Son casi las tres de la mañana y no puedo dormir. Por las dudas, si leyeron la entrada anterior, hice una pequeña modificación porque, como sea, lo subí revisándolo menos que lo que corrijo usualmente, y estoy haciendo bastante eso, pero de verdad.
Intento tener más confianza, aunque a la vez, a veces todo lo propio se ve pésimo y sostenido por hilos.
El otro día igual me puse a pensar en eso y noté algo un poco gracioso, incluso. Ya lo he llegado a pensar, pero el otro día estaba mirando un video de cómo poner un soporte de TV (porque me llamaron para instalar uno, y yo acepté porque me creo capaz, pero la verdad es que nunca lo hice). En los comentarios alguien puso: "No puedo dormir en paz sabiendo que lo sostiene una gomita; siento que en cualquier momento mi televisor se puede caer y romper". Lo divertido es que, si lo hace otro, simplemente no se cae, y vos no te enterás de que quizá a tu tele de 55' solo la sostiene una gomita.
Y bueno, todo en la vida funciona así. Algunas cosas son más pedorras que otras, pero a algunas solamente les maximizamos defectos inevitables.
Ahora estoy muy nerviosa, sinceramente. De esos nervios que, aunque estés cansado, no te dejan dormir, te desaniman y quizá hasta te dan ganas de vomitar.
Compré un auto por mil dólares.
¿Compré un auto por mil dólares? Bueno, todavía no firmé contrato, todavía no me fue transferido, pero el peso de mi afirmación a la propuesta me dice que sí.
Estoy intentando trabajar, de alguna manera, ahora mismo, a las tres de la mañana pasadas. Estaba pensando en el diseño de una página web, algo sencillo, y estaba evaluando la manera de hostearlo.
Quisiera hacer algo parecido a lo que hice en un Excel: una calculadora de precios (la de Excel es la que uso para mí), pero que, obviamente, la gente solo pueda calcular sus precios sin modificarme los datos ni tener necesidad de interactuar conmigo. Siento que eso, hoy en día, se valora porque no te mete en compromisos; quizá querías evaluar un precio de acá a cinco meses, cuando tengas plata, y no querés meterte en un compromiso. O querés averiguar para comparar precios y, a la vez, no querés preguntar y dejar colgado a alguien, no sé.
Mi Excel está muy bueno, completísimo. Yo soy una persona sumamente organizada. Tenés el precio ligado a la palabra.
Por ejemplo, yo pongo el cliente, Menganito, y él quiere una colocación de lámpara. Lámpara, en el ejemplo, vale 50 mil pesos. Pongo "Menganito - Lámpara" y ya tengo el precio total. Si le sumo cosas o cantidades, automáticamente se verá reflejado, incluido si tiene descuentos particulares (como si pidió una extensión, pero la extensión es de 10 cm, así que decido reducir el precio establecido). Eso incluye escribir de dónde es Menganito; según eso, se suma valor de viático y cantidad de cosas. También puede ser, por debajo, "Tomacorrientes extensión - 3". Y ni siquiera tengo que escribir, porque lo tengo en un menú desplegable.
Aumentar los precios es igual de fácil que solo modificar el valor ligado a la palabra, y el valor de todo cambiará automáticamente. Es muy eficaz.
Me he simplificado mucho la vida. No tengo que pensar ni dos segundos en mi precio, solo llenar una tabla desplegable. Me gustaría quizá hacérselo llegar a mis clientes para que tampoco tengan que pensar mucho, y creo que podría llegar a gustarles mi transparencia en los precios. Muchos electricistas te cobran por cara; yo tengo una tabla estricta. Se darían cuenta fácilmente si me voy del valor establecido.
Otra cosa que me pasa mucho es que, no sé por qué, noté que el precio siempre les parece caro a todos. Cuando cobraba absurdamente barato, también lo consideraban caro. Cobraba, por ejemplo, diez mil pesos cada cambio de tomacorriente incluyendo material, un regalo; no sé por qué despreciaba tanto mi trabajo y a mí misma. Teniendo ese precio, o algo equivalente, la gente me pedía muchas cosas y después me rechazaban casi con desprecio. Veo para atrás y digo: si diez mil pesos te parece caro para un tomacorriente, no sé qué esperás. Solo se me ocurre que a un indigente le parezca tan caro, no a alguien de clase media o baja.
