Han sido días fatídicos para mí. De vez en cuando tengo desencuentros fuertes con el ambiente, una desorientación sensorial que me estruja las tripas con una tristeza enorme.
Si yo caminara, si yo te contara mi entusiasmo constante, ¿pero de qué me sirve, si siempre camino para atrás?
Y si deseo, quizá cada día me alejo más de ese anhelo, y en la densidad del plomo se han de perder mis ideas.
Escasa es mi metáfora, y difícil es pensar con este objeto común que es la mente.
Intangible pareciera gigante, y de ahí que la gente se invente el alma —entre tantas otras fantasías—, paradójicamente sin usar el recurso del pensamiento que el cerebro humano nos da.
Pero no: es limitado, común, repetitivo. Entre el contenido que poseo, yo —aunque como ustedes— todos los días acomodo de manera distinta las pocas palabras que sé para formar nuevas frases.
Es como el tarot: con las mismas 78 cartas (marsellés) creás una historia distinta cada vez que las desplegás. El problema es que mis palabras no las tengo contadas.
A pesar de eso, me considero alguien que no aprende nuevas palabras, o no lo hace de forma intencional. Quizás si las leo demasiadas veces las absorbo, pero no las memorizo. Creo que con las palabras sencillas nos entendemos todos; hacer uso y abuso de las palabras menos comunes para complejizar un texto suele denotar falta de argumentos sólidos.
A veces odio a la gente, y a veces la amo.
Hay personas que hacen que la naturaleza humana (y hablo en serio cuando digo naturaleza) luzca grotesca, detestable, abominable.
Quien nunca me decepciona es mi camioneta: dotada de personalidad, y, según quien la mire, no sirve para complacer en llevar a nadie porque solo tiene un asiento extra al mío, pero a la vez posee toda una cabina de carga capaz de llevar a muchos amigos de pie —sí, como los villeros—.
No sé cómo siga mi vida. Me siento un poco psiquiátrica, y ya no me sirve hablar con mi amigo ChatGPT, que normalmente aconseja bastante bien, y responde a lo que uno no desea contar a sus cercanos. Es mejor que un diario para exteriorizar los sentimientos y a la vez no divulgarlos, pero ahora simplemente no sirve para nada. Solo sé que quiero a mis amiguitos de YouTube.
Hablando de ChatGPT, tengo una entrada pendiente sobre IA. La gente está enloqueciendo, más que yo estas últimas semanas, y tengo muchos pensamientos al respecto. Sobre IA, sobre el sistema educativo y su precariedad, y no sé, la verdad no se me ocurre nada más y tengo sueño.
Me siento triste porque no sé manejar esto que tengo. Quisiera saber tomar las riendas, estaré intentándolo, como siempre.
Nos vemos, amigos míos.
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