pestañear, mirar imágenes o textos en un orden visual particular y todas esas cosas que me condicionan al existir desde que tengo memoria, porque hay algo en mí a lo que le da miedo verbalizarlo. Siento que debe ser mentira; pero cada vez que intento que sea una mentira y pretendo caminar normal o mirar, por ejemplo, una serie de corrido, me siento muy mal.
Pero la última sesión me fui con una pregunta: ¿por qué querés tener el control? Y creo que tiene que ver con cuando necesito modificar objetos de su disposición inicial, como un simple ejemplo. Quizá esa pregunta me ayude a llegar. Aunque la anterior iniciativa de ella había sido decirme que me estableciera metas de año, porque yo, a inicio de año, ya di todo por perdido. Le dije que no podía pensar en ninguna meta, que no lo había hecho y que no lo planeaba tampoco. Ella me dijo que recién había comenzado, que había tiempo. Y es verdad. Me planteé algunas que ya les comentaré, que a ella misma le quiero comentar en respuesta, y quisiera darle revancha a la del año pasado: hacer al menos una dominada.
Aún así, la pregunta de ella tuvo que ver con cosas más complejas, acompañada con mi narración de las vacaciones, donde me puse muchas cosas al hombro que no me correspondían, sintiéndome por algún motivo responsable de todo. Pero siento que quizá es algo que se traslada desde otros lugares internos, como un tumor que hace metástasis.
Fuera de eso, sucedieron cosas más recientes, pero creo que, al estar más frescas, merecen un lugar aparte.
Los quiero mucho.
Con cariño,
Celeste Torres.
QUE VIVAN LOS ESCENARIOS DISTOPICOS CARAJO
ResponderEliminarHERMANADOS POR LA MISMAS MISERIAS AHHHHHH