Queriendo ser electricista barata perdí un montón de plata, así que no me regalo más. Pero también me da bronca la gente que me hace presupuestarle treinta cosas y se borra. Mejor que, por menos de setenta mil pesos, ni me hagan hablar, ahre. Hago seña del 50% para mantener una conversación de 10 mensajes y, si no concretan la compra, no se devuelve (?).
Sobre el auto: tengo pánico. Creo que tiene que ver con tirarme de cabeza a mi emprendimiento, con tener que tener plata para pagar todo lo que tengo que pagar, para mis ahorros y metas de este año, que incluyen la necesidad de una economía estable y decente, teniendo un trabajo del cual, si bien se gana bien, es inestable. Ahora el auto está funcionando como el orto; ayer no me arrancaba, pero el problema no era el encendido sino la poca fuerza que tenía para mantenerse en marcha, que provocaba que se parara. Sobre esto, tuve la iniciativa de hacer una serie de videos en TikTok que muestre mi gran hobbie con los autos, así que estuve grabando.
El auto, como tal, lo pude usar varias veces y me llevaba y me traía; era un poco inestable —como yo—, pero en sí la parte de ser un socotroco con motor y cuatro ruedas que iban para atrás, para adelante y que doblaran la cumplía. Por eso, en el primer episodio de la serie, yo quise arreglarle el velocímetro, y eso hice —quizá, porque andá a saber si funciona—, pero cuando lo quise usar ya no estaba cooperativo y no anhelaba moverse y cumplir sus funciones básicas de automóvil.
Me hizo quedar un poco mal, porque parece que prioricé algo muy inútil a que, en primer lugar, se moviera, pero en realidad me tomó por sorpresa.
Le limpié los sensores, le revisé y limpié los fusibles, los contactos eléctricos, limpié como pude la mariposa (porque no la saqué; después la saco para hacerlo bien) y ajusté y desajusté el cable pedal del acelerador (que igual está en mis planes cambiar, porque parece una serpiente mudando de piel; está rotísimo el cable). La verdad es que mejoró: quedó prendido como veinte minutos, tiempo récord, pero no por eso estuvo dispuesto a moverse —como yo también; tenemos muchas cosas en común con ese auto—. En cuanto ponía la marcha y trataba de avanzar, aunque apretara el acelerador al fondo, literalmente ya chocando mi pie con el piso de tan baja potencia, se apagaba.
Me re desanimé, así que volví a mi casa a estresarme en soledad. Pero en poquito tiempo llegaría Mariano; sinceramente estaba considerando dejarle las llaves en algún lugar alcanzable para ni siquiera tener que moverme a abrirle, pero desistí de la vaga idea.
Encima estaba editando el video, que estaba bien, pero, siendo sincera, me sentía muy gorda y fea y me daba un poco de vergüenza dejarlo: "¿Y si alguien nota que estoy gorda?". Había intentado regrabar, pero quedó mal: yo actuando durísima, no sé. Quizá podría volverlo a intentar.
Cuando llegó, supo que estaba triste y me dio una buena teoría: me dijo que me pagaba un bidón de nafta y que él creía que quizá no tenía potencia por tener la nafta sucia o vieja. Me levanté instantáneamente y le dije que quería probar su teoría de inmediato, aunque ya fuera de noche, así que me siguió, poniendo antes la comida en el horno al mínimo, y fuimos a ejecutar el plan.
Fuimos a la estación de servicio con un bidón que agarré de mi casa y él pidió 5 litros de V-Power. No pidió el más barato, que es el clásico que siempre probó ese auto; pidió el consecutivo y me dijo que vio en algún lado que sirve, cada tanto, variar de nafta.
De ahí nos dirigimos al garage. Con un embudo casero que hice con una botella de Aquarius de pera le introdujimos toda la nafta.
