Es de madrugada. No pude más que hacerme un café, prender la luz e intentar acallar así los pensamientos que revolotean por mi cabeza, aun durante mi muerte temporal; en mi ligero sueño, desde el cielo imaginario en un delirio que, por popular, se normaliza, pensaba. Pensar es de las más grandes trampas evolutivas, pues en mi cuerpo llevo los sentimientos que se tornan palabras, las cuales ensucian, sin escrúpulo alguno, las experiencias vividas. Deseando no saber, para no pensar.
Me siento enferma. De la misma forma que de alguien blanca tornáse su tez, hierva sintióse su cuerpo entero; y en un mar de sudor envolvióse su lecho. Como las pesadillas que despiertan al condenado por altas calenturas, así me siento yo, por dentro. Por ello me levanto; no divago. No puedo dormir, ni puedo tampoco estar despierta.
aaaaaaa muy bello
ResponderEliminarvolviste
seguís con lo de ser un bolita de conciencia
el cuerpo enferma al pensamiento o el pensamiento enferma al cuerpo?
te deseo buenas y recurrentes aventuras oníricas :) ( con duraciones de 7 u 8 horas)