Estoy imaginando, y les voy a contar lo que visualiza mi mente: los cuentos que vivo por instantes que parecen eternos y me evaden del momento presente.
Aunque primero les describiré mi estado real. Me encuentro casi desnuda, en remera y bombacha, acostada en la cama, con mi querida Aiden durmiendo arriba mío. Escribo en el celular, aunque mis dedos torpes lo consideren el peor de los teclados. Mi remera dice “New York City”; casualmente, es la misma que llevaba puesta cuando adopté a Aiden. Y mi cofia lila de satén, que me hace lucir como la abuela de Caperucita Roja, descansa en mi cabeza.
Durante esta pequeña escritura, mis escenarios se desviaron hacia situaciones que me matan de celos, y no era eso lo que planeaba escribir.
Voy a intentar que sea otra cosa, algo que no me haga sentir ese vacío profundo en el pecho (metáfora tan recurrida entre seres humanos que debería considerarse ya un sentimiento común, más profundo que la tristeza o la angustia).
Vamos con calma a un lugar ficticio y placentero:
Me encuentro arriba de mi camioneta, aún sin verificación técnica vehicular ni seguro, sin terminar de pintar y a medio lijar. Exactamente como está ahora, como descansa esta noche en el garage. Manejo por la calle, doblando con fuerza y precisión, viajando sin cinturón (porque no los tiene tampoco), realizando un pequeño flete cobrado por una sonrisa o por la gratificación propia de querer que mi camioneta sea querida y aceptada para su labor por quienes no aprecian el arte del automóvil clásico y nacional.
Generalmente visualizo eso. Es así de corto como se lee.
También —aunque ya no se me permite viajar en el Renault Logan (ambiguo si realmente no puedo)— me imagino reproduciendo un CD arriba del auto mientras conduzco. Algo así como Palito Ortega, Los Auténticos Decadentes, Sui Generis, El Cuarteto de Nos.
Ansío mucho un auto con todos sus papeles en orden y en el que pueda reproducir música; no para disociar, sino para disfrutar.
Me gusta mucho manejar. Me gustaría tener un Falcon celeste o un Torino.
Con cariño,
Celeste Torres.
yo me estaría inclinando mas por una moto apocalíptica que por una chata
ResponderEliminarquiero que tenga la estética de la gn125 de Suzuki pero con mas cc
después tendría que diseñar un carrito apocalíptico , talvez una mini casa rodante