martes, 6 de agosto de 2024

La localidad me queda vieja

Hoy decidí salir a pasear porque hace poco tiempo reconocí mi sedentarismo. Escribir, leer, programar, y todo en la misma habitación, de cortinas cerradas y luz artifical para todo el día. Cuando me percaté de ésta precaria situación comencé a realizar actividades de entrenamiento, también dentro de las cuatro paredes que siempre me rodean; correr en el lugar y saltar a la soga intermitentemente. Mi reloj digital, que me monitorea diariamente, mide mi vitalidad en una puntuación por el tipo de entrenamiento, la intensidad, la duración y la constancia, pretendiendo que, para mantener un buen nivel físico aspires a los 100 puntos cada semana.

Hace unas semanas empecé con esta rutina de ejercicios en casa, y hoy me quise animar a correr en la plaza. Pero, no sé por qué, me da una vergüenza irracional, ¡como si correr fuera una rareza! Así que decidí empezar con algo más suave y fui a caminar esta mañana. La plaza no tenía mucha gente, estaba igual que siempre, y el día nublado le agregaba otro motivo para que se encuentre desierta. Cada vez que salgo a pasear, los recuerdos me invaden en cada esquina.

Cada calle parece contar su propia historia, y no puedo evitar sentir los olores que, por alguna razón, permanecen en las tiendas con los años, llevándome al pasado. He explotado mis recursos sociales, no solo los he usado con empeño, los detoné como si fueran una bomba. No todo fue mi culpa, claro, pero no puedo evitar sentir que sí. Me pregunto si algo podría haber sido diferente, pero la verdad es que me parece bien no estar en contacto con esas cosas del pasado, aunque no puedo evitarlo. Culpo a mi soledad y a la falta de actividades sociales. Extraño subir al tren rumbo a Constitución, caminar sin parar por Buenos Aires en buena compañía. Qué hermosa provincia. Qué bellos recuerdos de perderme y descubrir nuevos lugares por accidente, como cuando terminé en Bosques, una ciudad de zona sur, aunque no la recorrí. O ese lugar con calles de tierra a dos horas de distancia, sin batería ni datos móviles, aún no sé cómo llegué ahí ni cómo volví. Extraño tantas cosas, fruto de tanto encierro, que ni siquiera puedo grabar videos sin problemas. ¿Qué historia contarles? ¿Una anécdota comprando pan, leyendo historias de libros que no son mías, quejándome de trivialidades o lidiando con mis problemas hosteando una página web? ¡Qué bodrio!

Pienso que la solución es conocer gente nueva. Así que hoy voy a hacer eso. También estoy pensando en publicar más seguido, como un diario. Me anoté a un curso de inglés, y hoy será mi primera clase. Tengo muchas posibilidades de hacer buenos amigos y dejar de lamentarme por gente tóxica, que resulta ser lo único que conozco. Elegir entre la soledad tóxica y esta gente que me atormenta es como elegir entre comer diarrea o vómito, pero no puedo controlar mi nostalgia mientras mi vida social sea nula. Y no me arrepiento de haberme alejado de cierta gente. Las mini anécdotas de salidas que mencioné ni siquiera tienen que ver con esas personas. Hablan de un ex amigo de taekwondo, una amiga que todavía lo es, y Jesús. Aunque también he tenido buenos viajes con otras personas que no eran tan agradables, y no pienso negar eso.

Espero que nos volvamos a ver pronto en Youtube. Extraño mucho hacer videos, pero tengo un plan para ustedes, así que manténganse al tanto. También se han realizado inversiones destinadas al canal, y pronto es mi cumpleaños. Quizá les haga un vlog no listado, porque me resulta emocionante. Y un unboxing. Los extraño mucho, amigos míos.

1 comentario:

  1. tenes que entrar al curso y decir "hi little friends from the class " con el microfono y un parlante , después de unas semanas salís al recreo y no volvés mas , abandonas a tus amiguitos de taller

    si te suena parecido a algo , es tu imaginación


    mentiraa , buena suerte en tu curso

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