Fui a prender el auto, nerviosa, para ser sincera. Arrancaba y permanecía, igual que por la tarde; ese avance ya lo teníamos, y cuando lo intenté mover pasaba lo mismo: justo al momento de poner la primera y acelerar perdía toda la fuerza y se apagaba. Me frustré, pero decidí intentarlo otra vez, cambiando mi método de conducción.
Dejé de soltar el embrague como habría que hacer en una buena práctica de manejo; no lo volví a soltar. Apreté el acelerador casi a fondo y mi pie izquierdo solo se levantó apenas unos milímetros. Jamás dejó de pisar el embrague. Empecé a moverme en primera; el auto respondía. No podía soltar ningún pedal porque, si no, se apagaba otra vez. Reversa, para adelante, haciendo un ruido terrible y doloroso del motor muy forzado, y volvió a estar estacionado. Porque, a todo esto, olvidé comentar que el auto me quedó en un lugar comprometedor: estaba tapando todo el garage familiar. Si mi padre volvía y el auto mío estaba tapando toda la entrada, iba a morir.
Me da miedo estar creyéndole a la versión mía que cree que el vehículo tiene mucho potencial y se puede reparar, y que después quizá salga mal y haber perdido plata. Espero tener razón, espero poder confiar y darle para adelante con más seguridad. Que realmente me sirva como sujeto de pruebas de mecánica y electricidad automotriz.
Fuera de eso, hoy hice videollamada con mi mamá y me contó que tuvieron un problema con el mecánico. Nota: no les voy a mentir, justo esto fue un día después al inicio de la entrada, hoy son otras tres de la mañana, pero justo vuelve a ser la misma hora.
Llevaron el Jeep (CJ-5) a que le arreglen el burro y mi papá se enojó con el mecánico, Pablo, nunca confíen en los Pablo, no tienen buenas intenciones, no sé por qué. El chabón le pedía plata a mi papá y después le pidió más plata, después más, después más y así. Él igual no le pagó; le dijo que le pagaba cuando estuviera terminado y después el mecánico se encontró con la negativa de él a responderle el teléfono porque ya no lo toleraba.
Mis padres fueron a la casa del campo y fueron a ver el Jeep, porque el señor estaba ciertamente inoperante. Se lo encontraron todo desarmado, muy por demás a lo necesario, y se ve que se pelearon. Así que mi papá puso sobre la camioneta todas las partes desarmadas del motor y remolcó el Jeep con su otra camioneta hasta el terreno.
Le pedí que me traiga el burro para evaluar arreglarlo y quisiera volver a ponérselo yo.
De corazón les digo: nunca confíen en un mecánico, o usen a otra persona como conejillo de indias, que haya ido primero a experimentar, para que les diga si el mecánico es bueno o si lo cagó con algo. Ya supe de muchos que robaron piezas originales para poner genéricas, tardan demasiado en hacer el trabajo, te cobran y el auto vuelve igual o peor. Un desastre.
Yo estoy indignada porque llevé mi camioneta a un mecánico porque pierde líquido de frenos. Me cobró algo así como ciento veinte mil pesos y la camioneta sigue perdiendo líquido de frenos. ¿Para qué se supone que le pagué? ¿Era caridad? Porque lo peor es que pagar tres líquidos de frenos por semana, les juro, que es un problema muy caro.
Igual ya tuve muchos problemas con mecánicos para mi corta edad.
La única experiencia buena fue cuando me quedé tirada con mi camioneta porque se le había soltado un perno a la caja de cambios y un mecánico de ahí, de la esquina, vino y me lo arregló de onda; no me cobró.
Ahora quiero ser mi propia mecánica igual.
Jesús me había dicho algo de que seguro, en una vuelta manzana conmigo y mis vehículos, aprende mucho de mecánica porque son impredecibles jajjaja. Lo mejor es que el auto de los padres de Jesús, que le permiten manejar con libertad, muy probablemente tenga el mismo motor exacto que mi nuevo auto, así que le dije que seguro le puedo compartir mucho conocimiento absolutamente útil de aplicación instantánea.
Existir es complejo. Me estresa y me produce mucha ansiedad.
Amigos míos, los quiero tanto que no se dan una idea.
No me entra este blog en el corazón.
Con cariño, Celeste Torres.
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